La ola de calor convierte a la mosca negra en un peligro para la población española

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Ejemplar de mosca negra en el que se aprecia su pequeño tamaño, lo cual no sirve para hacerla menos molesta. (Crédito imagen: Wikipedia).
Ejemplar de mosca negra en el que se aprecia su pequeño tamaño, lo cual no sirve para hacerla menos molesta. (Crédito imagen: Wikipedia).

Si te hablo de un insecto díptero de pequeño tamaño que vuela silencioso. Un insecto cuyas hembras se posan tan levemente sobre tu piel que ni lo percibes, te inyectan un poderoso anestésico para no delatar su presencia, un vasodilatador para recibir más caudal de plasma y un anticoagulante para que tus plaquetas no detengan la fiesta. En resumen de una “mosca cojonera” (por usar la conocida expresión) que te chupa la sangre, la cual aporta las proteínas necesarias para su próxima puesta de huevos. ¿De qué insecto estamos hablando?

Si has pensado en el mosquito lo siento, te equivocas. Hablamos del Simulium spp, más conocido como mosca negra. Al contrario del mosquito, que utiliza una trompa (o probóscide) para alcanzar tu flujo sanguíneo, los simúlidos son más de “cortar por lo sano”, empleando sus mandíbulas a modo de tijera para desgarrarte la piel, provocando una herida que según relatan quienes han padecido sus picaduras, puede ser sumamente dolorosa.

Reconozco que en Asturias no hemos oído ni hablar de esta criatura alada, claro que a estas alturas del verano tampoco hemos oído hablar de la ola de calor, y ambos conceptos parecen estar íntimamente ligados. Para empezar, este insecto nematócero (los mosquitos también pertenecen a este suborden, aunque el aspecto del simúlido recuerda más al de una mosca, de ahí su nombre) ama el calor, actúa durante el día, tiene hábitos ribereños y precisa de una fuente de agua fresca en buen estado en las cercanías, para completar su ciclo reproductivo. 

De ahí que sea en provincias de interior, especialmente en zonas atravesadas por ríos, donde se oiga hablar cada vez más de los efectos nocivos que ocasiona encontrarse con un enjambre de estas moscas negras. Antes de que empecéis a pensar que se trata de una nueva especie invasora, conviene aclarar que estos simúlidos son autóctonos, y que si ahora las vemos más es en buena parte por nuestra culpa. La mano del hombre está detrás de dos grandes problemas, la reducción de la biodiversidad y el calentamiento global. Bien, pues de ambos fenómenos se benefician estos dípteros.

El número decreciente de sus depredadores naturales, los murciélagos, las golondrinas, los vencejos, unido a temperaturas cada vez más cálidas, que alarga la estación de reproducción propiciando más eclosiones, parecen venirle de perlas a estas falsas moscas.

Además, la mejora general en el estado de las aguas fluviales alrededor de las grandes ciudades, como es el caso de Madrid o Zaragoza, está haciendo que el hábitat de estos insectos, antes constreñidas a áreas rurales, se expanda hasta nuestros dominios urbanos. Y claro, si antes atacaba especialmente a ovejas, vacas, caballos, cabras y hasta perros, ahora ha introducido en su menú a esos primates bípedos llamados humanos.

Efectos de las picaduras de la mosca negra. (Crédito imagen AVA / ASAJA).
Efectos de las picaduras de la mosca negra. (Crédito imagen AVA / ASAJA).

Y viendo lo que sucede cada verano en el interior de España y en el área Mediterránea, con olas de calor sofocantes cada vez más frecuentes, el problema con las moscas negras no va a mejorar, todo lo contrario.

¿Puede transmitir este insecto enfermedades contagiosas? Pues en efecto, la oncocercosis (o “ceguera de los ríos”), es una enfermedad parasitaria provocada por un pequeño gusano nematodo (Onchocerca volvulus) que puede terminar afectando a humano si las moscas negras resultan infectadas. Entre sus síntomas se encuentra un prurito (picor) intenso, afecciones cutáneas y una discapacidad visual que puede llegar a ser permanente. 

Por fortuna, el 99% de los casos se da en países subsaharianos, y el resto en países latinoamericanos. Así que de momento las moscas negras hispanas no parecen peligrosas en ese sentido. Otra cosa es que te rodee un enjambre mientras paseas junto al Manzanares o el Ebro, y te dejen las piernas como un coladero. No mata pero duele...

Un par de consejos para concluir. Cuando salgas por un sitio por el que es común encontrarte con estos mosquitos con apariencia de mosca, procura vestir ropa clara, evita las últimas horas de la tarde y procura no acercarte mucho a los cauces de los ríos.

Más información en la web de SEMES.

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