Lo que revelan las momias tatuadas sobre nuestros ancestros

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En la década de 1970, un grupo de cazadores se tropezó con ocho cuerpos de 500 años de antigüedad preservados por el clima del Ártico cerca de Qilakitsoq, un asentamiento inuit abandonado en el noroeste de Groenlandia. Tiempo después, cuando los científicos fotografiaron con película infrarroja a las momias, descubrieron algo fascinante: cinco de los seis cuerpos de mujeres tenían delicadas líneas, puntos y arcos tatuados en sus rostros.

Durante miles de años, los tatuajes fueron más que una simple decoración corporal para los inuit y otras culturas indígenas. Eran símbolos de pertenencia, representaban rituales de entrada a la adultez, invocaban creencias espirituales u otorgaban poderes que se podían convocar durante el parto o la caza. Sin embargo, a partir del siglo XVII, los misioneros y colonos decididos a “civilizar” a los pueblos indígenas prohibieron los tatuajes en todas las comunidades, excepto las más remotas.

La práctica desapareció de una forma tan rotunda en Groenlandia que Maya Sialuk Jacobsen, quien pasó su infancia allí, trabajó durante una década como tatuadora de estilo occidental antes de descubrir que sus antepasados inuit también habían sido tatuadores, aunque de naturaleza muy diferente.

Hoy en día, Sialuk Jacobsen utiliza documentos históricos, artefactos y las momias de Qilakitsoq —muchas de las cuales ahora se encuentran exhibidas en el Museo Nacional de Groenlandia— para investigar diseños tradicionales de tatuajes inuit. Luego, procede a tatuar a mano, sin máquina, los patrones en los rostros y cuerpos de mujeres inuit, y en ocasiones también de hombres, ayudándoles así a conectar con sus ancestros y recuperar una parte de su cultura.

“Me da mucho orgullo tatuar a una mujer”, dijo Sialuk. “Cuando conozca a sus antepasadas en el próximo mundo, será como mirarse en un espejo”.

Sin el registro físico dejado por los tatuajes antiguos, artistas modernos como Sialuk Jacobsen tendrían muy poca evidencia para guiar su trabajo. Afortunadamente, a medida que más tatuadores indígenas de todo el mundo resucitan tradiciones perdidas, un pequeño grupo de arqueólogos está rastreando el tatuaje a través del tiempo y el espacio, y ha ido descubriendo nuevos ejemplos de su importancia en las sociedades históricas y prehistóricas. Juntos, científicos y artistas están demostrando que el impulso de entintar nuestros cuerpos está profundamente arraigado en la psique humana, se extiende por todo el mundo y se comunica a través de los siglos.

Una antigua herramienta para tatuajes de América del Norte utilizada por la cultura Pueblo en el sureste de Utah. (Robert Hubner/Washington State University vía The New York Times)
Una antigua herramienta para tatuajes de América del Norte utilizada por la cultura Pueblo en el sureste de Utah. (Robert Hubner/Washington State University vía The New York Times)

Registrando la historia en tinta

Hasta hace poco, los arqueólogos occidentales ignoraban en gran medida los tatuajes. Debido al desinterés de estos científicos, las herramientas fabricadas para pinchar o cortar la piel humana fueron catalogadas como agujas de coser o punzones, mientras que las momias tatuadas “fueron consideradas más objetos de fascinación que especímenes científicos”, dijo Aaron Deter-Wolf, arqueólogo prehistórico de la División de Arqueología de Tennessee e investigador líder en la arqueología del tatuaje.

Incluso cuando el cuerpo de 5,300 años de Ötzi, el hombre de Similaun, fue recuperado de los Alpes italianos en 1991, con tatuajes visibles, algunos medios de comunicación en aquel entonces sugirieron que las marcas eran evidencia de que Ötzi era “probablemente un criminal”, dijo Deter-Wolf. “Hubo mucho prejuicio”.

Pero a medida que el tatuaje se ha vuelto más común en la cultura occidental, Deter-Wolf y otros científicos han comenzado a examinar los tatuajes y artefactos conservados en busca de información sobre cómo vivían las personas en el pasado y en qué creían.

Por ejemplo, una investigación de 2019 sobre los 61 tatuajes de Ötzi, ofrece un panorama de la vida en la Europa de la Edad del Cobre. Los puntos y rayas en la piel de la momia se corresponden con los puntos comunes de la acupuntura, lo que sugiere que las personas tenían un conocimiento sofisticado del cuerpo humano y quizás utilizaron los tatuajes para aliviar dolencias físicas como dolor en las articulaciones. En Egipto, Anne Austin, arqueóloga de la Universidad de Misuri-San Luis, ha encontrado docenas de tatuajes en momias femeninas, incluidos jeroglíficos que sugieren que los tatuajes estaban asociados con adoraciones a deidades y la curación. Esta interpretación desafía las teorías de los hombres académicos del siglo XX de que los tatuajes femeninos eran simplemente decoraciones eróticas o estaban reservados para las prostitutas.

El estudio científico de las momias tatuadas también inspira a artistas como Elle Festin, un tatuador de ascendencia filipina que vive en California. Como cofundador de Mark of the Four Waves, una comunidad global de casi 500 miembros de la diáspora filipina unidos a través del tatuaje, Festin ha pasado más de dos décadas estudiando los tatuajes tribales filipinos y utilizándolos para ayudar a quienes viven fuera de Filipinas a reconectarse con su patria. Una de sus fuentes son las “momias de fuego” o de Kabayan, miembros de las tribus ibaloys y kankana-ey cuyos cuerpos muy tatuados fueron preservados a fuego lento hace siglos.

Sin embargo, aunque las momias ofrecen la evidencia más concluyente de cómo y dónde tatuaban sus cuerpos las personas del pasado, son relativamente poco comunes en el registro arqueológico. Los artefactos como agujas para tatuaje hechas de hueso, conchas, espinas de cactus y otros materiales son más comunes y, por lo tanto, más útiles para los científicos que rastrean la historia de los tatuajes.

Para demostrar que este tipo herramientas se usaron para tatuar y no para coser cuero o ropa, arqueólogos como Deter-Wolf replican las herramientas, las utilizan para tatuar piel de cerdo o sus propios cuerpos, y luego examinan las réplicas con microscopios de alta potencia. Si los diminutos patrones de desgaste generados al perforar repetidas veces la piel coinciden con los de las herramientas originales, los arqueólogos pueden concluir que los artefactos originales sí fueron utilizados para tatuar.

A través de estos experimentos tan meticulosos, Deter-Wolf y sus colegas están haciendo retroceder la línea de tiempo del tatuaje en América del Norte. En 2019, Deter-Wolf fue autor de un estudio que mostró que los antepasados de los grupos modernos Pueblo tatuaban con espinas de cactus hace unos 2000 años en lo que en la actualidad es el suroeste de Estados Unidos. Este año, publicó un hallazgo que revela que hace unos 3,500 años las personas se tatuaban con agujas fabricadas a partir de huesos de pavo en lo que ahora es Tennessee.

Dion Kaszas, un tatuador y académico húngaro, métis y nhlakamuh en Nueva Escocia, está aprendiendo a crear sus propias agujas para tatuajes de huesos, gracias a Deter-Wolf y Keone Nunes, un tatuador hawaiano. Su meta, dijo, es “volver a esa tecnología ancestral; sentir lo que sintieron nuestros antepasados”. Debido a que quedan pocos ejemplos de los tatuajes nhlakamuh, Kaszas utiliza diseños de cestas, cerámica, vestimenta y arte rupestre. Investigaciones de otras culturas muestran que los diseños de tatuajes suelen imitar los patrones de otros artefactos.

Para Kaszas y otros, tatuarse no es solo una manera de revivir un lenguaje indígena prácticamente silenciado por el colonialismo, también tiene el poder de sanar heridas del pasado y fortalecer a las comunidades indígenas para el futuro.

“El trabajo que hacen nuestros tatuajes para sanarnos es un tipo de labor diferente al utilizado por nuestros antepasados”, dijo Kaszas. “Esa es una forma de medicina, que las personas miren su brazo y comprendan que están conectados a una familia, a una comunidad, a la tierra”.

Tinta rescatada del abismo

Aunque pueblos de numerosas culturas han reclamado su patrimonio de tatuajes en las últimas dos décadas, hay muchos otros que han visto cómo el suyo ha sido completamente oscurecido por la colonización y la asimilación. Sin embargo, ahora que los científicos están prestando más atención a los tatuajes, su trabajo podría sacar a la luz más tradiciones perdidas.

Deter-Wolf espera que arqueólogos en otras partes del mundo comiencen a identificar artefactos para tatuajes utilizando la metodología de la que él y otros científicos de América del Norte han sido pioneros, y descubran huellas cada vez más lejanas. También supervisa una base de datos en línea de código abierto de momias tatuadas, que busca corregir datos erróneos comunes e ilustrar la extensión geográfica de estos especímenes. La lista incluye momias de 70 sitios arqueológicos en 15 países —incluyendo Sudán, Perú, Egipto, Rusia y China— pero Deter-Wolf espera que crezca a medida que la captura de imágenes infrarrojas y otras tecnologías revelen más pieles entintadas en momias existentes.

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© 2021 The New York Times Company

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