La muerte de Santrich profundiza la crisis entre Colombia y Venezuela

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Jesús Santrich
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CARACAS.- La maldición en latín lanzada por el comandante de las FARC Jesús Santrich (“Memento mori”, recuerda que vas a morir) contra el presidente Iván Duque al final se convirtió en un boomerang contra sí mismo, tal y como reconoció el lunes la guerrilla disidente en un comunicado. Organismos de inteligencia y expertos en lucha armada confieren credibilidad a las palabras de las FARC, que aseguran que el jefe de Segunda Marquetalia murió víctima de una emboscada.

El gobierno de Bogotá también está convencido de la baja de uno de los hombres más perseguidos del país, en espera de lo que anuncie Caracas, que de momento guarda silencio. “No nos sorprende que eso haya podido suceder, pues estos criminales en algún momento siempre terminan pagando ese actuar criminal. Generalmente lo pagan con la vida”, destacó Daniel Palacios, ministro del Interior.

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Por el contrario, el gobierno colombiano negó que tuviera “capacidad de injerencia en territorio ajeno” y atribuyó tan atrevido operativo armado a la guerra del narcotráfico que se desarrolla en Venezuela. De esta forma, Bogotá negó cualquier implicación con la operación que no solo acabó con la vida de tan emblemático comandante, pieza clave en las negociaciones de paz de La Habana, sino que también amputó su dedo meñique como trofeo de guerra.

Una acción que ha puesto en máxima alerta a la aviación bolivariana, según pudo saber LA NACION de fuentes bien informadas. En su comunicado, las FARC aseguraron que “los comandos fueron extraídos en un helicóptero de color amarillo rumbo a Colombia”. Los presuntos mercenarios o pistoleros, según distintas versiones, habrían actuado “por orden directa del presidente Iván Duque”.

Seguidores de Santrich durante un acto en defensa del líder guerrillero
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Seguidores de Santrich durante un acto en defensa del líder guerrillero (AFP /)

La principal interrogante ahora es si la operación contra el aliado del chavismo ocasionará una nueva crisis como la que en 2008 provocó “vientos de guerra” en América del Sur. En aquella ocasión fue Raúl Reyes, número 2 de las FARC, quien cayó abatido durante el bombardeo de su campamento en Ecuador, cercano a la frontera con Colombia. La operación fue ordenada por el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

“El riesgo es real si Venezuela cree en la hipótesis de que fue una incursión colombiana para matar a Santrich y decide alguna reacción como respuesta. La escalada puede ser muy rápida. Tampoco me sorprendería que Venezuela lo tome con cautela, porque sabe justamente lo rápido que puede escalar. Las condiciones están dadas. Tengo entendido que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en estos momentos está apostando por esta hipótesis”, subraya el experto militar Andrei Serbin.

Lucha de facciones

Otra hipótesis ha avanzado entre los expertos durante las últimas horas: se trataría de una acción del Frente Diez Martín Villa, los disidentes del guerrillero Gentil Duarte que tan duramente han castigado a las fuerzas chavistas en la frontera de Apure, con información de “traidores” de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Estos habrían colaborado con sus enemigos como pago por la liberación de los ocho “prisioneros de guerra” secuestrados por los guerrilleros.

Quien fuera principal comisionado de seguridad de la presidencia encargada, Iván Simonovis, denunció que temen que las distintas guerrillas busquen un “casus belli” para generar una confrontación entre Venezuela y Colombia.

Lo que pareciera un nuevo guion fantasioso de Netflix o Amazon Prime es un capítulo más de la tragedia venezolana, que ha atraído a su país a las guerrillas que todavía se enfrentan a Bogotá, convirtiéndose en su santuario, tanto para las FARC como para el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

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“A la espera de la confirmación de la muerte de Santrich, en este momento la única certeza es su presencia en territorio nacional. Maduro ampara a los terroristas que asesinan y secuestran a militares venezolanos que estaban cumpliendo su deber”, denunció Juan Guaidó. “Era un secreto a voces evidente”, concluyó el presidente encargado.

Desde que huyera de Colombia en 2019, a Santrich se le siguió la pista en distintos puntos de Venezuela, incluido el bastión radical del barrio 23 de Enero, a espaldas del Palacio presidencial de Miraflores. La oposición denunció el año pasado que los famosos paramilitares de La Piedrita custodiaban a Santrich, tuerto de un ojo y con visión deficiente en el otro.

La ONG FundaRedes, amenazada por el chavismo tras divulgar información sobre los combates y las ejecuciones extrajudiciales en Apure, detectó a Santrich en distintas “casas seguras” de al menos seis estados del país, incluidos Apure y Zulia, donde finalmente fue abatido.