Es monja, médica e inspira a los teóricos de la conspiración

Nicholas Casey
·8  min de lectura
Sor Teresa Forcades, una monja con formación médica que ha puesto en duda las vacunas contra el coronavirus
The New York Times

MONTSERRAT, España.- Sor Teresa Forcades se hizo famosa hace años por sus inquebrantables opiniones liberales: una monja católica sin pelos en la lengua cuyos pronunciamientos iban en contra de la mayoría de las posturas de la Iglesia en asuntos como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto.

Se convirtió en una presencia habitual en la televisión española, donde aparecía con su hábito de monja para defender la independencia de su natal Cataluña y debatir una serie de temas candentes, entre ellos las vacunas. Se formó como médica, en parte en Estados Unidos, y sostenía que algún día la vacunación supondría un peligro para una sociedad libre.

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Ahora, una década después, cuando el coronavirus arrasa en el mundo, cree que ese día ha llegado, y advierte contra el uso de las vacunas para el coronavirus incluso cuando científicos y líderes políticos temen que el sentimiento antivacunas ponga en riesgo la recuperación europea de la pandemia.

“Siempre es importante que la crítica sea posible, que haya voces discrepantes”, dijo sobre sus opiniones, que se centran tanto en sus dudas sobre las vacunas como en su derecho a cuestionarlas en público. “La respuesta no puede ser que en tiempos de crisis la sociedad no pueda permitir la crítica, es precisamente entonces cuando la necesitamos”.

Lo que ella llama crítica, no obstante, es visto por muchos en la comunidad científica como desinformación. Desde su convento en la cima de una colina, Sor Teresa ahora se opone a los gobiernos, los expertos médicos e, incluso, el Papa Francisco, que afirman que las campañas de vacunación son la mejor vía de escape de una pandemia que ha matado a más de tres millones de personas y devastado las economías mundiales.

Sor Teresa Forcades, monja y escéptica de las vacunas
The New York Times


Sor Teresa Forcades, monja y escéptica de las vacunas (The New York Times/)

En el mundo de los escépticos de las vacunas, sor Teresa, nacida en 1966 , hija de una enfermera y un agente comercial, es difícil de clasificar. Reconoce que algunas vacunas son beneficiosas, pero se opone a que sean obligatorias. Sus recelos sobre las vacunas contra el coronavirus se deben en gran medida a los ensayos clínicos, que considera precipitados.

Su credibilidad proviene del hábito de monja y de su formación médica, que la hacen especialmente atractiva para los teóricos de la conspiración y grupos de extrema derecha que buscan minar la confianza del público en las vacunas al propagar medias verdades, a veces mezcladas con hechos, muy matizadas y pronunciadas por personas con credenciales que dan cierta autoridad a su voz.

José M. Martín-Moreno, profesor de medicina preventiva y salud pública en España que es crítico de sor Teresa, dijo que ella encubre sus cuestionamientos a la sabiduría científica predominante bajo el disfraz del debate científico y su derecho a criticar.

“No dudaba de su buena intención”, dijo el doctor Martín-Moreno. “Pero lo más peligroso son las personas que tienen verdades parciales, porque pueden tener algún elemento de verosimilitud”.

Esta lucha por la opinión pública no podía llegar en un momento más crucial. El mundo se encuentra en medio de un experimento sin precedentes: el rápido desarrollo y despliegue de las vacunas contra el Covid-19, que aún no superan la prueba del tiempo, a una población global. Pero hubo relativamente pocos efectos secundarios graves, y las vacunas demuestran ser muy eficaces para evitar enfermedades graves y la muerte. También hay evidencia que sugiere que previenen el contagio, retrasando así la transmisión.

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Pero la detección de coágulos de sangre poco frecuentes, aunque a veces mortales, en un pequeño número de personas que recibieron las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson llevó a algunos gobiernos a suspender o limitar ambas inyecciones, y aumentó las dudas sobre las vacunas.

En la capital española, Madrid, en los días posteriores a que el gobierno elevara el umbral de edad para la inyección de AstraZeneca, solo un tercio de las personas se presentaron a sus citas para la vacuna, según las autoridades. El país se encuentra en el inicio de lo que parece ser una cuarta ola de infecciones.

Y el mensaje de sor Teresa llega cada vez a más gente en toda España. Un grupo de 120.000 miembros conocido por sus conspiraciones de extrema derecha difunde a menudo sus polémicos consejos sobre los tratamientos contra el coronavirus en la aplicación de mensajería Telegram. Otro popular grupo de negación de la pandemia elogió recientemente un video de Facebook en el que ella cuestionaba la seguridad de las vacunas contra el Covid-19.

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Sor Teresa Forcades, aunque es férreamente de izquierda, no se distancia de sus seguidores de derecha, y califica su desconfianza hacia algunas vacunas como una “cuestión transversal capaz de llegar a un amplio espectro de personas”.

Sentada junto a su convento en un día reciente, ofreció una ventana a su forma de razonar. Argumenta con datos, a menudo extraídos de ensayos clínicos, sin embargo, a menudo llega a una conclusión que pocos en el mundo médico aceptan: que no se puede confiar en que las empresas, movidas por las ganancias, ofrezcan vacunas seguras.

Dice que sus opiniones se forjaron mucho antes de convertirse en monja, durante una residencia médica en Estados Unidos de 1992 a 1995. Recordó a un paciente de su hospital de Buffalo, Nueva York, que necesitaba una amputación. Después de extirparle el miembro y de necesitar una prótesis, la compañía de seguros se negó a pagarla. “Era un ejemplo de una brutalidad, porque esto significa la mezcla entre el interés económico y la salud como necesidad humana”, dijo.

En 1997, regresó a España y se alojó en una habitación en el convento de Sant Benet. El edificio de piedra se encuentra en un pinar bajo el macizo de Montserrat, que se eleva sobre un valle a las afueras de Barcelona, en la zona nororiental de Cataluña.

Allí, con tiempo para pensar, se dio cuenta de que su vocación sería la de monja en la orden benedictina. No se dedicó a la medicina. Pronto se puso a trabajar en los márgenes de la erudición religiosa. Ayudó a desarrollar una rama de la teología que buscaba un papel igualitario para las mujeres en el cristianismo y cuestionó las interpretaciones de la Biblia que favorecían a los hombres. Pero el cuidado de la salud permaneció en sus pensamientos.

Una vista del convento Sant Benet en Barcelona, España donde vive la monja Forcades
The New York Times


Una vista del convento Sant Benet en Barcelona, España donde vive la monja Forcades (The New York Times/)

En 2006, escribió un manifiesto de 45 páginas titulado “Los crímenes de las grandes farmacéuticas”. Afirmaba que las empresas farmacéuticas eran enemigas de la salud pública, utilizó como ejemplo una disputa de patentes entre los gobiernos africanos y los fabricantes de medicamentos para el Sida.

“Yo me quedé en shock”, dijo en la entrevista, porque pensaba que las farmacéuticas trabajaban para el bien de la humanidad. Su desconfianza en las grandes farmacéuticas solo se profundizó, según surgieron nuevos escándalos, y ella concluyó que la búsqueda de réditos era irreconciliable con la salud pública.

Entonces, en 2009, un brote del virus H1N1 de la llamada “gripe porcina” se convirtió en una pandemia. Los gobiernos empezaron a debatir una campaña de vacunación masiva y con qué empresas podrían colaborar.

Sor Teresa Forcades se pronunció en contra de esos esfuerzos en un video en línea que recibió 1,2 millones de visitas y fue traducido a ocho idiomas antes de que el canal de Vimeo donde se publicó fuera retirado.

Un residente en una casa de cuidados cerca de Barcelona recibe la segunda dosis de la vacuna contra el Covid-19 el mes pasado
The New York Times


Un residente en una casa de cuidados cerca de Barcelona recibe la segunda dosis de la vacuna contra el Covid-19 el mes pasado (The New York Times/)

En la emisión, de 55 minutos de duración, aparecía vestida de monja y se presentaba como médica. Al principio, se hizo eco de la ciencia, y decía que el virus era menos mortal que los brotes de gripe anteriores. Luego dio un giro hacia la teoría de la conspiración.

Contó un incidente ocurrido ese año en el que la empresa sanitaria Baxter dijo que mezcló por error dos cepas de gripe en un laboratorio, lo que provocó la muerte de animales de prueba. Baxter, que más tarde produjo una vacuna contra la gripe porcina, dijo que nadie resultó herido, pero los expertos comentaban en ese momento que estaban preocupados por el error.

Pero en la mente de la monja, un error del laboratorio se convirtió en algo más siniestro y sospechoso: Sor Teresa, en el video, planteaba una teoría sin pruebas de que Baxter podría haber estado tratando de fabricar nuevos virus con el objetivo de beneficiarse de las posibles vacunas, especialmente si su uso se hiciera obligatorio. “¿Como puede ser que a mí me obliguen a aceptar una vacuna que yo no deseo?”, dijo.

Cuando el coronavirus comenzó a extenderse por todo el mundo el año pasado, sor Teresa Forcades dijo que tenía la sensación de que la historia se repetía. “Tienen una serie de contratos secretos, a precios muchas veces superiores a los que deberían tener”, dijo de las empresas que producen las vacunas para el Covid-19.

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El doctor Martín-Moreno, que trabajó con la Organización Mundial de la Salud, comparte su preocupación por los contratos. Dijo que cierta frustración sobre los ensayos de la vacuna para el Covid-19 de AstraZeneca —cuyos resultados fueron ampliamente cuestionados por utilizar información obsoleta, entre otras cosas— era merecida. Pero añadió que sor Teresa Forcades fue demasiado lejos y que su fama se ha vuelto peligrosa.

Sor Teresa considera que su postura no es un peligro, y que sus cuestionamientos a las vacunas, planteados mucho antes que la actual pandemia, simplemente estuvieron adelantados a su tiempo. La idea, a veces, la frustra, dijo por correo electrónico. “Pero luego recuerdo a Jesús y a algunos santos que amo y me siento bien acompañada”.

The New York Times