El monstruo Nikolas Cruz merecía la pena de muerte | Opinión

Mató a 17 e hirió a 17 más.

Y, aun así, el monstruo Nikolas Jacob Cruz, de 24 años, consigue vivir.

Cadena perpetua sin libertad condicional fue la sorprendente recomendación de un jurado de Broward y, según la ley de la Florida, vinculante.

En el peor Día de San Valentín de la historia de Estados Unidos, este exalumno dio rienda suelta a su obsesión por las armas y desató sus demonios sobre adolescentes inocentes y tres educadores de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas.

Hubiera matado a más, pero no quería correr el riesgo de que lo atraparan o de morir en un tiroteo con la policía.

Sí, quería vivir. Así que descartó el arma y astutamente usó a los aterrorizados estudiantes que huían de las rápidas ráfagas de su arma AR-15 como protección para escapar.

Luego, el asesino en masa regresó para volver a disparar a las víctimas heridas, como el querido entrenador de lucha libre y director atlético Chris Hixon, esposo y padre de un niño con necesidades especiales.

Y, aun así, consigue vivir.

“Pareciera que su vida es más valiosa que la de Christopher, y eso no es cierto”, dijo la viuda del entrenador, la educadora Debbi Hixon.

Un acusado asesino astuto

Pareciendo estoico o aliándose con sus abogados durante la mayor parte del juicio de sentencia, seguía tramando para obtener un resultado favorable, incluso mientras el jurado escuchaba testimonios desgarradores durante tres meses.

Nikolas Cruz, autor de la matanza en la escuela Marjory Stoneman Douglas, habla con su abogada asistente de la defensa pública, Nawal Bashimam, no en la foto, durante una audiencia en el tribunal del Condado Broward en Fort Lauderdale el miércoles 29 de marzo de 2022. Cruz se declaró previamente culpable de los 17 cargos de asesinato premeditado y 17 cargos de intento de asesinato en los tiroteos de 2018.

Un psicólogo dijo que Cruz sabe lo que hace. Trató de engañar a los encargados de impartir justicia exagerando su supuesta discapacidad de comprensión en una prueba de capacidad mental.

Pero, se les dijo a los reporteros, nada de esto convenció al menos a un miembro del jurado, quien se mantuvo firme en contra de la pena de muerte en la Florida desde el principio. Y una nueva legislación de sentencias, adoptada por la Legislatura en 2017 con la buena intención de evitar que una persona inocente fuera ejecutada, requiere la recomendación unánime de muerte por parte del jurado antes de que el juez pueda imponer la sentencia.

Y es así como el sistema también termina protegiendo al asesino y le falla a sus víctimas. ¿Qué importa si Cruz tuvo una crianza difícil por parte de padres adoptivos y una madre biológica criminal? Otros, incluido su hermano, también la tuvieron, y sin embargo, no asesinan.

Las víctimas, en cambio, no tuvieron la oportunidad de presentar “factores atenuantes” para salvar sus vidas.

Los padres se preguntan con razón: ¿Por qué se consideró que la vida problemática de Cruz era más valiosa de preservar que las vidas que truncó?

“Antes del tiroteo, el asesino de Parkland dijo que quería matar a 20 personas”, tuiteó el padre Max Schachter después de que el jurado rechazara la pena de muerte. “Se detuvo después de matar a 17, incluido mi dulce chico Alex. Después no quería morir. Quería vivir. Hoy consiguió todo lo que quería. Mientras nuestros seres queridos están en el cementerio”.

En otras palabras, no se ha hecho justicia. Solo un montón de dolor para familiares, amigos y para una comunidad que lo encuentra todo inexplicable. No hay una segunda oportunidad para las víctimas, cuyas vidas fueron tan cortas.

No hay consuelo para padres como Gena Hoyer, que se aferró a la foto de su hijo, Luke, de 15 años, durante el prolongado proceso de sentencia.

Tampoco para el implacable defensor del control de armas Fred Guttenberg, quien agachó la cabeza, apretó los dedos y, sin duda, continuará con su admirable cruzada para evitar que otros padres pierdan a sus hijos, como le pasó con su linda hija Jaime, de 14 años.

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Otro asesino

La recomendación de cadena perpetua del jurado es tan difícil de entender.

¿Por qué el asesino de Jimmy Ryce, el dulce niño de 9 años que desapareció de una parada de autobús escolar en el sur de Miami-Dade en 1995, fue llevado ante la justicia —y ejecutado con inyección letal en 2014— pero Cruz, quien mató a tiros a tantos sin mostrar piedad ni remordimiento, puede a pasar su vida en prisión, leyendo, viendo televisión, comiendo tres comidas al día?

El asesino de Jimmy, Juan Carlos Chávez, de 28 años, era un balsero cubano que obligó a Jimmy a subir a su automóvil a punta de pistola. Llevó al niño a una casa rodante y lo violó. Luego le disparó, lo desmembró y lo enterró entre las macetas.

Es válido cuestionar la existencia de la pena de muerte en la Florida y la ética de lo que para algunos puede parecer una retribución y una venganza de ojo por ojo.

Yo, en mi mente y corazón, lo hago todo el tiempo. Pero apoyé la ejecución de Chávez, y pensé que era apropiado que Cruz le diera cierre a la pena de las familias y enviara el mensaje correcto en un país atormentado por la violencia armada.

Si vamos a elegir entre cadena perpetua o muerte, ¿por qué este tipo de justicia no se imparte con más coherencia en cuanto a los resultados?

¿Qué hace que un asesino enfermo sea más digno de compasión que otro?

No, no pidan respeto a su recomendación, jurados. Yo, madre de maestras, una de ellas que conoció a Hixon y trabajó con su esposa, no tengo ninguno por este veredicto en una premeditada masacre de escuela.

Cruz merecía la pena de muerte.