La moneda diplomática más reciente: las vacunas contra la COVID-19

Mujib Mashal y Vivian Yee
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Trabajadores empaquetando la vacuna contra el coronavirus Covishield en el Instituto del Suero de la India en Pune, el 14 de enero de 2021. (Atul Loke/The New York Times)
Trabajadores empaquetando la vacuna contra el coronavirus Covishield en el Instituto del Suero de la India en Pune, el 14 de enero de 2021. (Atul Loke/The New York Times)

NUEVA DELHI — La India, potencia inigualable en la fabricación de vacunas, está regalando millones de dosis a sus vecinos, amigos o no. Intenta contrarrestar a China, que ha hecho de la distribución de vacunas un elemento central de sus relaciones exteriores. Y Emiratos Árabes Unidos, aprovechando su riqueza petrolera, está comprando vacunas en nombre de sus aliados.

La vacuna contra el coronavirus, uno de los productos más demandados del mundo, se ha convertido en una nueva moneda de cambio para la diplomacia internacional.

Los países que disponen de los medios o los conocimientos necesarios utilizan las vacunas para ganarse el favor de sus aliados o para descongelar sus relaciones. La India las envió a Nepal, un país en el que que China tiene cada vez más influencia. Sri Lanka, que está en medio de un tira y afloja diplomático entre Nueva Delhi y Pekín, por el momento recibe dosis de ambos.

La estrategia conlleva riesgos. India y China, que están fabricando vacunas para el resto del mundo, tienen grandes poblaciones que necesitan inocular. Aunque hay pocas señales de malestar en alguno de los dos países, eso podría cambiar cuando el público vea que las dosis se venden o se donan al extranjero.

“Los indios están muriendo. Los indios siguen contrayendo la enfermedad”, dijo Manoj Joshi, miembro distinguido de la Observer Research Foundation, un grupo de expertos de Nueva Delhi. “Podría entenderlo si se hubieran satisfecho nuestras necesidades y luego se hubiera regalado el material. Pero creo que hay una falsa superioridad moral que se intenta transmitir cuando se dice que estamos regalando nuestras cosas incluso antes de usarlas nosotros mismos”.

Estos países hacen sus donaciones en un momento en el que Estados Unidos y otros países ricos están acaparando los suministros del mundo. Los países más pobres intentan de modo frenético conseguir los suyos, una disparidad que, según advirtió la Organización Mundial de la Salud recientemente, ha puesto al mundo “al borde de un fracaso moral catastrófico”.

Con sus sistemas de salud puestos a prueba como nunca antes, muchos países están ansiosos por tomar lo que se les ofrece, y los donantes podrían cosechar algo de buena voluntad política como recompensa.

“En lugar de asegurar un país enviando soldados, se puede asegurar el país salvando vidas, salvando su economía, ayudando en la vacunación”, dijo Dania Thafer, directora ejecutiva del Foro Internacional del Golfo, un grupo de expertos con sede en Washington.

China fue uno de los primeros países en hacer una apuesta diplomática por las vacunas, y prometió ayudar a los países en vías de desarrollo el año pasado, incluso antes de que el país hubiera producido en masa una vacuna de eficacia probada. Esta misma semana, dijo que donaría 300.000 dosis de vacunas a Egipto.

No obstante, algunas de las iniciativas chinas de diplomacia en materia de vacunas han tropezado con la llegada tardía de los suministros, la falta de información sobre la eficacia de sus vacunas y otros problemas. Funcionarios del gobierno chino han citado necesidades inesperadas en el país en medio de brotes aislados, una medida que podría atenuar cualquier reacción interna.

Aunque las vacunas fabricadas en China se han extendido, la India ha visto la oportunidad de reforzar su propia imagen.

El Instituto del Suero de la India, la mayor fábrica de vacunas del mundo, produce la vacuna AstraZeneca-Oxford a un ritmo diario de casi 2,5 millones de dosis. Ese ritmo ha permitido a la India empezar a repartir dosis de manera gratuita a sus vecinos. Con mucha fanfarria, han llegado aviones a Nepal, Bangladés Birmania, Maldivas, Sri Lanka, Seychelles y Afganistán.

“Estamos tomando medidas en oriente y lo hacemos de manera veloz”, dijo S. Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores de la India, al anunciar en Twitter la llegada de 1,5 millones de dosis a Birmania.

El gobierno indio ha intentado ganar puntos publicitarios por las dosis enviadas a lugares como Brasil y Marruecos, aunque esos países compraron las suyas. El Instituto del Suero también ha prometido 200 millones de dosis a un fondo común de la OMS llamado Covax que se destinaría a las naciones más pobres, mientras que China prometió recientemente diez millones.

Por ahora, el gobierno indio tiene margen para hacer donaciones al extranjero, incluso después de meses en que los casos se dispararon y la economía se vio afectada, y aunque solo haya vacunado a un pequeño porcentaje de sus 1300 millones de habitantes. Parte de la razón de la falta de reacción: el Instituto del Suero está produciendo a un ritmo más rápido del que el programa de inoculación de la India puede gestionar actualmente, lo cual deja extras para las donaciones y las exportaciones.

Además, algunos indios no se apresuran a vacunarse debido al escepticismo que despierta una vacuna de fabricación nacional llamada Covaxin. El gobierno indio aprobó su uso de emergencia sin revelar muchos datos sobre ella, lo que lleva a algunas personas a dudar de su eficacia. Mientras que la vacuna de AstraZeneca-Oxford se ha enfrentado a un menor escepticismo, los que se vacunan no pueden elegir qué vacuna reciben.

Para la India, su campaña de vacunación de poder blando ha supuesto una réplica a China, después de años de ver cómo los chinos obtenían beneficios políticos en su propio patio trasero: en Sri Lanka, las Maldivas, Nepal y otros lugares. Pekín ofreció fondos considerables y respuestas rápidas cuando se trataba de grandes inversiones que India, con una burocracia estratificada y una economía en desaceleración, ha tenido dificultades para igualar.

“El vecindario de India se ha vuelto más concurrido, más competitivo”, dijo Constantino Xavier, que estudia las relaciones de la India con sus vecinos en el Centro para el Progreso Social y Económico, un grupo de expertos de Nueva Delhi. “El impulso de las vacunas refuerza la credibilidad de la India como proveedor fiable de soluciones y respuestas a las crisis de estos países vecinos”.

Sin embargo, la estrategia de usar vacunas para ganarse corazones y mentes no siempre tiene éxito.

Emiratos Árabes Unidos, que está desplegando vacunas con mayor rapidez que cualquier otro país, excepto Israel, ha comenzado a donar vacunas de Sinopharm fabricadas en China que compraron a países donde tienen intereses estratégicos o comerciales, incluyendo 50.000 dosis para las Seychelles, la nación insular en el océano Índico, y a Egipto, uno de sus aliados árabes.

No obstante, en Egipto algunos médicos se resistieron a utilizarlas, porque dijeron que no se fiaban de los datos que EAU y el fabricante chino de la vacuna habían publicado sobre los ensayos. El gobierno de Malasia, uno de los mayores socios comerciales de los Emiratos, rechazó una oferta de 500.000 dosis, al alegar que los reguladores tendrían que aprobar de manera independiente la vacuna de Sinopharm. Tras la aprobación de los organismos reguladores, Malasia compró en su lugar vacunas de Pfizer de Estados Unidos, la vacuna de AstraZeneca-Oxford y Sinovac, una fabricada por otra empresa china.

This article originally appeared in The New York Times.

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