Moldavia se enfrenta a un invierno sombrío a raíz de la crisis energética

El silencio se cierne sobre la normalmente ruidosa fábrica de Ion Ignat en Chetrosu, Moldavia, donde la producción está detenida por la subida de los precios de la energía y pone en peligro el futuro de sus 50 trabajadores.

"Normalmente, todas las máquinas funcionan. Ahora todo está en silencio", dice el propietario de la planta que fabrica ladrillos y productos de hormigón a una media hora en coche de la capital, Chisinau.

Este hombre de 60 años decidió detener la producción a principios del mes pasado por primera vez desde 1992, cuando la espiral de precios de la energía hizo que fuera demasiado caro encender los hornos y hacer funcionar la maquinaria.

Ignat espera reanudar pronto la producción si los precios del petróleo y el gas bajan.

Mientras tanto, como muchos otros en este empobrecido país enclavado entre Rumania y Ucrania, se prepara para un duro invierno.

Ante la posibilidad de quedarse sin el gas ruso del que ha dependido durante décadas, los próximos meses serán cruciales para este país de 2,6 millones de habitantes con un pasado soviético y ambiciones europeas.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, visitará el país a finales de esta semana para discutir cómo el bloque puede ayudar a Moldavia, candidato a entrar en la Unión Europea tras la invasión rusa de Ucrania.

- Sin energía -

Su presidenta, Maia Sandu, proeuropea y formada en Harvard, ha advertido que su país corre el riesgo de quedarse sin gas y electricidad este invierno, ya que el precio del primero ha subido un 600% en el último año.

"Es un reto diario abastecer de energía al país. Una familia está pagando entre el 70 y el 75% de sus ingresos en las facturas" de gas y electricidad, dijo Sandu en un reciente discurso ante el parlamento de la vecina Rumania.

Moldavia, donde la inflación fue del 33,9% interanual en septiembre, depende casi por completo del gas ruso.

Pero el gigante energético ruso Gazprom está reduciendo las entregas a la mitad en noviembre, según Chisinau.

En cuanto a la electricidad, Ucrania solía suministrar el 30% de sus necesidades. Pero los ataques rusos en las infraestructuras energéticas de ese país llevaron a Kiev a detener todas las exportaciones a Moldavia.

El 70% restante de la energía del país procede normalmente de una central térmica de Transnistria, una pequeña región escindida en la que hay tropas rusas, que también cortó los suministros.

Rumania, miembro de la UE, dijo el mes pasado que empezaría a vender electricidad a su vecino a un precio reducido debido a las dificultades creadas por la guerra en Ucrania.

El gobierno moldavo también ha instado a las ciudades a apagar el alumbrado público y a los hogares a limitar el consumo, y ha pedido a las empresas que cambien sus horarios para trabajar en horas valle.

Uno de los que ha hecho caso a la llamada es Sergei Litra, propietario de la primera cervecería artesanal de Moldavia.

Sus empleados trabajan ahora en dos turnos fuera de las horas punta, uno de ellos de las 23h00 a las 05h00.

"Todo depende de cuándo termine la guerra en Ucrania. Esta guerra hizo que todo el mundo comprendiera que necesitamos independencia energética", dijo a la AFP este hombre de 36 años, añadiendo que estaba considerando comprar paneles solares.

- Chantaje -

Sandu, una execonomista del Banco Mundial elegida en 2020, dijo que la dependencia de Moldavia del gas ruso es una "vulnerabilidad que genera chantaje político".

En una nación polarizada, a menudo considerada como dividida entre Rusia y Occidente, a Sandu le preocupa que la actual agitación económica pueda provocar disturbios sociales.

En la fábrica de ladrillos, Ignat cree que "los próximos seis meses serán decisivos" para su país.

"Tenemos un pie en Rusia y otro en la UE. Pero si somos valientes y dignos, tendremos los dos pies en Europa y nos libraremos del chantaje de los últimos 30 años", declaró a la AFP.

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