Montreux Jazz Festival: una íntima experiencia musical

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© Cortesía Emilien Itim

Uno de los eventos musicales más importantes del mundo regresa en su formato habitual tras dos años bajo el signo de la pandemia. La edición número 56 de este festival se celebrará del 1 al 16 de julio con un cartel para un público ecléctico. Björk, Nick Cave and the Bad Seeds, Jeff Beck, Magma y Diana Ross son algunos de los artistas centrales. La brasileña Anitta y el colombiano Juanes son las principales cuotas latinoamericanas.

Érase una vez un lugar llamado Montreux. Un lugar como los que se describen en los cuentos de hadas. Imagine llegar a bordo de un tren desde Lausanne: a un lado viñedos hasta donde llegue la vista, pasando por pequeñas ciudades como Vevey y sus edificios coloridos. Al otro, los imponentes Alpes suizos. Y en medio, la vía del ferrocarril que se abre paso hasta llegar al corazón de aguas turquesas, el lago Lehman. En su orilla está Montreux, ciudad que cada verano se convierte en el epicentro de la música.

Un lugar lleno de leyendas. Por su escenario pasaron Miles Davis, Prince, David Bowie, Astor Piazzolla, Etta James… Se trata del Montreux Jazz Festival (MJF), creado en 1967 por Claude Nobs, un melómano que logró convertir en realidad un sueño: hacer que esta pequeña ciudad turística acogiera un festival de música, en sus inicios más versado hacia el jazz, y se convirtiera en una referencia mundial.

El festival ha logrado trascender las épocas y la pandemia. En 2020, el festival se mudó a la virtualidad. En 2021 regresó, pero solo con conciertos al aire libre. Este 2022 vuelve a su formato habitual, con conciertos en sus dos salas principales, el mítico Auditorio Stravinsky y el Montreux Jazz Lab así como una variada programación gratuita al aire libre.

Adaptarse a un público post-pandemia más selectivo

Pero en estos dos últimos años el negocio de la música evolucionó. Este festival, cuya realización cuesta cerca de 4,5 millones de euros, pudo mantenerse a flote gracias a las medidas del Gobierno suizo. Se trató de “una indemnización rápida y eficaz”, explica Matthieu Jaton, director del MJF, que permitió cubrir en promedio, el 80% de los gastos anuales y evitar pérdidas.

Ahora, más allá de sobrevivir, este tipo de eventos debe adaptarse a un comportamiento distinto del público. Con la cantidad de giras y conciertos postergados en Europa, la oferta es más alta que la demanda, hasta 20-30% más en Suiza con respecto a 2019. La costumbre era comprar entradas según el artista y luego en función del lugar del evento. Hoy el público es más selectivo, prima la noción de experiencia, el lugar viene en segundo plano y el lineup en tercero.

El público no ha faltado en “festivales como Coachella (EE.UU), Glastonbury (Reino Unido) o We Love Green (Francia), son marcas ya bien establecidas, son conceptos claros y bien posicionados. Ahí vemos que hay una franja del público que busca vivir la experiencia de esos festivales y casi de manera secundaria, va por el lineup”, cuenta Jaton a France 24. “Pero los eventos en pequeñas salas o sin un concepto bien definido, tienen más dificultades para que el público regrese” agregó.

MJF hace frente a esto gracias a que goza de un público que tiene la costumbre de asistir cada verano. Pero también buscan atraer una generación más joven, la audiencia de TikTok entre los 15-25 años que busca estar en “the place to be” y abierta a descubrir novedades. Pero esta es también una generación curiosa que escucha muchísima música y de diferentes géneros.

Ver las estrellas de la música en intimidad

Los organizadores del festival saben que se dirigen a diferentes tipos de público. Por un lado, aquel que sabe navegar en la “opulencia de contenido” y por otro, aquel que se pierde en un mundo en el que salen 35.000 singles nuevos en Spotify cada día. Pero para todos mantiene una de sus principales vocaciones: la de seleccionar entre lo mejor de la música.

“Montreux aporta como una burbuja, un respiro, donde nos tomamos el tiempo de escuchar”, explica Jaton.

La programación de sus dos salas principales, con una calidad de sonido irreprochable, refleja esa misión, según Mathieu Jaton.

El Auditorio Stravinsky “se orienta a recibir grandes estrellas en intimidad” como John Legend o Diana Ross, que por lo general se presentan en salas mucho más grandes. Por ejemplo, la exintegrante de The Supremes “se presentará en Glastonbury ante 125.000 asistentes y dos días después estará en Montreux por primera vez de su carrera, ante 4.000 personas”, explica Jaton.

Para los fans de estos artistas, el MJF será la oportunidad de “casi poder tocarlos” en el escenario. En Le Lab, con capacidad para unas 2.000 personas, “la programación está entre lo que está de moda y lo que está dando de qué hablar”, un espacio para artistas en ascenso. Fue justamente en esta sala que tocaron en sus inicios Adele, Ed Sheeran, Muse o Kendrick Lamar. Este año veremos a Black Pumas, Clairo, Nicki Nicole o Arlo Parks, entre otros.

Libertad artística, el leitmotiv de MJF

La experiencia en este caso es también para el artista acostumbrado a eventos multitudinarios, pues también podrá formar parte de la historia legendaria de MJF. Más allá de esto, la idea es brindarle libertad artística. Aquí no se le impone duración de su set. “Si quiere tocar dos horas, perfecto, si quiere cuatro, no hay problema”, cuenta Jaton.

Existe además la posibilidad de continuar esta fiesta musical al terminar sus conciertos. Para eso está el Jam, abierto todos los días de 11:00 p.m . a 5:00 a.m. Un lugar de encuentro entre músicos. Prince acostumbraba a pasar un rato allí después de sus presentaciones, así como suelen hacerlo los músicos que acompañan al pianista Herbie Hancock, quien sumará este año su participación numero 30 en este festival.

En Montreux, cada artista es recibido con las mismas atenciones, siempre a la escucha de lo que necesite en términos técnicos para su presentación o las peticiones específicas de los músicos. Por eso una de las expectativas es que el show que den en Montreux sea distinto del que habitualmente presentan en la gira”, explica Stephanie-Aloysia Moretti a France 24, quien pertenece al grupo de cinco programadores del MJF.

A las necesidades de los artistas se sumaron las que la pandemia trajo consigo. En Suiza se levantaron ya todas las restricciones por el Covid-19. Pero el festival tiene un sistema flexible, teniendo en cuenta que el virus es una espada de Damocles y que este verano se espera una nueva ola que ya comenzó a elevarse en Europa.

Mathieu Jaton explica que trabajan con ese riesgo y que están abiertos y listos si el artista requiere hacerse un test o si pide que el personal técnico tras bambalinas se haga un test. Resta saber qué pasaría si un artista da positivo pero aún quiere presentarse.

La música latina toma fuerza en el MJF

El MJF se ha mantenido a lo largo de medio siglo porque la única barrera es si es factible o no hacerlo. Gozan además de la libertad que otorga ser una organización privada que no debe lidiar con burocracia ni decisiones políticas. “Si se quisiera crear algo así en la actualidad, probablemente no funcionaría, nadie creería en nosotros”, comenta Moretti que lleva 33 años trabajando en el festival.

Por eso cada edición trae novedades. Esta es particularmente abierta hacia la música latinoamericana porque ha habido cambios importantes recientemente en ese mercado. Hasta hace algunos años, la música brasileña era la que más se exportaba a Europa. Ahora, explica Jaton, “la música latina se ha abierto mucho más, que venga de Argentina o de Colombia. Todo lo que está detrás de estrellas como J Balvin o C. Tangana”.

De ahí que el 4 de julio sea Anitta quien cierre la noche en el Montreux Jazz Lab. Mientras que tres días más tarde, el escenario del Stravinsky vibrará con el dúo de guitarristas mexicanos Rodrigo y Gabriela, antes de iluminarse con el colombiano Juanes acompañado de su magnífica banda.

Seis escenarios para la programación gratuita

La programación gratuita también es variada además de ser un espacio para los talentos emergentes como la italo dominicana Yendry, quien se presentará el 8 de julio en la sala Lisztomania.

Y para prolongar esa experiencia íntima con la música, se estrenará un nuevo espacio llamado Lake House. Abierto de 5:00 p.m. a 5:00 a.m., será como “estar en casa”, comenta Moretti que es también la curadora de este lugar. Allí los visitantes podrán disfrutar de una biblioteca, una sala de cine, un salón para escuchar entre los más de 3000 vinilos de las grabaciones de los conciertos llamados “Live at Montreux”, un bar de sonidos de los archivos del festival y una pequeña sala de conciertos.

Cada día habrá conservatorios, películas y presentaciones de libros. Por ejemplo, Nick Cave vendrá a hablar de algunas de las novelas que ha publicado. El objetivo es que el público pueda “reapropiarse de la historia de Montreux (…) comprender la música desde varios ángulos, que el encuentro con los artistas también pueda hacerse fuera de escena”, explica Stephanie-Aloysia Moretti.

Esta comunión entre el público y sus estrellas irá hasta el 16 de julio. Esa noche, el MJF cerrará con el jazz del legendario Herbie Hancock y luego la energía explosiva del británico Jamie Cullum. Una nueva noche para seguir sumando a la leyenda de Montreux.

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