Una mujer llama a la policía porque estaba secuestrada por una zarigüeya

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A brushtail possum (Trichosurus sp.) in a grassy field in the Mt. Aspiring National Park, New Zealand.
A brushtail possum (Trichosurus sp.) in a grassy field in the Mt. Aspiring National Park, New Zealand.

Las zarigüeyas no son animales muy conocidos por nuestras latitudes. Pero si por algo nos suenan es por su curioso comportamiento de hacerse los muertos cuando se enfrentan a un peligro. Pues bien, no todas las zarigüeyas hacen eso. Algunas mantienen secuestradas a seres humanos, como le ocurrió recientemente a una mujer de Nueva Zelanda.

Y por si a alguien le suena raro eso de una zarigüeya en Nueva Zelanda, tiene razón. No es parte de su rango natural, las zarigüeyas en Nueva Zelanda son una especie introducida.

Bien, pero ¿qué ha pasado? La historia en sí es sencilla: en la ciudad de Dunedin, en Nueva Zelanda, una mujer se disponía a salir de su casa y entrar en el coche. Pero cuando intentó hacerlo, una zarigüeya cargó contra ella, y la única solución que encontró la mujer fue correr de vuelta a su casa.

Y tras repetir el intento y volver a encontrarse con el ataque de la zarigüeya, no tuvo más remedio que llamar a la policía para avisar de que una zarigüeya la estaba manteniendo retenida en su hogar en contra de su voluntad. Secuestrada por una zarigüeya.

Agentes de la policía se personaron en el lugar del secuestro, y se encontraron con la situación: la mujer en su casa, y una zarigüeya joven que evitaba que ésta pudiese salir. Pero con ellos la zarigüeya se comportó de manera completamente distinta: se acercó a los agentes, trepó por su pierna y se dejó proteger.

La zarigüeya era o bien un juvenil que acababa de ser abandonado por su madre, o bien un animal que había sido la mascota de alguien, o incluso ambas cosas. En cualquier caso, se trataba de un animal de corta edad, que aún no sabía cómo enfrentarse a situaciones de peligro.

Normalmente las zarigüeyas huyen de los conflictos, y si no son capaces de escapar se hacen los muertos. Y no de cualquier manera, no: bajan su ritmo cardiaco, liberan sus esfínteres... copian en todo lo posible el aspecto de una zarigüeya muerta.

Pero la zarigüeya secuestradora, al ser todavía muy joven, no conocía estas técnicas. E hizo lo que se le ocurrió: se encontró con algo que para ella suponía un peligro, y cargó para defenderse. No ayudó el hecho de que se encontrase en un entorno urbano, donde el animal tenía menos posibilidades de esconderse y protegerse.

Después del incidente, y del rescate por parte de los agentes de policía, se llevó a la zarigüeya a un centro de fauna, donde se le hizo una revisión. Tras comprobar que se encontraba en buen estado, se liberó a la zarigüeya en la naturaleza, para que los ciudadanos de Dunedin pudiesen quedarse tranquilos y no ser amenazados por la zarigüeya secuestradora.

Pero, por desgracia, este no es un final bonito para la historia. Porque, como ya hemos comentado antes, las zarigüeyas no son naturaleza de Nueva Zelanda. A este país llegaron desde Australia, con la idea de organizar un sector de peletería que nunca llegó a despegar. Desde entonces, las zarigüeyas han sido liberadas en los ecosistemas, donde generan muchos problemas ya que no tienen depredadores - más allá de los gatos, que son otra especie invasora en Nueva Zelanda - y donde sí encuentran muchas presas a las que atacar, subiéndose a los nidos para comerse los huevos o a los polluelos.

Al menos esta zarigüeya dejará de secuestrar personas.

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