Una lección para volver a disfrutar la vida aunque todo parezca cuesta arriba

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Mantenernos en modo supervivencia nos hará sentir agotados, desconectados emocionalmente y enajenados de la vida. [Foto: Getty Images]
Mantenernos en modo supervivencia nos hará sentir agotados, desconectados emocionalmente y enajenados de la vida. [Foto: Getty Images]

Hay etapas en la vida en las que nos limitamos a sobrevivir. A dejar pasar un día tras otro. Envueltos en una cotidianidad gris. Viviendo en piloto automático. Asentados en un malestar que no es demasiado grande como para bloquearnos, pero resulta lo suficientemente pesado como para impedirnos disfrutar de la vida.

Cuando estamos en modo supervivencia solo intentamos pasar la jornada. No tenemos un plan a medio o largo plazo. Nuestro horizonte temporal se estrecha y las ilusiones se desvanecen. Alargar indefinidamente ese estado es insostenible. A la larga nos hará sentir agotados, desconectados emocionalmente y enajenados de la vida.

De la supervivencia adaptativa a la patológica

El modo supervivencia es una respuesta adaptativa, pero se vuelve patológica cuando se mantiene a lo largo del tiempo. [Foto: Getty Images]
El modo supervivencia es una respuesta adaptativa, pero se vuelve patológica cuando se mantiene a lo largo del tiempo. [Foto: Getty Images]

El modo supervivencia se activa cuando percibimos una amenaza que puede representar un peligro para nuestra integridad física o psicológica. Cuando nos enfrentamos a una amenaza, se desencadenan una serie de cambios hormonales y fisiológicos que nos preparan para luchar o huir.

Imagina, por ejemplo, que vas caminando por la sabana africana y escuchas el rugido de un león. Como respuesta, tu organismo comenzará a producir hormonas del estrés, las cuales te prepararán para afrontar ese peligro. En ese momento se activa el modo supervivencia. El olor de las flores o la belleza de la puesta de sol dejan de importante. De hecho, ni siquiera los notarás. Solo puedes enfocarte en la amenaza para trazar un plan de supervivencia que te permita ponerte a salvo.

Esa respuesta es adaptativa y puede salvarte la vida o darte la energía adicional que necesitas para quedarte varias noches trabajando en un proyecto importante, pero solo durante un corto periodo de tiempo. Si te mantienes en modo supervivencia durante semanas, meses o incluso años tu cuerpo pagará la factura y es probable que termines desarrollando alguna enfermedad psicosomática.

Además del impacto físico, el modo supervivencia te arrebata la capacidad para disfrutar de la vida. Cuando siempre tienes un fuego que apagar es difícil encontrar el tiempo para detenerte y sentirte agradecido, feliz o en armonía. También es difícil conectar emocionalmente con los demás o incluso contigo mismo porque esa sensación de urgencia lo llena todo. El modo supervivencia activa una especie de visión en túnel en la que solo puedes notar aquello que te preocupa. El resto desaparece.

¿Por qué entramos en modo supervivencia?

El modo supervivencia es una respuesta defensiva que puede activarse por múltiples causas. [Foto: Getty Images]
El modo supervivencia es una respuesta defensiva que puede activarse por múltiples causas. [Foto: Getty Images]

El estilo de vida moderno genera una sensación de urgencia y aprensión que facilita la instauración del modo supervivencia. De hecho, muchos de nosotros somos auténticos expertos en sobrevivir un día tras otro. Hemos aprendido a seguir el curso de la vida y hacer lo que se supone que debemos hacer – no lo que queremos hacer. Ello nos permite movernos con cierta eficacia en el entorno social, cumplir con nuestros compromisos y llegar a todo.

Como resultado, nuestras jornadas se convierten en una réplica de esa sabana, solo que los animales peligrosos son los plazos inminentes, los retos profesionales, los compromisos sociales, los conflictos relacionales, las dificultades económicas, las tareas del día a día… Entre una cosa y otra no nos queda tiempo para saborear la vida, nos limitamos a sobrevivir.

Sin embargo, el modo supervivencia también puede activarse a raíz de un hecho traumático o una experiencia adversa. La pérdida de un ser querido, por ejemplo, puede sumirte en un estado casi catatónico en el que te limitas a dejar pasar un día tras otro, con la secreta esperanza de recuperar la ilusión en algún momento. De hecho, en los duelos no elaborados ese estado de supervivencia puede prorrogarse indefinidamente.

La pandemia también hizo que muchas personas entraran en modo supervivencia. La inseguridad económica, el miedo al contagio o la propia incertidumbre de la situación han generado un nivel de alarma y aprensión del que aún hoy algunas personas no han logrado deshacerse. Si eres una de esas personas, es probable que no hayas logrado retomar tu antiguo ritmo y te limites a sobrevivir un día tras otro, sin poder disfrutar plenamente de la vida, viendo peligros por todas partes.

El modo supervivencia también es una respuesta aprendida en quienes han tenido una infancia o una adolescencia difícil. Se trata de personas que han tenido que luchar para sobrevivir en un ambiente hostil y no conocen otra manera de vivir. Si gran parte de tu vida ha sido una lucha, es probable que no logres bajar la guardia y estés siempre a la defensiva, esperando el próximo golpe. También es probable que pienses que no tienes tiempo para divertirte ni derecho a disfrutar.

Sea cual sea la causa, si pasas demasiado tiempo en modo supervivencia la lucha continua se convertirá en tu sentido vital. Luchar contra las circunstancias, ya sean las obligaciones agotadoras del día a día o un hecho traumático no procesado del pasado, se transformará en el epicentro de tu vida.

No es que te hayas convertido en un adicto al malestar, sino que has vivido durante tanto tiempo en una situación hostil que te has visto obligado a encontrar un equilibrio para sobrevivir y lo mantienes por simple inercia. Así has terminado convirtiendo la supervivencia en tu modo de vida.

¿Cómo recuperar la capacidad para disfrutar de la vida?

Cultivar las ilusiones te permitirá identificar aquello que aporta luz y bienestar a tu vida. [Foto: Getty Images]
Cultivar las ilusiones te permitirá identificar aquello que aporta luz y bienestar a tu vida. [Foto: Getty Images]

1. Reserva tiempo para el hedonismo

Si estás en modo supervivencia, es probable que hayas olvidado lo que significa disfrutar de la vida. Quizá esa simple idea pueda parecerte un sacrilegio. Sin embargo, si quieres proteger tu bienestar físico y psicológico, necesitas desconexión, descanso y ocio.

Reservar unos minutos al día para el hedonismo te hará muy bien. Se trata de reencontrar la capacidad para disfrutar de esas cosas que no tienen ningún sentido ni funcionalidad más allá de pasarlo bien. Vuelve la vista atrás y recuerda las cosas que disfrutabas. ¡Recupéralas! O prueba algo nuevo.

Al inicio te costará. Es probable que experimentes una sensación de incomodidad o incluso culpa porque piensas que estás perdiendo el tiempo. Resiste el impulso de hacer algo y redirige tu atención suavemente hacia el momento presente. Recuerda que no solo mereces descansar y disfrutar, sino que lo necesitas.

2. Conecta contigo mismo

Cuando estás en modo supervivencia es habitual que tu atención se vuelque hacia fuera buscando peligros y amenazas potenciales. Esa proyección externa hará que pierdas el contacto contigo mismo. De hecho, en los casos más graves incluso puedes experimentar cierta despersonalización; o sea, enajenarte de ti mismo y de tus necesidades.

Para recuperar el placer por la vida, es importante que reconstruyas ese vínculo interior. Comienza a dirigir tu atención hacia ti y pregúntate: ¿Cómo estoy? ¿Qué necesito? ¿Qué señales me está enviando el cuerpo? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo podría sentirme mejor?

Ese trabajo de reconexión interior te permitirá comprender que necesitas y mereces atención. Que los compromisos y problemas de tu día a día son importantes, pero tú también lo eres. Que necesitas hacer un alto para cambiar todo lo que debe ser cambiado. Que, en definitiva, no puedes seguir limitándote a sobrevivir.

3. Simplifica tu vida

Si estás en modo supervivencia porque te has quedado atrapado en un estilo de vida caótico y ajetreado, necesitas simplificar. Necesitas reorganizar tus jornadas para dar a cada cosa la importancia que merece, ni más ni menos.

Imagina por un momento un barco que está haciendo agua. Para mantenerse a flote, la tripulación empieza a tirar objetos por la borda pues solo así podrá aligerar la carga hasta que lleguen a rescatarlos. Es probable que necesiten esas cosas. A fin de cuentas, las llevaban a bordo. Sin embargo, cuando la opción es hundirse o flotar, esas cosas no son vitales.

Si has entrado en modo supervivencia porque te sientes abrumado por la cantidad de tareas que asumes cada día, necesitas soltar lastre y dejar de pensar que estar ocupado es una especie de insignia de honor de la cual sentirse orgulloso. Analiza tus compromisos y obligaciones. Decide cuáles son importantes y contribuyen a tus metas a largo plazo y deshazte de aquellos que solo consumen tu tiempo y energía sin aportar nada relevante.

4. Practica la gratitud

Cuando estás en modo supervivencia, es difícil apreciar las cosas buenas de la vida. Las preocupaciones absorben tu atención como si se tratara de un agujero negro. Por eso necesitas abrir tu perspectiva y ver más allá de las cosas que te preocupan. Practicar la gratitud es una excelente herramienta para reencontrar la capacidad de disfrutar de la vida.

Psicólogos de la Universidad de California, por ejemplo, pidieron a un grupo de personas que hicieran una lista de las cosas por las que podían sentirse agradecidos a lo largo de 10 semanas. Otros simplemente escribieron sobre un tema neutro. Pasado ese tiempo, las personas que habían practicado la gratitud se sentían más felices y satisfechas con su vida.

Una técnica sencilla consiste en llevar un diario de la gratitud. No es necesario que escribas mucho, tan solo puedes anotar tres motivos por los que te has sentido agradecido ese día. Al inicio será difícil porque tendrás una venda pesimista en los ojos, pero con el paso del tiempo descubrirás que existen cada vez más razones para sentirte agradecido y podrás hacer consciente todo lo bueno que tienes y de lo que no te habías dado cuenta porque te la pasabas apagando fuegos.

5. Cultiva la ilusión

Si llevas mucho tiempo limitándote a sobrevivir, es probable que hayas desarrollado una especie de indefensión aprendida. Eso significa que quizá pienses que no puedes hacer nada para cambiar el estado de las cosas. Que todo es inútil. Y que no te queda más opción que resignarte.

La indefensión aprendida es una prisión psicológica que bloquea cualquier posibilidad de cambio, hasta tal punto que te vuelves incapaz de ver las oportunidades que se cruzan en tu camino. La mejor manera para combatir esa sensación de indefensión y recuperar la capacidad para disfrutar de la vida es cultivar la ilusión.

La supervivencia no es un terreno fértil donde crezcan las ilusiones, los sueños y los deseos. Cuando solo te centras en apagar fuegos un día tras otro, tu perspectiva de futuro se reduce. Esforzarte por mirar más allá cultivando las ilusiones y los deseos te permitirá identificar aquello que aporta luz, felicidad y bienestar a tu vida. Así podrás cultivar la esperanza, una semilla que no suele germinar en tiempos de guerra, cuando ves todo oscuro.

Por último, recuerda ser amable contigo mismo a lo largo de ese proceso. Sea cual sea la razón por la cual entraste en modo supervivencia, no es tu culpa. Tu cuerpo y tu mente son expertos en adaptarse a los cambios, pero no siempre lo hacen de la manera más útil o se olvidan de desconectar esa función cuando ya no es necesaria. Si has estado mucho tiempo dedicándote a sobrevivir, también necesitarás tiempo para salir de ese bucle. Sé paciente y trátate de manera compasiva.

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