En los momentos de mayor tensión de la crisis, la Iglesia alertó sobre el impacto en el escenario social

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Colombo, Poli, Ojea, Fernández, Solá, Oliveri y Malfa, en la Casa Rosada
Colombo, Poli, Ojea, Fernández, Solá, Oliveri y Malfa, en la Casa Rosada

En los momentos más tensos del enfrentamiento entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, varios obispos hicieron llegar a lo más alto del poder su preocupación por el futuro del país. Más que una inquietud por cambios de nombres y designaciones, que no modificarán la relación del Gobierno con la Iglesia, advirtieron sobre el impacto de la crisis en el escenario social.

A través de vías informales, la Iglesia transmitió sus mensajes al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y a personas cercanas al Presidente y a la vicepresidenta, según pudo saber LA NACION. “Esperamos que ellos mismos encuentren un espacio orgánico de conversación, que es lo que corresponde pensando en el bien común”, señaló en las horas de máxima tensión un obispo de fuerte predicamento.

“Muchos opinan movidos por la pasión partidaria o de su propia facción política, pero nosotros lo hacemos más allá de eso, preocupados por el futuro del país”, respondió otro obispo a este diario, en referencia a la crisis social, reflejada como pocas veces por el resultado de las PASO.

En el propio Gobierno relativizaron las inquietudes que hicieron llegar los obispos. “Puede ser que algunos se hayan comunicado, pero no nos consta”, señalaron fuentes oficiales. Al respecto en la Iglesia confirman que “algunas voces episcopales se estuvieron moviendo” e, incluso, esperaban que el Presidente habilitara “un espacio de discusión”.

El presidente del Episcopado y obispo de San Isidro, Oscar Ojea, transmitió la sensación de la Iglesia frente al inédito conflicto político y advirtió que “en la Argentina se discute poder y no un proyecto de Nación”.

En un videomensaje difundido por las redes sociales, Ojea cuestionó el nivel del debate político, en medio de la disputa electoral. “No discutimos a dónde vamos, no pensamos adónde tenemos que ir, no nos podemos poner a pensar juntos, sino que discutimos poder; poder mediático, poder económico, poder político”.

En tanto, mientras los ojos de la política se posaban en la pelea por los cambios en el gabinete, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, pidió a los sacerdotes y laicos, en la misa de apertura de la Asamblea Sinodal, “ir a las periferias de la ciudad y a fijar la mirada en los más pequeños y desamparados. En todas las parroquias y capillas del país se realizará hoy la colecta Más por Menos, destinada a auxiliar a las regiones más necesitadas, por lo que se multiplicaron las voces de los obispos por la situación extrema de la pobreza.

“La pandemia ha dejado un tendal de heridos y lastimados, no solamente enfermos o a veces fallecidos, sino situaciones que se han hecho mucho más trágicas después de la emergencia”, dijo, en ese sentido, el obispo Ojea.

Los reclamos de la Iglesia por la profundización de los problemas sociales, el manejo de la pandemia y el mensaje que la población dio el domingo pasado en las PASO se resumen, además, en el contundente pronunciamiento del arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, en una nota publicada en LA NACION, con el título “Presidente, queda poco tiempo”.

Considerado uno de los obispos que mejor interpreta el pensamiento del papa Francisco, monseñor Fernández planteó en su artículo un mensaje directo al Presidente. “Muchos esperamos que pueda revisar a tiempo su agenda de prioridades, para evitar una debacle que terminaría dañando todavía más a nuestro pueblo”, señaló en el texto. Y recordó que vio al Presidente “muy entretenido con el aborto, la marihuana y hasta la eutanasia”, mientras los países vecinos compraban vacunas.

Esta mención no es casual. Remite al malestar que genera en los obispos la influencia que ejercen sobre el Presidente funcionarios con despacho en la Casa Rosada que militan en favor del aborto y del lenguaje “no binario”, entre otras posturas resistidas por la Iglesia. Ya en noviembre del año pasado, el arzobispo Fernández había señalado que “no se pueden defender los derechos humanos y propiciar el aborto”.

Víctor Manuel Fernández
Víctor Manuel Fernández


El arzobispo Víctor Manuel Fernández le pidió al Presidente "revisar a tiempo su agenda de prioridades"

El escenario social

La preocupación por los problemas sociales es una constante en el arzobispo de La Plata, que durante su anterior gestión como rector de la Universidad Católica Argentina (UCA) puso en marcha las mediciones de la pobreza y otros indicadores sociales, a través del Observatorio de la Deuda Social Argentina, cuando las estadísticas del Indec durante el gobierno de Cristina Kirchner no eran confiables.

En su cuenta de Twitter, Cáritas -el brazo social de la Iglesia- adhirió al mensaje de Ojea y avanzó un poco más, frente a la disputa interna que estalló entre Alberto Fernández y Cristina Kirchnertras la derrota electoral. “En la tarea diaria de Cáritas constatamos que las comunidades más pobres no necesitan ser espectadores de peleas y pujas de poder, sino que anhelan ser parte de un proyecto de nación que busque el acceso al trabajo, la educación y la vivienda”, dijo la organización, que preside el obispo de Quilmes, Carlos Tissera.

Las principales demandas de la Iglesia, más allá de la necesidad de evitar transitar caminos de riesgo institucional, apuntan a revertir el agravamiento del cuadro social y la necesidad de fortalecer los mecanismos de creación de empleo genuino. Los obispos acompañan, en ese sentido, las propuestas que tienden a reconvertir los planes sociales en puestos de trabajo, aunque son conscientes de que su ejecución no es un trámite sencillo.

En distintos estamentos de la Iglesia perciben como negativo el enfrentamiento entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, por las consecuencias que puede generar en el plano social.

“Estamos muy preocupados, porque daña muchísimo el vínculo de nuestro pueblo con la política y en esa volteada también cae lo público”, explicó una fuente cercana al Episcopado.

“Vemos a la gente de los barrios enojada y dolida. Muchos sienten que se quedan a la deriva, sin quienes van a cuidarlos y velar por lo que necesitan para vivir mejor”, es el diagnóstico compartido en la Iglesia.

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