La mujer que fue asesinada en el Capitolio apoyaba a Trump y a la teoría de la conspiración QAnon

Ellen Barry, Nicholas Bogel-Burroughs and Dave Philipps
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Después de pasar 14 años en el ejército, Ashli Babbitt compró una empresa de suministro de piscinas y se involucró en la política de extrema derecha.

Ashli Babbitt se había estado preparando para este día, para la jornada en la que los acontecimientos mundiales cambiarían de rumbo. La semana pasada, un amigo desanimado le preguntó en Twitter cuándo empezarían a ganar, a lo que Babbitt respondió: “El 6 de enero de 2021”.

Ahora, su nombre estará relacionado con esa fecha y con las imágenes borrosas que muestran a una multitud de alborotadores rompiendo los vidrios de la puerta que conduce al Lobby del Presidente del Capitolio.

Al frente de esa multitud estaba la pequeña figura de Babbitt, ataviada con botas para la nieve, jeans y una bandera de Trump que llevaba amarrada alrededor de su cuello como una capa.

“¡Vamos! ¡Vamos!”, gritaba y luego dos hombres la levantaron hasta el borde de una ventana rota. Cuando asomó la cabeza a través del marco, un oficial de la policía del Capitolio, vestido de civil, disparó un tiro y ella cayó entre la multitud. La sangre comenzó a brotar de su boca.

Un día después de la muerte de Babbitt, quien formaba parte de la turba que asaltó el Capitolio en medio del recuento de votos del Colegio Electoral, comienza a formarse un retrato de ella.

Después de dos guerras y 14 años, Babbitt dejó la Fuerza Aérea y se instaló cerca del suburbio de clase trabajadora de San Diego donde se crió. La vida después del ejército no fue fácil. Después de trabajar brevemente en el departamento de seguridad en una planta de energía nuclear, estaba luchando por mantener a flote una empresa de suministro de piscinas.

En la vida civil recobró su libertad para expresar opiniones políticas. Sus redes sociales eran un torrente de mensajes de admiración sobre el presidente Trump, la teoría de la conspiración QAnon y diatribas contra la inmigración, las drogas y los líderes demócratas en California.

“Ustedes se niegan, se niegan a elegir a Estados Unidos por encima de su estúpido partido político, estoy tan cansada”, dijo en un video publicado en Twitter, dirigiéndose a los políticos de California. “Pueden considerarse avisados. Yo y el pueblo estadounidense. Estoy tan cansada de eso, pero me desperté, amigo, esto es absolutamente increíble”.

Todas las personas cercanas a Babbitt han recibido la noticia con sorpresa. Su esposo, Aaron Babbitt, de 39 años, le dijo a una cadena afiliada de Fox en San Diego que le envió un mensaje unos 30 minutos antes del tiroteo, pero ella no le respondió.

Su hermano, Roger Witthoeft, de 32 años, dijo que Babbitt no le había dicho a su familia que planeaba ir a Washington. Pero no le sorprendió que protestara.

“Mi hermana tenía 35 años y pasó 14 en el ejército, para mí esa es la mayor parte de tu vida adulta consciente”, dijo Witthoeft, de Lakeside, California. “Si sientes que entregaste la mayor parte de tu vida a tu país y no te escuchan, es algo difícil de asimilar. Por eso estaba molesta”.

Babbitt, que tenía cuatro hermanos menores, se crió en un hogar mayoritariamente apolítico, dijo Witthoeft. Su padre trabajaba en una empresa de instalación de pisos y su madre en un programa escolar. Babbitt se alistó en la Fuerza Aérea después de terminar la escuela secundaria.

Cuando estaba en el servicio activo —de 2004 a 2008—, conoció y se casó con su primer marido, Timothy McEntee. Se alistó en las fuerzas de seguridad, un trabajo cuyas funciones incluyen vigilar las entradas de las bases de la Fuerza Aérea, y fue enviada a Afganistán e Irak.

Luego sirvió en las Reservas de la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional Aérea. En la guardia fue asignada a una unidad cerca de Washington que se conoce como los “Guardianes de la capital”, porque una de sus misiones es defender la ciudad. Las fuerzas de seguridad del escuadrón se entrenan regularmente con escudos y garrotes antidisturbios para lo que la Fuerza Aérea define como “misiones de disturbios civiles”. Fue enviada dos veces más a los Emiratos Árabes Unidos en 2012 y 2014, según una portavoz de la Fuerza Aérea.

En 2016, Babbitt dejó el ejército con un rango relativamente bajo, varios años antes de que pudiera recibir una pensión y otros beneficios.

Para ese entonces, había encontrado otra fuente de ingresos trabajando en el departamento de seguridad en la planta nuclear de Calvert Cliffs en Maryland. Estuvo allí de 2015 a 2017, según un representante de Exelon, la compañía de energía que administra la planta.

Allí fue donde conoció a Babbitt, quien trabajó en esas instalaciones desde 2007 y renunció en 2017, dijo el representante. Los dos regresaron a su California natal y ella solicitó el divorcio de McEntee en 2018.

La transición no fue muy fluida. En 2016, la exnovia de Babbitt solicitó a un tribunal una orden de protección, y le dijo al tribunal que la exmilitar, que en ese entonces se llamaba Ashli McEntee, la había perseguido en una carretera y había chocado tres veces la parte trasera de su auto.

“Me gritó y me amenazó verbalmente”, dice la denuncia. El tribunal otorgó una orden de protección. Al año siguiente, la exnovia volvió a solicitar una orden de protección, que el tribunal concedió.

Poco después de eso, la mujer se mudó a California, donde ayudó a comprar Fowlers Pool Service and Supply, una empresa donde su hermano, Witthoeft, dijo que había trabajado.

“Todos trabajamos juntos como familia: mi otro hermano pequeño, yo, su esposo y mi tío”, dijo Witthoeft. “Fue algo agradable, un asunto familiar”.

Pero Babbitt parecía tener dificultades en los negocios. En 2017, obtuvo un costoso préstamo comercial a corto plazo. En efecto, significaba que su negocio tendría que pagar una tasa de interés que luego calculó en los documentos judiciales en 169 por ciento.

A los pocos días de firmar el contrato de préstamo, dejó de hacer pagos y solo reembolsó alrededor de 3400 de los 65.000 dólares que le pidió al prestamista, EBF Partners, según muestran los documentos. Pronto fue demandada por esa entidad financiera.

Desde el punto de vista político, Babbitt se mostraba abiertamente a favor de Trump. En la puerta de la empresa de suministro de piscinas, un cartel declara que es una “zona autónoma libre de mascarillas, mejor conocida como Estados Unidos”, donde “nos damos la mano como hombres, chocamos los puños como amigos”.

Dejar el ejército la había liberado para participar en política, algo que disfrutaba, dijo su hermano.

“Esa era una de sus cosas: por primera vez en su vida, podía decir lo que quería decir y no tenía que reprimirlo”, dijo. Según Witthoeft, estaba frustrada por la cantidad de personas sin hogar en San Diego y el reto de administrar una pequeña empresa.

“Mi hermana era una californiana normal”, dijo. “Los problemas que le molestaban, eran las cosas por las que todos estamos enojados”.

Sus cuentas en las redes sociales sugieren que, cada vez más, apoyaba a la teoría de la conspiración QAnon que ha afirmado que las elecciones presidenciales de 2020 fueron robadas por una camarilla de élite que adora a Satanás, y que le correspondía a la gente común reinstalar a Trump.

Ella retuiteó una publicación que prometía un levantamiento violento que conduciría a la segunda toma de posesión de Trump.

“Nada nos detendrá”, escribió en Twitter, el día antes de su fallecimiento. “Pueden intentarlo y tratar de intentarlo, pero la tormenta está aquí y está descendiendo sobre DC en menos de 24 horas…. ¡De la oscuridad a la luz!”.

Su hermano dijo que le apasionaba la causa de Trump y creía que estaba defendiendo al pueblo estadounidense.

“Sé que a ella le importó mucho eso, al final de su vida”, dijo. “Le importó tanto que murió por eso”.

Candice Reed colaboró en este reportaje. Susan C. Beachy y Jack Begg colaboraron con la investigación.

Ellen Barry es la jefa del buró del Times en Nueva Inglaterra. Ha sido jefa de las corresponsalías en Rusia y Asia del Sur y fue parte de un equipo que ganó el premio Pulitzer al Reportaje Internacional en 2011. @EllenBarryNYT

Nicholas Bogel-Burroughs es reportero de noticias nacionales. Es originario del norte del estado de Nueva York y antes ha reportado desde Baltimore, Albany e Isla Vista, California. @nickatnews

Dave Philipps cubre los temas de los veteranos y el ejército, y ganó el Premio Pulitzer de Reportajes Nacionales. Desde que se unió al Times en 2014, ha cubierto la comunidad militar. @David_PhilippsFacebook

Candice Reed colaboró en este reportaje. Susan C. Beachy y Jack Begg colaboraron con la investigación.

This article originally appeared in The New York Times.

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