Para las mujeres asiáticas, el racismo y el sexismo son inseparables

Shaila Dewan
·6  min de lectura
El capitán Jay Baker, de la Oficina del Alguacil del Condado Cherokee, habla durante una conferencia de prensa en Atlanta, el 17 de marzo de 2021. (Nicole Craine/The New York Times)
El capitán Jay Baker, de la Oficina del Alguacil del Condado Cherokee, habla durante una conferencia de prensa en Atlanta, el 17 de marzo de 2021. (Nicole Craine/The New York Times)
Kira Hung sostiene un cartel que dice "Alto al odio a los asiáticos" durante una marcha en Washington en respuesta a los tiroteos en Georgia, el 17 de marzo de 2021. (Shuran Huang/The New York Times)
Kira Hung sostiene un cartel que dice "Alto al odio a los asiáticos" durante una marcha en Washington en respuesta a los tiroteos en Georgia, el 17 de marzo de 2021. (Shuran Huang/The New York Times)

Después de que ocho personas, seis de ellas mujeres asiáticas, fueron asesinadas a balazos esta semana en una masacre ejecutada cerca de Atlanta, un oficial de las fuerzas del orden dijo que, según las palabras del asesino, sus acciones “no estaban motivadas por la raza”, sino que fueron causadas por una “adicción sexual”.

El capitán Jay Baker de la Oficina del Alguacil en el condado Cherokee, donde se ubica uno de los tres negocios de masajes a los que el tirador se dirigió, advirtió que la investigación de los tiroteos en los tres negocios de masajes estaba en sus primeras etapas. Pero la implicación era clara: debía ser un motivo o el otro, no podían ser ambos.

Esa sugerencia generó incredulidad entre muchas mujeres asiático-estadounidenses, para quienes el racismo y el sexismo siempre han estado vinculados de manera inextricable. Para ellas, el racismo suele presentarse como insinuaciones sexuales indeseadas y, a su vez, el acoso sexual muchas veces es abiertamente racista.

Como se produjo un aumento en los reportes de ataques antiasiáticos luego de que el gobierno de Donald Trump enfatizara en repetidas ocasiones la conexión de China con la pandemia del COVID-19, hay evidencia de que gran parte de este odio, a diferencia de otros tipos de crímenes motivados por prejuicios, ha estado dirigido contra las mujeres.

“Aquí la gente de verdad está debatiendo si esto fue un ataque misógino en contra de las mujeres o un ataque racista en contra de los asiáticos”, escribió en Twitter Jenn Fang, fundadora de Reappropriate, un blog feminista de larga data. “Qué tal si… ahí les va…. fueron ambos”.

En la rueda de prensa del miércoles, Baker también afirmó que el tirador acusado, quien es blanco, había estado teniendo “un día muy malo”, lo que muchas mujeres tomaron como otra manera más de excusar la violencia perpetrada contra ellas. Sus comentarios fueron muy criticados, además, se supo que el oficial había promovido la venta de una playera con un mensaje antiasiático.

Más tarde la Oficina del Alguacil aclaró en un comunicado que los comentarios de Baker “no tenían la intención de faltarle el respeto a ninguna de las víctimas” o de “expresar empatía o simpatía por el sospechoso”. Pero la disculpa no fue suficiente como para disipar la sensación de que las autoridades no estaban entendiendo el problema.

“Las fuerzas del orden y la sociedad en general suelen no entender en absoluto cómo el racismo, el odio y el prejuicio están dirigidos en contra de los asiático-estadounidenses y sin duda tampoco entienden cómo se dirigen contra las mujeres asiático-estadounidenses”, dijo Helen Za, activista y autora que ha estudiado la violencia antiasiática. “Así que la reacción inmediata es descartar y desestimar”.

Sung Yeon Choimorrow, directora ejecutiva del National Asian Pacific American Women’s Forum, un grupo de defensoría, dijo que cuando llegó a Estados Unidos en el año 2000 para asistir a la universidad, se sintió “confundida estupefacta, horrorizada” por la manera en que hombres desconocidos se le solían acercar y le decían que amaban a las mujeres coreanas.

Ella dijo que había experimentado eso tanto con hombres muy jóvenes, como con ancianos y nunca parecían entender que su atención no era halagadora. “He sufrido racismo. He sufrido sexismo. Pero nunca viví los dos al mismo tiempo como me ha pasado desde que llegué a Estados Unidos”.

Dijo que muchas mujeres asiático-estadounidenses consideraban la masacre del martes como la culminación de esta misoginia con tintes raciales.

“De verdad, la mayoría de nosotras no conciliamos el sueño ayer en la noche”, afirmó. “Porque esto es lo que siempre habíamos temido: que la cosificación y la hipersexualización de nuestros cuerpos nos llevaran a la muerte”.

Los datos federales sugieren que, en todo Estados Unidos, las víctimas de los crímenes de odio más violentos son hombres. Sin embargo, un análisis reciente de un grupo llamado Stop AAPI Hate, que reúne informes de incidentes motivados por odio en contra de comunidades asiático-estadounidenses e isleñas del Pacífico, dijo que, de casi 3800 incidentes registrados entre 2020 y 2021, más de dos tercios de los reportes provinieron de mujeres.

Es casi seguro que el número de los crímenes de odio contra las mujeres asiáticas está por debajo de la realidad y Zia sostuvo que una de las razones es que los crímenes que tienen una dimensión sexual tienden a clasificarse como delitos sexuales, lo cual hace que se pase por alto el aspecto racial. Además, los estereotipos de las mujeres asiáticas como sumisas quizá envalentonen a los agresores, dijo. “Nos consideran vulnerables”, comentó. “Ya sabes, el objeto que no se defiende”.

Se sabe muy poco de los motivos del atacante de Atlanta, pero las organizaciones que monitorean los crímenes de odio piensan cada vez más que la misoginia es una especie de “droga de entrada” a otros tipos de extremismo, como el racismo violento. Esta hipótesis surgió a raíz de las masacres en estudios de yoga o gimnasios a los que acuden mujeres y del asesinato en 2018 de 10 personas en Toronto a manos de una persona que se describía a sí misma como un “incel”, que significa célibe involuntario.

Kyeyoung Park, profesora de Antropología y Estudios asiático-estadounidenses en la Universidad de California, campus Los Ángeles, dijo que históricamente los inmigrantes asiáticos solo han sido vistos desde la perspectiva de sus trabajos o negocios.

En el caso de los espás en Georgia, ella explicó que el capitalismo basado en la explotación racial ha sido entremezclado con la sexualización de las mujeres asiáticas, sobre todo las coreanas, a lo largo de muchas décadas. La policía no ha dicho si alguno de los tres espás tenía vínculos con el comercio sexual.

“Creo que el origen de estos salones de masajes puede rastrearse a las novias de guerra coreanas y a las esposas militares”, sostuvo Park.

En el extranjero, la pobreza y las privaciones de la guerra originaron una industria de la prostitución que proporcionaba sexo barato a los militares estadounidenses asignados a Corea, Filipinas, Tailandia y Vietnam, lo cual agravó los estereotipos de las mujeres asiáticas como objetos sexuales exóticos o manipuladoras que intentaban cazar maridos estadounidenses.

El imperialismo sexual no fue exclusivo de los estadounidenses; los japoneses también obligaron a mujeres chinas, filipinas y coreanas a prostituirse como las llamadas “mujeres de consuelo” en los años treinta y cuarenta.

Muchas mujeres que se dedicaban al comercio sexual fueron traídas a Estados Unidos como esposas y, algunas de ellas, que luego se separaron o divorciaron de sus maridos, abrieron establecimientos de masajes. Esta historia probablemente contribuyó a la percepción de que todos los espás gestionados por asiáticos son ilícitos y las mujeres que trabajan en ellos son trabajadoras sexuales, conjeturó Park.

El fetichismo de las mujeres asiáticas ha sido reforzado en la cultura popular. Un ejemplo notable se da con las palabras pronunciadas por una trabajadora sexual en una escena de “Cara de guerra”, una película sobre la guerra de Vietnam, cuando dos soldados intentan regatearle el precio: “Yo muy caliente. Yo amarte desde hace tiempo”.

Divorciadas de su origen, esas palabras se han convertido en una frase de seducción, usadas, en lo que Ellen Wu, historiadora de la Universidad de Indiana, campus Bloomington, y autora de “The Color of Success: Asian-Americans and the Origins of the Model Minority”, califica de “un tipo de piropo acosador específico para una raza”.

“Unas cuantas palabras encierran toda una historia en una frase”, expresó.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company