La muerte de Isabel II revela la vena monárquica de los franceses

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Después de dejar unas flores delante de la embajada británica en París en recuerdo a la reina Isabel II, Victoria Cazals se pone a meditar por qué la muerte de la soberana de 96 años le ha podido afectar tanto, a ella y a toda Francia.

"Nunca conocí a mis abuelos y me siento como si hubiera perdido a mi abuela", explica esta mujer de 48 años, oriunda de Toulouse (sur), mientras contiene sus lágrimas.

A falta de una familia real francesa, Cazals dice que siempre ha seguido los hechos que han marcado la vida de los Windsor, "los nacimientos, las bodas y todo lo que la reina hizo".

Francia guillotinó a sus reyes tras la revolución de 1789 y puso fin definitivamente a la monarquía en 1848.

Esta insurrección contra la realeza marca la historia del Estado moderno y se ve como una primera victoria en la lucha de los derechos humanos contra la tiranía.

Pero los numerosos elogios de los políticos, la cobertura mediática y las muestras de afección revelan el profundo apego de los franceses por Isabel II.

"Para vosotros, fue vuestra reina. Para nosotros, fue LA reina", dijo el presidente Emmanuel Macron en uno de sus múltiples mensajes de condolencia tras el anuncio del fallecimiento de la soberana.

Los presentadores de la televisión pública lucieron corbatas negras como señal de duelo, y las banderas francesas ondearán a media asta en los edificios públicos el día del funeral.

- "Contradicción" -

Delante de la embajada en París, otros testimonios alabaron las cualidades de la longeva monarca.

"Representaba una forma de estabilidad, (era) una figura unificadora", dice Veronique, una jubilada de 63 años, tras depositar unas flores. "Aquí es quizás lo que nos falta, este elemento de estabilidad".

Philippe Marliere, politólogo francés en la University College London, sugiere que muchos franceses tienen esta vena monárquica y una especie de nostalgia por su antepasados de sangre azul.

"Debajo de la fachada republicana, hay una especie de atavismo monárquico, incluso si Francia se sacó de encima la monarquía hace mucho tiempo", afirma.

Pero la figura del presidente francés no puede aglutinar esta idea de unificar todo un país, según Marliere.

"Hay una contradicción en el hecho de querer una figura unificadora, pero con un presidente que tiene grandes poderes, que es un actor diario en la vida de los franceses", señala el especialista.

"Los presidentes franceses son rápidamente impopulares y vuelven a ganar popularidad cuando hay circunstancias excepcionales, como cuando el país entra en guerra, por ejemplo", agrega.

- ¿Nostalgia? -

Jean des Cars, un destacado periodista especializado en la monarquía, coincide en que existe una "fascinación (por la reina) en los franceses, algunos de los cuales son nostálgicos de la monarquía sin admitirlo".

"La reina estaba muy cerca de Francia, hablaba un maravilloso francés y tenía cuadras en Francia, cerca de París", dice a AFP.

La monarca se ganó la simpatía del país en seis viajes oficiales, incluyendo uno en 1994 en el que llevó al presidente Francois Mitterrand en Rolls-Royce para la inauguración oficial del túnel del canal de la Mancha.

Este apego por la reina no es generalizado y algunos critican que otros jefes de Estado no tuvieron el mismo tratamiento.

Patrick Poisy, el alcalde de izquierdas de la localidad de Faches-Thumesnil, en el norte, dijo que se negaba a izar a media hasta la bandera.

Aunque expresó su pésame por la muerte de la reina, aseguró que la iniciativa iba en contra de los principios republicanos del país de "libertad, igualdad y fraternidad".

"Ningún concepto está más lejos de la 'igualdad' que el de la monarquía", afirmó en las redes sociales.

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