Una mujer y su hija, víctimas de un brutal asalto en Acassuso

"Se llevaron mi corazón." A Cecilia G. Campbell, de 56 años, se le quiebra la voz al relatar el violento asalto que sufrió con su hija en la madrugada de ayer, en su casa situada en el barrio Parque Aguirre de Acassuso, partido de San Isidro. El dramático episodio y sus consecuencias les quitaron la tranquilidad y los recuerdos de toda la vida.

Al llegar a su casa, situada en Echeverría y Guido Spano, luego de un viaje de reencuentro con sus amigas de la primaria en Montevideo, Campbell notó que en el primer piso había una luz encendida y que el mosquitero de un ventilete del baño estaba roto. Pensó que Constanza, su hija de 17 años, estaba despierta y que en su ausencia de una semana alguno de sus hijos pudo haber roto el mosquitero.

Pero al ingresar se encontró con un extraño que la esperaba en el descanso de la escalera. "Quedate tranquila que está todo bien", le dijo el hombre, de unos 30 años, que amedrentó a la mujer con un arma. Ése fue el inicio de una pesadilla que duró casi una hora.

Arriba, en su habitación, se encontró con su hija maniatada. A ella la habían sorprendido mientras dormía. Uno de los ladrones ingresó por el baño. Los otros, se presume, por un patio. "Ella estaba tranquila, a pesar de que estuvo quince minutos sola con cuatro tipos armados amenazándola y pidiéndole dinero y joyas", dijo Campbell a LA NACION.

"Cuando se dieron cuenta de que yo era la que manejaba todo en casa se la agarraron conmigo. Les pedí que por favor no le hicieran nada a mi hija", contó la mujer, que trabaja en una conocida inmobiliaria de zona norte. Entonces, el más violento de los ladrones le pegó a Cecilia un culatazo en la cabeza con su pistola y la mujer comenzó a sangrar sin parar. "Me empezaron a pedir más dinero y oro, una y otra vez", dijo la mujer.

A su hija Constanza la raspaban en las piernas con un cuchillo y también la amenazaban con cortarle un dedo y el pelo.

"No podía hacerles entender que no teníamos más dinero, que nos ganamos la vida trabajando cada día, todos los días. Pero ellos se ponían más violentos", dijo Cecilia.

Los delincuentes buscaron en cada mueble de cada ambiente de la vivienda. "Me dieron vuelta toda la casa.Tiraron todo. Revolvieron todos los placares."

En una habitación de la planta baja, los ladrones encontraron cuatro mil pesos más. "Ahí vinieron y me dijeron: «Mirá, encontramos más plata. ¿No ves que mentís?» Y me pegaron otra vez con el arma en la cabeza", contó la mujer. También le pegaron en la nariz con el dorso de un cuchillo de guerra, provocándole otra fuerte herida sangrante.

Una de las amigas de Campbell, que viajó a Montevideo con ella, la llamó a su celular para ver si había llegado bien, pero ella no atendió. La amiga insistió y, entonces, uno de los delincuentes la obligó a contestar la llamada y decir que se encontraba bien."Me puso un revólver en la boca mientras yo trataba de decirle a mi amiga que ya estaba en casa y que se quedara tranquila", contó Campbell.

Unos cuarenta minutos después, su hijo de 24 años llegó a la casa con un amigo. Cuando abrió la puerta para guardar el auto se encontró con los delincuentes y un montón de cosas en el piso, listas para ser cargadas. Comenzó a gritar. Los dos jóvenes corrieron en busca de ayuda.

"Escuché a mi hijo llegar y luego un ruido. Tuve mucho miedo. Luego oí a los delincuentes decir: «Rajemos, rajemos». Pensé que se llevaban a mi hijo", relató Cecilia.

Constanza alcanzó a ver que desde la esquina se acercaba un auto, muy lentamente. Pero no logra recordar ni la marca ni el color. Luego, los delincuentes subieron a ese vehículo y escaparon. Minutos después, y tras una llamada al 911 de un vigilador al que el hijo de Campbell pidió ayuda, llegaron la policía y la ambulancia.

Los delincuentes se alzaron con un botín de dinero en efectivo, computadoras, celulares y joyas. "Me sacaron un anillo que era de mi mamá. Se llevaron un montón de alhajas que eran importantísimas para mí, por su valor sentimental", contó Campbell.

"Volvía con el corazón abierto luego de una semana en la que me reencontré con mis amigas, llena de armonía y felicidad. De repente me quitaron todo en 30 minutos", se lamentó, impotente, la mujer.

"¿A quién debo recurrir? ¿Dónde están mis derechos? Siento una violación a mi persona", inquirió.

Tras el episodio, Constanza le pidió a su madre: "Vayámonos de acá a un lugar donde podamos vivir tranquilos".

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