La muerte de Diego Maradona: un velatorio con transmisión y puesta en escena "austeras", a pedido de la familia

LA NACION
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Las conversaciones finales entre Alberto Fernández y Claudia Villafañe en plena madrugada definieron el estilo. "Nada de show", coincidió el Presidente, y encargó a sus colaboradores cercanos la transmisión del velatorio de Diego Maradona. Una transmisión en la que el mandatario ocupó un lugar secundario, y en el que los familiares del astro futbolístico también gozaron, barbijo mediante, de un relativo anonimato para rendir el estilo de homenaje que pretendían.

El secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y el vocero Juan Pablo Biondi, fueron los encargados de poner en marcha, por orden presidencial, el operativo de transmisión del evento. Contactaron a Ignacio "Nacho" Saavedra, director del Afsca y militante de La Cámpora, que ya tuvo a su cargo el acto virtual del 17 de octubre. Saavedra compartió trabajos anteriores con Javier Grossman, encargado esta vez de los homenajes en estadios de futbol que comenzaron anoche y continuarán en las próximas horas.

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La premisa: "Un acto austero, como pide la familia", relataron cerca del Presidente, que "no quería ser protagonista" del evento ni "utilizar el dolor" para hacer política. La empresa "La Corte", propiedad del empresario Cristóbal López, llevó adelante la transmisión del evento, que pudo verse en directo por las redes sociales y en simultáneo dentro de la Casa Rosada.

Un par de datos refuerzan la premisa de austeridad, que desde el Gobierno aseguran se cumplió "a rajatabla". Ni bien llegó, cerca de las 11, a Balcarce 50, el Presidente convocó a Villafañe y a sus hijas Dalma y Giannina a su despacho. No hubo cámaras en aquel momento, mientras se detenía el incesante peregrinaje de simpatizantes de Maradona que pugnaban por dar el último adiós al campeón del mundo de 1986.

La ubicación de la veintena de sillas que rodeaban al féretro también se hizo a pedido de la familia. Ni Claudia ni sus hijas estuvieron a tiro de la TV durante las largas horas que siguieron a la apertura de los portones de la Casa Rosada. Prudentes, las cámaras ignoraron también la discusión-en buenos términos-de miembros del Gobierno con la viuda de Maradona, intentando convencerla de extender el horario del velatorio para que pudieran verlo todos los que quisieran.