Morena apuesta a “encuestas opacas” y cuestionadas para definir su candidatura presidencial

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La dirigencia de Morena ha definido que la encuesta será el método de selección de su candidatura presidencial para 2024, pero la manera como el partido ha utilizado el instrumento en anteriores procesos de elección ha generado incertidumbre e incluso acusaciones de manipulación por parte de propios militantes y especialistas encuestadores.

Animal Político entrevistó a un aspirante presidencial morenista y a dos militantes que contendieron en procesos internos de selección de candidaturas mediante encuestas; también fueron consultadas tres personas expertas en ejercicios demoscópicos que señalaron cuáles han sido las inconsistencias o fallos en las encuestas que ha implementado el partido, y qué requisitos mínimos deberían cumplirse para que el instrumento sea confiable para todos los participantes.

Se solicitó una entrevista a la diputada federal Ivonne Cisneros Luján, quien dirige la Comisión de Encuestas de Morena, con la finalidad de tener el posicionamiento del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) respecto de los señalamientos de militantes y especialistas, pero no dio respuesta a la petición. También se solicitó un comentario del dirigente nacional, Mario Delgado, a través de su vocería, pero tampoco se tuvo respuesta.

Los Estatutos de Morena señalan que la encuesta es sólo uno de varios métodos de selección de candidaturas –otros son la insaculación mediante sorteo y la elección en asambleas por voto mayoritario–, pero la dirigencia del partido ha optado por ese instrumento prácticamente como medio único para la toma de decisiones.

Fallas de origen

El conflicto más antiguo dentro del partido en relación con el uso de encuestas para definir una candidatura data de 2017, cuando se dirimía la candidatura al gobierno de la Ciudad de México entre Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum, Martí Batres y Mario Delgado. Entonces dirigido por Yeidckol Polevnsky, el partido implementó una encuesta opaca que los aspirantes no conocieron con anticipación cómo se diseñó el cuestionario ni cómo se levantaron y procesaron los datos recabados, ni quiénes estuvieron a cargo del ejercicio. En medio de las sombras, la decisión de dar la candidatura a Sheinbaum con base en la presunta encuesta cimbró a Morena.

En ese momento, el partido no contaba con un departamento dedicado a las encuestas, pero se improvisó un equipo con Gabriel García –entonces secretario de Organización– y Mauricio Hernández –que era secretario de Formación Política y hoy es superdelegado en Guanajuato–. Los datos se procesaron en la pequeña oficina que utilizaba Andrés Manuel López Obrador en la calle San Luis Potosí de la colonia Roma.

Presionada por Monreal y los medios, la dirigencia de Morena dio a conocer los resultados y algunos aspectos metodológicos: alrededor de mil 400 cuestionarios de siete preguntas se aplicaron en dos días a habitantes de la CDMX, aunque no se aclaró si de manera presencial o telefónica.

Los problemas internos y asomos de ruptura en relación con las encuestas de Morena volvieron a asomar en sucesivos procesos electorales: en los comicios de 2021, en los que se renovaron 15 gubernaturas, y en los de 2022, cuando estuvieron en juego los gobiernos de otros seis estados.

Al conflicto ha abonado el hecho de que el partido ha clasificado como reservada la información metodológica de sus encuestas (muestra considerada, batería de preguntas, periodos y zonas geográficas de levantamiento, etcétera), y recientemente decidió ocultar los contratos que suscribió el año pasado con casas encuestadoras.

Entérate: Morena oculta al INAI contratos de encuestas para seleccionar candidaturas

“Para mí la encuesta que realiza y levanta el partido carece de transparencia, de profesionalismo, de equidad, y sobre todo que no es confiable a los ojos de nadie”, afirma Monreal, hoy coordinador de los senadores de Morena y explícito aspirante a la candidatura presidencial. “No es un método democrático”, resume.

En entrevista, el exgobernador de Zacatecas sostiene que no está dispuesto a volver a transitar la experiencia de 2017, que entonces puso en duda su permanencia en Morena.

“Han sido instrumentos de manipulación (las encuestas), no son reales. Yo te lo digo en mi caso. Yo estaba, en todas las encuestas que se levantaron, ahí está la historia, en la Ciudad de México aparecía en primer en el 2017, y sólo en una perdí y me mandaron al tercer o cuarto lugar en Morena. Nunca nos dijeron qué metodología, qué preguntas, nada, simplemente ‘perdiste y ya’, entonces yo nunca avalé ese procedimiento. Tú lo recordarás, y nunca he avalado las encuestas que hace el partido”, afirma.

Monreal también avizora un escenario de ruptura si no se corrige la manera como Morena resuelve las encuestas.

“No creo que aguante este ejercicio. Va a haber problemas serios si no buscamos un mecanismo distinto. Hablamos de la candidatura presidencial, y yo creo que es tan importante que se juega el futuro del país, se juega todo el destino del país”, declara.

“Si fuera la encuesta, si se cierran y no permiten mayor discusión más que la encuesta que levante el partido, es imposible, no hay forma, ahí va a ganar quien ya está decidido que va a ganar, y yo no estoy convencido, no estoy de acuerdo en eso”.

Para Monreal, la definición del candidato presidencial debería efectuarse mediante la votación en asambleas que prevén los Estatutos, o bien, a través de una votación de dos vueltas abierta a la población en general.

El recuento de daños

El senador morenista José Narro Céspedes fue aspirante a la candidatura al gobierno de Zacatecas, que finalmente fue asignada a David Monreal tras el levantamiento de una encuesta en el marco de las elecciones de 2021.

Si bien el legislador zacatecano no estuvo de acuerdo con la imposición del abanderado, aceptó la disciplina partidista.

“La encuesta que se hizo, en el marco del acuerdo que se firmó, no la ganó quien quedó como candidato”, resume.

A un año de ese proceso electoral, el también dirigente de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA) recuerda que la dirigencia del partido maniobró para que se hiciera una encuesta distinta a la acordada para justificar la designación de Monreal.

“Nosotros nos inconformamos. Los órganos internos del partido negaron los hechos, pero fue obvio y patente, y lo reconocieron una parte de los dirigentes del partido, que en la encuesta que se pactó, porque se acordó una encuesta domiciliaria casa por casa, una encuesta territorial, la ganamos nosotros por 6 a 8 puntos, entonces, lo que hicieron fue hacer una segunda encuesta telefónica para cambiar las cifras y para presentarnos una segunda encuesta”, dice Narro en entrevista.

“Las encuestas telefónicas son muy manipulables, además se usó el padrón de (la Secretaría de) Bienestar, y la superdelegación de Zacatecas está en manos de una cuñada de ellos (de los Monreal). Nosotros por eso nos inconformamos y fuimos a los tribunales, a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) del partido, pero al final nosotros fuimos institucionales, para nosotros era más importante el proyecto y el partido que la candidatura de Zacatecas. No nos quedamos conformes, pero se requiere disciplina e institucionalidad en el partido”.

En la elección de ese año, el partido sufrió otra de sus crisis internas graves debido a los reclamos de los aspirantes que quedaron en el camino. Por ejemplo, la diputada federal Claudia Yáñez –hermana de César Yáñez, exvocero de López Obrador y actual coordinador de general de Política y Gobierno de la Presidencia– renunció a Morena tras la designación de Índira Vizcaíno como candidata al gobierno de Colima. Yáñez acusó que hubo “intereses oscuros y acuerdos cupulares” en esa selección.

Por su parte, el senador Cruz Pérez Cuéllar, que aspiraba a la candidatura en Chihuahua, acusó a Gabriel García –excoordinador general de Programas para el Desarrollo– de influir en el levantamiento de encuestas en Morena, utilizar indebidamente el padrón de beneficiarios de programas sociales y “cucharear” los ejercicios.

A su vez, la senadora Nestora Salgado acusó que la dirigencia nunca mostró a los aspirantes a la candidatura en Guerrero las encuestas que respaldaban la decisión de asignar la candidatura a Félix Salgado (antes de que ésta le fuera retirada para posteriormente postular a su hija, Evelyn Salgado).

“Mi gente estuvo muy atenta, las estructuras que tenemos en Guerrero estuvieron muy pendientes de las encuestas, de las llamadas, y no hubo, no sabemos realmente cómo fue la encuesta, dónde encuestaron, dónde llamaron; al menos nosotros nunca hemos tenido claro eso”, dijo.

En el reciente proceso electoral 2022, tres aspirantes volvieron a reclamar una presunta manipulación de las encuestas por parte de la dirigencia del partido que encabeza Mario Delgado.

Se trata del senador José Ramón Enríquez Herrera, la senadora Susana Harp y la exalcaldesa de Reynosa Maki Ortiz, aspirantes, respectivamente, a las candidaturas al gobierno de Durango, Oaxaca y Tamaulipas.

En un esfuerzo por “legitimar” o dar certeza a sus encuestas, Morena contrató a tres empresas privadas para que hicieran ejercicios “espejo”: Buendía y Asociados, Covarrubias y Asociados y Mendoza Blanco y Asociados.

Sin embargo, la contratación de encuestadoras no terminó con los problemas al interior del partido, debido a que aspirantes morenistas denunciaron que el CEN formalizó el registro de candidatos antes de que las “encuestas espejo” estuvieran concluidas.

Entérate: ‘Es una simulación’: aspirantes de Morena exponen crisis interna por selección de candidaturas en Durango y Oaxaca

Uno de los inconformes fue Enríquez Herrera, que califica el proceso interno de selección como un fraude, una imposición, un “dedazo” y una puesta en escena.

“No se respetó la encuesta y se utilizaron otros criterios que no están en los Estatutos, que no fueron acordados, que no estuvieron escritos, que no fueron discutidos, y esos criterios oscuros, opacos, obviamente obedecen a otros intereses”, afirma en entrevista.

“En el caso de Durango está claro que fue un dedazo, que se simuló, que se hizo una completa obra de teatro, y que la contraparte, la doble moral, porque sí hay mafia del poder en Morena, la contraparte es precisamente el discurso de unidad, de organización, que todos cabemos, y sabemos que eso no existió en el caso de Durango”.

Para Enríquez Herrera, la derrota el pasado 5 de junio de la abanderada de Morena, Marina Vitela –quien quedó 15 puntos debajo de su contrincante priista–, obedeció a que el partido no eligió a la mejor candidata. El senador duranguense recuerda que, en las encuestas presentadas por la dirigencia, Vitela obtuvo cero puntos en las mediciones, a pesar de lo cual, bajo el criterio de paridad de género, se le entregó la nominación para representar al partido.

“¿Esto qué nos quiere decir? Que en Durango, donde no se respetó la encuesta, ahí tenemos los resultados; es un gran mensaje del pueblo de Durango al país de que lo que opina la gente se debe respetar, lo que opina el pueblo, y no se hizo. El método científico (la encuesta) es confiable para hacer un diagnóstico, una estrategia, pero en este caso el propio partido no hizo lo correcto, no lo hizo con honestidad”, señala.

El legislador duranguense acusa que la dirigencia de Mario Delgado no actuó como árbitro imparcial y transparente, lo que, asegura, ha causado fracturas internas.

“(Existe) el riesgo del uso de las encuestas como un pretexto de honestidad, y que vemos que no sucede. (…) El tema no es la estructura de los reactivos, de las preguntas, cuánto vale cada una; el tema no es el método, el tema es la honestidad de la propia dirigencia, del propio dirigente; el problema es que se pierde la confianza, hoy no hay confianza en la dirigencia nacional”, asienta.

Especialistas proponen criterios de confiabilidad

Para Lorena Becerra, directora de Encuestas del periódico Reforma, los ejercicios de Morena cada vez se han robustecido más en sus aspectos técnicos, e incluso la dirigencia ha incorporado la participación de encuestadoras privadas en aras de mayor transparencia; no obstante, afirma en entrevista, se hacen maniobras para que los datos beneficien a candidatos preseleccionados con criterios no relacionados con las preferencias de la población encuestada.

Expone que el conflicto radica en el peso de las variables con que se evalúan los aspirantes y que se someten a consideración de los encuestados, por ejemplo, el nivel de conocimiento entre la ciudadanía, sus positivos contra sus negativos, sus atributos, su potencial de crecimiento o su potencial de ganar al enfrentarse a los otros posibles contendientes.

“Ahí es donde está el detalle, porque muchas veces lo que hemos visto es que hay candidatos que son más fuertes en unas variables, otros en otras, y sin embargo siempre acaba ajustándose al candidato que parece haber sido el preferido del presidente (López Obrador), siempre acaban ponderando más la variable que beneficia al candidato que claramente era el favorito del presidente, y creo que ahí es donde están los problemas”, explica.

“Esto no es una manipulación necesariamente, porque se supone que está abierto el método, pero sí es un malabareo para justificar, porque desde que López Obrador es presidente (de la República), y antes presidente de Morena, rara vez hemos visto seleccionar un candidato de Morena que no hubiera sido el favorito de él”.

Para abonar a la confiabilidad de la encuesta, sostiene Becerra, se deben cumplir criterios de transparencia. Uno de ellos, dice, consiste en que los aspirantes deben participar desde el principio en la definición de parámetros metodológicos básicos: cuál será la población objetivo, qué preguntas se harán, cómo se plantearán, en qué orden se harán y qué valor tendrán.

La especialista sugiere que, si se usarán los servicios de encuestadoras privadas, éstas deben hacer una declaración de conflictos de interés, informando si en el pasado han trabajado para alguno de los aspirantes, de algún partido o instancia pública y cuánto ha cobrado, un criterio en el coincide el consultor Rafael Giménez-Valdez, quien colaboró con Morena en la realización de encuestas en el periodo electoral 2017-2018.

“Técnicamente puede que se parezcan las encuestas, pero el conflicto de interés genera resultados distintos”, afirma en entrevista.

“En Morena ya no existe lo que tenía el presidente López Obrador, que era una estructura de encuestadores neutral, afín a él y absolutamente limpia de conflictos de interés. Prácticamente todos los encuestadores que ha contratado el partido en las últimas ocasiones tienen un conflicto de interés, porque casi todos tienen clientes al interior de Morena”.

Jorge Buendía, director de la empresa Buendía y Asociados –contratada por Morena para el pasado proceso electoral–, un tercer criterio de confiabilidad es que haya supervisión externa al trabajo de campo tanto de las encuestadoras privadas como del equipo del partido dedicado al ejercicio.

También propone que no sólo se efectúe una encuesta, sino dos o tres, en caso de que exista empate.

“Los procesos de selección de candidatos no dejan contentos a todos por su naturaleza misma, pero, en la medida en que el proceso de selección se haga con reglas claras, contemplando el mayor número de escenarios, que los datos se puedan replicar y que se pueda validar la calidad del ejercicio, yo creo que puedes tener un mecanismo que funciona”, afirma.

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