Muchos avalan separar a EEUU en dos países, uno pro Trump y otro Pro Biden: encuesta

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¿Permitir el despotismo y arruinar la democracia? ¿Dividir al país en dos, una parte de estados de mayoría pro Trump y otros de mayoría pro Biden? Las respuestas que muchos estadounidenses han dado en un estudio reciente a esas proposiciones resultan inquietantes y con ominosas implicaciones.

La sociedad estadounidense se encuentra severamente polarizada, al grado de que proporciones significativas de la población parecen anteponer sus posiciones político-ideológicas a los preceptos democráticos y a la integridad de la nación.

(COMBO) This combination of pictures created on September 29, 2020 shows US President Donald Trump (L) and Democratic Presidential candidate and former US Vice President Joe Biden during the first presidential debate at Case Western Reserve University and Cleveland Clinic in Cleveland, Ohio, on September 29, 2020. (Photos by SAUL LOEB and JIM WATSON / AFP) (Photo by SAUL LOEB,JIM WATSON/AFP via Getty Images)
(COMBO) This combination of pictures created on September 29, 2020 shows US President Donald Trump (L) and Democratic Presidential candidate and former US Vice President Joe Biden during the first presidential debate at Case Western Reserve University and Cleveland Clinic in Cleveland, Ohio, on September 29, 2020. (Photos by SAUL LOEB and JIM WATSON / AFP) (Photo by SAUL LOEB,JIM WATSON/AFP via Getty Images)

Eso es lo que se desprende de un estudio recientemente publicado por el Center for Politics de la Universidad de Virginia, que edita el famoso reporte de análisis y pronóstico de tendencias y resultados electorales Sabato’s Crystal Ball (del analista Larry J. Sabato).

Las diferencias y pugnas entre demócratas y republicanos, entre liberales y conservadores o entre progresistas y reaccionarios, han existido desde hace muchas décadas y con otras denominaciones prácticamente desde la fundación misma de Estados Unidos. Y hay que señalar que esos grupos no son monolíticos y dentro de ellos existen muchas gradaciones y variantes, a lo que hay que incluir a los independientes y a los integrantes de formaciones políticas menores. Aunque el sistema estadounidense es marcadamente bipartidista, en realidad existen muchos otros partidos, aunque no todos logran representación tras las elecciones.

La sombra del despotismo

Pero en los tiempos recientes ello se ha expresado de una manera punzantemente dicotómica, con el repudio o el apoyo a Donald Trump (y lo que él ha significado para Estados Unidos) como eje. Así, al menos en lo relacionado al análisis del citado estudio de Sabato’s Crystal Ball, los estadounidenses quedan divididos entre personas que en las elecciones de 2020 votaron por Trump y las que votaron por el actual presidente (y ganador de esos comicios) Joe Biden.

Así, es notorio que un 19% de los votantes de Trump y un 22% de los votantes de Biden crean firmemente que “sería mejor que quienquiera que sea presidente pudiera emprender acciones necesarias sin ser constreñido por el Congreso o las cortes”.

Eso implica que un segmento de gran tamaño de los estadounidenses cree que la división y balance de poderes, elementos clave de la institucionalidad democrática y republicana, son prescindibles, un dato ciertamente ominoso. Si se considera que un 44% de quienes votaron por Trump y un 46% de quienes lo hicieron por Biden creen la anterior premisa de modo amplio o en cierto grado, el panorama resulta punzante. Y hay que añadir que otro resultado de tal elucubración también podría ser la erosión del federalismo, pues un presidente despótico presumiblemente sometería también las jurisdicciones estatales.

Cantidades importantes de trumpistas y bidenistas creen que el presidente debería poder actuar sin ser constreñido por el Congreso o las cortes. (Getty Images)
Cantidades importantes de trumpistas y bidenistas creen que el presidente debería poder actuar sin ser constreñido por el Congreso o las cortes. (Getty Images)

Hay quien señalaría que “sin ser constreñido por el Congreso o las cortes” no necesariamente implicaría romper la división de poderes o someterlo todo al dictado del Ejecutivo, sino que podría aludir a que tanto el Congreso como las cortes deberían actuar y decidir para atender las necesidades nacionales (de allí lo de “emprender acciones necesarias”) anteponiendo el bien general sus propios intereses o posturas. Eso suponiendo que las posiciones “correctas” correspondieran a las del presidente y no al revés.

Pero, ciertamente, uno y otro bando con frecuencia divergen de lo que es necesario para el bien común, y el privilegio del interés partidario o individual o y consideraciones ideológicas trastocan y adulteran la acción gubernamental.

Secesiones “rojas” y “azules”

Sea como sea, que tal proporción de la población, al menos en el escenario de Sabato’s Crystal Ball, considere prescindible esa división y balance de poderes es un dato impactante.

Y también lo es el de la cantidad de personas que estaría de acuerdo, por completo o de modo parcial, en que la Unión se rompa y se establezcan dos países, uno formado por los estados que votaron mayoritariamente por Trump y otro por los estados en los que Biden ganó la mayoría de votos.

El 25% de los trumpistas está plenamente de acuerdo en la secesión de los estados “rojos” (de mayoría republicana y en este caso los que Trump ganó en 2020) y “azules” (de mayoría demócrata y en donde Biden obtuvo mayoría en la pasada elección), y el 18% de quienes votaron por Biden piensa lo mismo. Si a eso se añaden las personas que están de acuerdo en cierto grado con ello, el 52% de los trumpistas apoya esas secesiones, cifra que es 41% entre los votantes pro Biden.

La noción de separar de ese modo a Estados Unidos resulta absurda en sí, pues en todos los estados existe una minoría (muchas veces considerable) por lo que es equívoco que haya estados plenamente “rojos” o “azules”. En esa lógica, de separarse un estado de la unión con base en su preferencia electoral mayoritaria, ¿por qué no entonces las ciudades y condados “azules” en un estado “rojo” no podrían decidir separarse de ese estado y unirse al bloque “azul” o viceversa? Esa fragmentación, en ese sentido, es una suerte de reducción al absurdo que podría alcanzar el nivel de barrio, cuadra, casa y, ya en el extremo con toques en parte descabellados y lúdicos, habitaciones y hasta camas.

Con todo, que un rechazo a la división y el balance de poderes y la idea de secesiones de índole partidista-ideológica vayan a conducir próxima e inevitablemente al fin de la democracia y a la ruptura de la unidad nacional son supuestos muy improbables y que, por otro lado, en cierto grado se contradicen entre sí.

Si quienes quieren un presidente sin balances son también los que avalan las secesiones “rojas” y “azules”, posiblemente están en tensión con ellos mismos pues tal mandatario despótico presumiblemente avasallaría a sus opositores y evitaría que tal secesión tuviera lugar.

Eso se refuerza con el dato, de la misma encuesta de Sabato’s Crystal Ball, que dice que un 82% de los trumpistas y un 62% de los bidenistas consideran que Estados Unidos necesita un “líder poderoso” a fin de “destruir las corrientes radicales e inmorales que prevalecen en la sociedad actual”.

Es decir, una suerte de caudillo que oprima al contrario, pues es de suponer que en esa intoxicada polarización el rival o el opositor respectivos son los que encarnan esas “corrientes radicales e inmorales”, pues más de dos tercios de los encuestados, en ambos grupos, consideran que los funcionarios electos del otro partido son una “amenaza para la democracia”.

Todo ello está, empero, meramente en el ámbito de la especulación, pero los datos del citado estudio son, en un grado significativo, reveladores de un estado de ánimo y de una inclinación política-ideológica muy particulares. Y son una llamada de atención para reducir la polarización y propiciar el diálogo y el entendimiento, en lugar de la división y la demonización.

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