Morir en primera línea: la batalla de Brasil por las camas de cuidados intensivos en COVID

Stephen Eisenhammer
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Sepultureros cargan el ataúd de José Roberto Inácio, de 63 años, quien falleció debido a la enfermedad del coronavirus (COVID-19), en Piratininga, estado de Sao Paulo, Brasil, 24 de marzo de 2021. Fotografía tomada el 24 de marzo de 2021

Por Stephen Eisenhammer

PIRATININGA, BrasilReuters) - José Roberto Inácio pasó buena parte de su vida trasladando a personas enfermas o heridas al hospital de un tranquilo pueblo de Brasil.

El miércoles 10 de marzo, el conductor de ambulancias retirado tomó una ruta familiar una vez más: como un pasajero que necesitaba ayuda para respirar.

Hacia el fin de semana, los riñones del hombre de 63 años empezaban a fallar. Necesitaba diálisis y ser trasladado a una unidad de cuidados intensivos (UCI).

Pero en el pequeño hospital donde estaba siendo tratado, incluso faltaban suministros médicos básicos, como un catéter. Fue añadido a la lista para una cama en una unidad de cuidados intensivos (UCI), pero los médicos le dijeron a su familia que en esa parte del estado de Sao Paulo ya había 70 personas en la fila.

Bauru, la ciudad importante más cercana, solo tiene 50 camas de cuidados intensivos y todas estaban llenas.

Inácio murió esperando.

"Toda su vida trabajó para salvar a la gente, pero en la hora en que necesitaba ayuda, no había nada para él", dijo a Reuters el hijo de Inácio, Roberto, de 41 años, con los ojos todavía hinchados por la conmoción. "Ves a una persona morir y no puedes hacer nada al respecto".

Inácio fue una de las 3.251 personas en Brasil que murieron por COVID-19 el 23 de marzo, el mayor número de decesos diarios desde que comenzó la pandemia. En todo el mundo, casi una de cada tres muertes por COVID-19 se produjeron en Brasil. Inácio fue uno de ellos.

"Se ha convertido en una estadística", dijo su hijo.

Mientras algunas partes del mundo parecen estar saliendo de lo peor de la pandemia, el sistema de salud de Brasil se está debilitando.

En todo el país hay más de 6.000 personas esperando una cama en unidades de UCI, según datos del Gobierno. En 15 de los 26 estados de Brasil, la capacidad de UCIs está al 90% o más, ya que la variante P1 del país alimenta una segunda ola, mucho más letal que la primera.

"UNA CRISIS HUMANITARIA"

Incluso en Sao Paulo, el estado más rico de Brasil con una sofisticada red de hospitales públicos, los pilares se están derrumbando en la línea de cuidados intensivos.

A pesar de la crisis, el presidente Jair Bolsonaro sigue ridiculizando las medidas para quedarse en casa. Rara vez usa máscara y ha dicho que no planea vacunarse. Dijo a los brasileños que "dejen de lloriquear" por el número de muertos, ahora más de 300.000, la segunda cifra más alta del mundo detrás de Estados Unidos.

Brasil, una importante economía mundial que alguna vez fue alabada por sus victorias en salud pública, también ha tardado en asegurar vacunas para sus 210 millones de habitantes. Menos del 10% de los adultos han recibido una primera dosis y solo el 3% están completamente vacunados.

Los epidemiólogos temen que lo peor esté por venir.

"Esto va a ser devastador", dijo Albert Ko, profesor de la Escuela de Salud Pública de Yale con décadas de experiencia en Brasil. "A menos que haya un cambio en las políticas del gobierno federal y estatal, hacia la implementación de cierres efectivos, estamos ante una verdadera crisis humanitaria".

SISTEMA COLAPSADO

Una valla publicitaria gigante de Bolsonaro recibe a los visitantes de Bauru, una ciudad de 400.000 habitantes a unas cuatro horas en auto de Sao Paulo.

La alcaldesa, Suéllen Rosim, ha criticado las medidas de cierre y se ha alineado con el presidente de extrema derecha. El mes pasado, desafió una orden del gobierno estatal de cerrar negocios no esenciales, lo que permitió que muchos permanecieran abiertos a pesar de los crecientes casos de COVID-19.

Un fallo judicial finalmente la obligó a cumplir la orden, pero sigue argumentando que los cierres y cuarentenas son ineficaces, a pesar de la abrumadora evidencia de que han funcionado en todo el mundo.

"No hay ciencia que demuestre que si encierro a todos en casa, todo mejorará", dijo a Reuters. "Los bares y restaurantes han estado cerrados durante semanas y los números no han dejado de subir".

Culpó al estado por la falta de capacidad en la UCI.

En respuesta, el gobierno de Sao Paulo dijo que estaba trabajando para aumentar el número de camas de hospital en Bauru y en toda la región. El estado criticó al municipio, que dijo que no financió una sola cama de cuidados intensivos.

En la primera línea de atención sanitaria en Bauru, los médicos están exhaustos, en medio de una falta de personal y recursos contra la incesante marea de infecciones.

"La gente ha estado hablando durante meses sobre el riesgo de colapso del sistema de salud pública", dijo Fred Nicácio, un médico que trata a pacientes con COVID-19 en Bauru. "Lamentablemente, ese momento ha llegado", explicó.

(Reporte de Stephen Eisenhammer. Reporte adicional de Leonardo Benassatto. Editado en español por Marion Giraldo)