Motos, dulces y malas compañías, así eran Yair y Héctor

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CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 5 (EL UNIVERSAL).- Héctor Efraín y Alan Yair eran conocidos por "chambeadores". Los veían ayudando a sus padres vendiendo dulces. Sus restos fueron encontrados cuando un hombre los transportaba en un diablito el domingo 31 de octubre. Ambos eran hijos de indígenas mazahuas de San Antonio Pueblo Nuevo, Estado de México, y habitantes de una vecindad de la calle Pensador Mexicano.

Desde pequeños se acompañaban en las horas de trabajo como ayudantes de sus padres comerciantes ambulantes. Héctor, uno de los niños cuyos restos, junto con los de su amigo Alan Yair fueron descuartizados presuntamente en una vecindad de la zona Centro, era aficionado a las motos de pista, y con ese pretexto sus captores y asesinos se los llevaron; incluso los invitaron a "dar gracias” a San Judas Tadeo, el 28 de octubre. Luego de esa noche —alrededor de las 20:00 horas— nadie los volvió a ver con vida.

Información proporcionada por algunos de sus amigos a los agentes de la Fiscalía General de Justicia (FGJ-CDMX) que llevan el caso, detalla que ese día Héctor le pidió a Alan Yair que lo acompañara a ver a su novia con quien supuestamente tenía planeado asistir a unos arrancones en moto, pero todo fue mentira, pues en realidad "el paseo" era para torturarlos, asesinarlos y luego descuartizarlos.

Cámaras del C5 del Gobierno capitalino captaron el 28 de octubre cómo los dos menores se subieron con el tripulante de una motocicleta que pasó por ellos, aparentemente lo conocían porque no pusieron resistencia y se saludaron. Durante su velorio, cinco patrullas vigilaron los accesos a la calle Pensador Mexicano, en la colonia Guerrero, y sus límites con el Centro Histórico. En una vecindad marcada con el número 11 velaron a Alan Yair y Héctor.

Tras saber lo sucedido, en la calle hay quien recuerda a sus vecinos, y sabían que estaban desaparecidos desde el 27 de octubre. También conocían que sus padres eran ambulantes y que antes de la pandemia vendían camisetas, sudaderas y souvenirs afuera de los conciertos. Así lo mostraban los mensajes hallados en el celular de Héctor.

Él se comunicaba con una joven que le prometía una relación y por la que competía con un vendedor de droga. Y aunque sospechaban que habían comenzado a vender droga, la familia piensa que ambos fueron ejecutados por la relación con la joven. Las pruebas forenses advirtieron que los menores fueron torturados y mutilados. Aún se desconoce cuándo fue, pero sus familiares exigen que la policía investigue.

Aunque el celular marcaba una vecindad de Belisario Domínguez como el último sitio donde estuvieron, la policía no los buscó ahí. Alan Yair y Héctor tenían 12 y 14 años, respectivamente; sin embargo, había gente de la calle de Pensador Mexicano que ya les temía, otros aún los veían como niños y asistieron a la vecindad a soltar globos blancos para despedirlos.