Monárquicos: sin castillos y con miles de seguidores, quieren un rey para la Argentina

Dolores Caviglia
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Mario Santiago Carosini es el presidente del Movimiento Monárquico Argentino
Mario Santiago Carosini es el presidente del Movimiento Monárquico Argentino

La contundencia con la que habla del otro lado del teléfono es imponente. O abrumadora. Algo bajo, canoso, poco pelo, barba al ras, la voz a aguda y el ritmo acelerado, cambia los roles y pregunta a quien lo entrevista: “¿Estamos de acuerdo en que hay un gran problema institucional en el país? ¿Estamos de acuerdo en que gobierno y Estado no son lo mismo? ¿Estamos de acuerdo en que el Estado debe controlar al gobierno? ¿Estamos de acuerdo en que las fuerzas armadas deben depender del Estado? ¿Estamos de acuerdo en que la Justicia debe depender del Estado? Fíjate entonces que eres monárquica, pero todavía no lo sabes”.

Mario Santiago Carosini nació en Bernal, sur del conurbano bonaerense, y tiene 58 años. No está casado, no tiene hijos, no mira televisión pero sí usa las redes sociales, trabaja como contador pero cada vez menos porque quiere dedicarse a la docencia, se especializa en auditoría, se define católico pero no practicante y es el presidente del Movimiento Monárquico Argentino.

Habla rápido. No dice vos. Dice tú. Y afirma que el país está mal y que él tiene la solución. Separar gobierno de Estado. Establecer en el territorio una monarquía. Esa es su propuesta. El objetivo del grupo que lidera. Y recuerda el momento en que ese pensamiento empezó a tomar cuerpo. Fue en 1987. Entonces su padre Luis José, quien falleció en 2014, se cruzó en una discusión con un republicano en un colegio de San Francisco Solano. “Ese fue el momento inicial. Un debate en el sur del Gran Buenos Aires”, cuenta y asegura que allí el alumnado pudo presenciar “un hito”. Mario también explica que su padre era monárquico desde chico porque estudió en un establecimiento con una visión que ya no se enseña, donde los intelectuales afirmaban que José de San Martín, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi eran monárquicos.

Por esos años, los últimos de la década del 80, Mario se entusiasmó y con su padre comenzaron a esbozar un plan. Un movimiento que, según cuenta, refleja la realidad de la sociedad: está integrado por peronistas, radicales, izquierdistas, derechistas, fieles de varias religiones, todos unidos por el sueño de un sistema “que vincule de manera armoniosa gobierno y ciudadanía”.

Por el Movimiento Monárquico Argentino ya pasaron 20.000 personas. Actualmente en Facebook tienen 2300 seguidores pero, afirma Mario, participa mucha más gente que no tiene redes. Calcula que hay cerca de un millón de monárquicos en el país y que la mayoría tiene entre 20 y 40 años. Incluso asevera que consolidaron vínculos con varios funcionarios del gobierno, del actual y de los otros, aunque se reserva los nombres.

Entre las actividades que realizan destaca la creación de una biblioteca digital, la organización de simposios y la puesta a punto del próximo encuentro presencial, en noviembre, en Córdoba. “Somos una asociación de carácter cultural. Tenemos representaciones en las provincias, nuestra función es docente. Yo no soy monárquico de café, yo bajo al lodo, organizamos ayudas sociales en villas, buscamos juguetes para chicos”, indica y añade: “Nos reunimos en instituciones que nos prestan sus locales. Nos vemos una vez por mes o cada dos meses. Antes nos juntábamos en una pizzería de la Avenida Corrientes”.

-¿Qué es lo que buscan?

-Terminar con el avasallamiento de los derechos humanos que impulsa la república. Buscamos una monarquía constitucional parlamentaria, un proyecto que yo redacté. Tiene el agregado de constitucional porque mi modelo no es el vigente. Innova en aspectos tecnológicos y también le da a la corona más poder en términos, por ejemplo, de crisis económicas. La idea es que un rey, alguien que no es político, controle al gobierno y no permita los delitos que se dan desde hace tantos años. Los partidos políticos son asociaciones ilícitas. Todo político es un psicópata porque para obtener su cargo tiene que manipular a la gente, mentirle. Tenemos psicópatas manejando nuestras vidas. Y encima con poder absoluto. Y encima con visión de corto plazo, porque solo piensan en la próxima elección.

-¿La solución es cambiar el modelo?

-Sí. La república representa una involución institucional. El presidente es jefe de Estado y de gobierno al mismo tiempo y esa es la madre de todas las tormentas. El Estado debe controlar al gobierno. La república lo que hace es institucionalizar el descontrol.

Mario y su padre pasaron de las charlas domésticas a la convocatoria popular de la mano de Gerardo Sofovich. En 1989 el conductor y productor de teatro y TV leyó un artículo que hablaba de ellos e invitó a su padre a participar del programa La noche del domingo. Después de eso, los contactaron de todo el país, incluso les llegaron cartas desde el exterior, y se convencieron de que había voces que necesitaban ser oídas. Luego organizaron la primera cumbre monárquica ese año, en el hotel Bauen de la Ciudad. Y desde entonces suman adeptos a favor del reino de la Argentina. Mario está tan convencido que asegura que así la corrupción desaparecerá y lo justifica con la historia. “Es muy simple”, dice y sigue: “Ve la historia de los últimos cien años en los Países Bajos, en Bélgica, en Japón. No hubo casos de corrupción y, si hubo, no fueron probados. El problema no está en el rey, porque sabe que cuando se corrompe y deja de defender los intereses de sus súbditos pierde el poder”.

Mario repite. Separar gobierno de Estado. Insiste. Separar gobierno de Estado. Ataja los cuestionamientos y dice que la distancia cultural con las monarquías para él ejemplares, la más de todas la sueca, no es excusa. Que Japón y Noruega no tienen costumbres en común y sin embargo comparten sistema. Que seguir así es ir en dirección al totalitarismo porque la república tiende a la dictadura. Porque los que nombran a los jueces son los políticos que después van a ser controlados por esos jueces.

Movimiento Monárquico Argentino
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Movimiento Monárquico Argentino

Ni castillos ni coronas

Mario no quiere lujos. Dice que su proyecto es austero. Que no se trata de manejar fortunas, que una cosa es lo que sucede en el Reino Unido, donde la corona tiene tierras que dan intereses, y que otra es su intención acá. Mario dice que la Casa Rosada debería ser la sede del gobierno y la Quinta de Olivos, la de la corona. Y que el financiamiento tendría que provenir del presupuesto: 10 millones de dólares por año serían suficientes y ahorrarían al país los 20 millones que se roban, calcula, con sus habilidades de auditor, cada año. “Y con lo que sobra se pueden bajar impuestos, para que la gente deje de sentirse asfixiada”.

Además asegura que los cambios no deberían ser profundos. Sugiere una modificación, repite, separar gobierno y estado, pero que los derechos y las garantías de la constitución queden intactos. Sí propone que la segunda parte de la carta magna, la organizativa, deje de ser republicana. También que el gobierno sea electo como siempre y que la monarquía lo sea de la misma forma para así tener una reina o un rey y darle funciones de árbitro y moderador. “Una corona, escogida por una asamblea constituyente, conformada por políticos y por el pueblo, quizá con un referéndum”.

Para los candidatos a reina o rey, Mario dice que hay que mirar hacia los sectores de la sociedad que educan a sus hijos en los mejores colegios porque la tarea es complicada. “Hay familias que preparan desde siempre a sus hijos con formación de estadistas, pueden ser los Habsburgo o la línea de los Borbón-Parma. Ellos están en la Argentina. La idea es contar con personas que tengan el currículum que deben tener: preparación militar, preparación en ciencias políticas, preparación en ciencias económicas, preparación en el ámbito legal y preparación en el constitucional. No puede ser un abogado”.

La perfección del sistema, para él, se explica así: “Una vez elegida la primera casa real, se instala el sistema parlamentario, la gente elige a los diputados y después ellos al gobierno. Al primer ministro o primera ministra. Si pasa algo, si el gobierno hace las cosas mal, los legisladores pueden llamar a una moción de censura. Si la opinión pública piensa que el gobierno tiene que cambiar y el parlamento no, bueno el rey puede disolver el parlamento y llamar nuevamente a elecciones para que se forme un nuevo gobierno. Y si la gente no está de acuerdo con el rey, bueno, para eso está la línea de sucesión”.

-¿Vos querés ser rey?

-No. Yo me veo con un rol de asesor para organizar el sistema en una parte inicial si se da mientras vivo. Soy un especialista en la filosofía del funcionamiento de la monarquía. Estoy innovando en la teoría de funcionamiento del rol de rey. En breve, este año, vamos a presentar la propuesta ante el Congreso. Sabemos que en el primero momento lo van a rechazar, pero es un gesto político. Yo amo a la Argentina y la Argentina puede tener otro camino. Dentro de este rumbo no hay solución. Lo único que nos queda es más hambre y más problemas. La monarquía es el sistema más eficiente. Y el más barato también.