La historia real detrás de la maldición de la momia

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Concepto artístico sobre una momia para la película de 1964
Concepto artístico sobre una momia para la película de 1964 "La maldición de Anubis". (Imagen creative commons vista en Flickr - crédito: Tom Simpson).

Antes de que la trilogía cinematográfica sobre La Momia (con películas estrenadas entre 1999 y 2008 y protagonizadas por Brendan Fraser) explotase de nuevo el mito de la maldición, el mundo llevaba más de un siglo “regocijándose” en la supuesta leyenda protectora de estos venerables y antiquísimos cadáveres egipcios.

Muchos creen que el origen de la leyenda nació en realidad a comienzos del siglo XX, cuando el mecenas que financiaba la expedición que llevó a Howard Carter a descubrir la tumba de Tutankamón en 1922, a la sazón el quinto conde de Carnarvon, un Lord inglés de alta cuna llamado George Herbert, murió en extrañas circunstancias poco después de adentrarse en el mausoleo del faraón niño. El conde estaba tan obsesionado con el descubrimiento, que una vez localizada la tumba, Carter tuvo que esperar pacientemente a que este viajase a Egipto para abrirla en su presencia.

¿De qué murió realmente el conde? Pues de una infección producida a raíz de un feo corte que se hizo mientras se afeitaba. ¿Qué escribió en cambio la prensa? Pues que la maldición de un faraón de 3.000 años de antigüedad estaba detrás de la enfermedad y muerte de George Herbert. No voy a hablaros ahora del regusto por el amarillismo que asolaba por entonces a la prensa anglosajona, tampoco es que haya mejorado mucho ahora.

En fin, lo cierto es que el mito de la maldición de la momia es anterior al mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX. En realidad surgió a mediados del siglo XIX, aunque se fue desarrollando de forma gradual con el paso del tiempo, ayudado principalmente por las contribuciones literarias en primera instancia, y cinematográficas más tarde. Incluso a día de hoy, internet bulle de lugares “poco recomendables” donde se sigue alimentando al mito.

En 2006, la egiptóloga Jasmine Day escribió un libro sobre el tema en el que podía leerse: “en mis investigaciones sobre el origen del mito llegué a dar con una novela olvidada de la década de 1860 escrita por una mujer, en la que se relataba como un hombre le quitaba las vendas a una momia femenina para robarle sus joyas, solo para sufrir una muerte horrible y provocar terribles consecuencias a quienes le rodeaban”. Según Day, “desnudar a la momia” en esta historia podría ser una metáfora de la violación. Al mismo tiempo, la novela podría encerrar una condena velada sobre la destrucción de la herencia cultural egipcia a manos del colonialismo occidental, en pleno auge en la época en la que fue escrita.

Está claro pues, que las leyendas sobre maldiciones a manos de momias vengativas existían mucho antes del descubrimiento de Carter. Algunos estudiosos creen que el occidente moderno comenzó a cautivarse por el exotismo egipcio tras la expedición de Napoleón a aquellas tierras, momento en el que por cierto se descubrió la piedra Roseta, que permitió desencriptar la escritura jeroglífica. En realidad, en tiempos de la antigua Roma y Grecia, la tierra de las pirámides provocaba idéntica fascinación, ahí está la leyenda sobre la figura de Cleopatra, que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Rostro de una momia egipcia liberada de la mortaja. (Imagen creative commons vista en Pxfuel).
Rostro de una momia egipcia liberada de la mortaja. (Imagen creative commons vista en Pxfuel).

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, las élites adquirían momias en Egipto a modo de pasatiempo social. Luego se reunían en la mansión de alguna familia noble y procedían a retirar las vendas al cadáver únicamente por diversión. Mucha gente se mostraba preocupada entonces por esta práctica, puesto que entendían que no era correcto turbar el sueño de los muertos. Recordemos que hablamos del mismo período histórico en que Bram Stoker (famoso por su novela “Drácula”) escribía "La joya de las siete estrellas” (1903), en la que un arqueólogo de su tiempo sufría la maldición de una momia.

Si os preguntáis si el asunto ha sido estudiado seriamente por la ciencia, la respuesta es sí. Aunque pueda sonar ridículo, los científicos han llegado a diseñar modelos matemáticos con la intención de determinar el tiempo que un patógeno podría sobrevivir en el interior de una tumba. En 1998 por ejemplo, el biólogo Sylvain Gandon (por aquel entonces trabajando en la Universidad Pierre y Marie Curie de París) publicó un artículo en la revista Proceedings of the Royal Society of London. Series B: Biological Sciences en el que decía desacomplejadamente que: “la misteriosa muerte de Lord Carnarvon tras entrar en la tumba del faraón egipcio Tutankamón podría explicarse potencialmente por una infección con un patógeno altamente virulento que tuviera una longevidad extraordinariamente larga”. Por desgracias para Gandon, estudios posteriores echaron por tierra tal posibilidad.

De hecho, un estudio realizado en 2002 por Mark Nelson, profesor de epidemiología y medicina preventiva en la Universidad Monash de en Australia, descubrió que no había ninguna evidencia de que aquellos que se introdujeron en la tumba recién abierta de Tutankamón murieran a edades inusualmente tempranas. Tras examinar la vida de 25 personas que trabajaron en la excavación, la edad media resultó ser 70 años, nada mal para los estándares de comienzos del siglo XX. El artículo se publicó en The British Medical Journey.

En fin, como veis el constante bombardeo sobre momias vengativas al que nos somete la cultura popular no es algo que sugiera de la nada, súbitamente. La fiebre por los muertos egipcios que vuelven a la vida para destrozar a quien les perturba se ha venido cocinando a fuego lento desde tiempos lejanos. Y lo que te rondaré morena…

Me enteré leyendo Live Science

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