Molly Burhans: la joven activista que ayuda al papa Francisco a combatir el cambio climático

LA NACION
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Molly Burhans tiene 26 años, es cartógrafa y ambientalista, y diseñó un proyecto para ayudar al Vaticano a luchar contra el cambio climático: documentar las propiedades globales de la Iglesia Católica. Siendo católica desde los 21 años y con una incesante preocupación en el futuro del planeta, comenzó a pensar en formas en las que la Iglesia Católica podría volverse una fuerza ambiental global.

"Hay 1200 millones de católicos. Si la Iglesia fuera un país, sería el tercero más poblado, después de China e India", dijo Burhans a la revista The New Yorker. El artículo, redactado por David Owen, menciona que "la Iglesia, además, es probablemente el mayor terrateniente no estatal del mundo".

La nota menciona que para el 2050, doscientos millones de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares por culpa de desastres climáticos tales como inundaciones, sequías, el aumento del nivel del mar, entre otros y que gran parte de estos habitantes residen en lugares donde la Iglesia tiene más influencia que cualquier gobierno.

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"No hay forma de que abordemos la crisis climática o la pérdida de biodiversidad de manera oportuna si la Iglesia Católica no se involucra, especialmente con sus propias tierras y propiedades", dijo Burhans a The New Yorker.

En 2015, la joven nacida en Nueva York fundó "GoodLands". El objetivo inmediato de Burhans es utilizar la tecnología que adquirió durante su carrera - herramientas cartográficas y de gestión de datos conocidas como Sistemas de Información Geográfica (SIG)- para crear un plan de clasificación de la tierra que pudiera usarse para evaluar y luego administrar las tenencias de propiedades globales de la Iglesia.

Comenzó por documentar las posesiones actuales de la Iglesia. "Me encontré con que ninguno de ellos sabía lo que poseía", dijo a la revista. "Algunos ni siquiera tenían registros en papel".

Burhans realizó un master en la Universidad de Conway, en Massachusetts. "Fue mientras estaba en Conway cuando Burhans decidió que su objetivo profesional original había sido demasiado estrecho. En lugar de reformar las prácticas de uso de la tierra de un solo convento o monasterio, pensó, ¿por qué no utilizar SIG para analizar todas las propiedades católicas y luego ayudar a la Iglesia a aprovecharlas mejor?", dice el artículo.

Para el 2050, doscientas millones de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares por culpa de desastres climáticos The New Yorker

"En 2017, GoodLands trazó un mapa de casos de abuso que involucraban a sacerdotes católicos (.) Históricamente, los funcionarios de la Iglesia han permitido que los acusados de abuso desaparezcan en nuevas asignaciones, incluidos puestos de enseñanza en escuelas primarias", explica The New Yorker. "En los mapas y gráficos que creó GoodLands, puede seguir a un abusador individual de una asignación a otra (.) Burhans también pudo demostrar que el número de casos se redujo drásticamente en las diócesis en las que se habían implementado políticas formales para proteger a los menores."

Durante el otoño de 2017, formó parte de dos conferencias en el Vaticano, una relacionada al a misión de "Laudato Sí". En el verano de 2018, volvió a Roma para otra conferencia, pero esta vez tuvo la oportunidad de explicar su proyecto al Papa. "Le dio a Francisco un mapa que mostraba el porcentaje de católicos en cada diócesis del mundo y le explicó cómo ese mapa se relacionaba con los proyectos más grandes que ella imaginaba. (.) Poco antes de volar a casa, recibió un correo electrónico que decía que Francisco estaba interesado en establecer un instituto de cartografía en el Vaticano, con una prueba de seis meses, con ella como directora". Tuvo que rechazar la oferta, porque no incluía un presupuesto.

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En 2019, la ONU la nombró "Joven Campeón de la Tierra para América del Norte", un premio para ambientalistas entre 18 y 30 años. También trabajó "en una propuesta para el Vaticano que incluía un prospecto de setenta y nueve páginas para un proyecto de prueba de diez meses, cuyo costo estimó en poco más de un millón de dólares. El prospecto incluía su bosquejo de la misión ambiental que ella creía que la Iglesia debería emprender, así como explicaciones (ilustradas por mapas y gráficos interactivos) de cómo SIG podría utilizarse para apoyar y coordinar otras actividades eclesiásticas, entre ellas la evangelización, la gestión inmobiliaria, la seguridad papal, la diplomacia y los esfuerzos continuos para poner fin al abuso sexual por parte de sacerdotes", cuenta el artículo.

Esperaba tener una reunión con Francisco en abril para negociar su plan, pero llegó la pandemia y suspendió sus planes, aunque espera que el tema vuelva a ponerse en la agenda del Vaticano. Mientras tanto, "GoodLands planea expandir su misión para incluir clientes laicos". "El mismo enfoque que hemos utilizado para las propiedades católicas se puede utilizar para otros terratenientes", dijo. "Lo que hacemos tiene valor para cualquier gran propietario que se preocupe por el medio ambiente, y para poder escalar este trabajo, debemos servir a todos".