La moda por los vestidos vintage en la alfombra roja

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Brynn Jones, propietaria de Aralda Vintage en Los Ángeles, viste un vestido Paco Rabanne de la década de los ochenta, en la tienda el 3 de enero de 2022. (Michelle Groskopf/The New York Times)
Brynn Jones, propietaria de Aralda Vintage en Los Ángeles, viste un vestido Paco Rabanne de la década de los ochenta, en la tienda el 3 de enero de 2022. (Michelle Groskopf/The New York Times)

La alfombra roja es un intercambio financiero, al menos la más importante de las alfombras rojas. Si la cadena E! tiene al menos un reportero con micrófono esperando, es porque hay mucho dinero sobre la mesa.

Pero, al igual que muchos intercambios financieros, sus transacciones suelen ser opacas. Las marcas de moda pagan cantidades de dinero no reveladas para que las celebridades sean “embajadoras”: usen sus vestidos, esmóquines, esmaltes de uñas y prendas moldeadoras (aunque no todas las marcas, ni todas las celebridades).

Por eso ha sido tan notable el aumento constante y bien documentado de las prendas vintage en las principales alfombras rojas. Y es de esperar que continúe en esta temporada de premios, aun cuando todavía no haya planes de televisar los Globos de Oro el domingo.

Un ejemplo de lo más destacado: el otoño pasado, Olivia Rodrigo lució un vestido de corte sirena sin tirantes de la colección de Versace del 2001 para los premios de MTV. Zendaya lució un vestido de Roberto Cavalli del año 2000 para la ceremonia de entrega del Balón de Oro en París. Para la Gala del Met, Addison Rae eligió un vestido rojo encorsetado de Gucci del año 2003.

“Cada vez más personas son conscientes de que a las celebridades les pagan por vestir lo que vemos en la alfombra roja, es una oportunidad de marca”, afirma Cherie Balch, coleccionista de ropa vintage y propietaria de la tienda Shrimpton Couture. Por ejemplo, en 2008, una demanda reveló que a la actriz Charlize Theron se le habían pagado 200.000 dólares por llevar joyas de Chopard en los premios de la Academia dos años antes.

“Así que cuando alguien elige llevar ropa vintage”, dice, “está diciendo en cierto modo: ‘Yo decido. Me lo pongo porque me encanta cómo me queda. No me importa que no esté patrocinado por alguien’. Eso le parece más auténtico a mucha gente en un mundo tan lleno de marcas”, afirma.

Las prendas vintage están presentes desde hace tiempo en la alfombra roja: recuerden el vestido de Dior de los años 50 que Reese Witherspoon llevó a los premios de la Academia en 2006, o en Julia Roberts, que rompió las reglas de la moda de los Oscar al llevar un Valentino de 1992 a la ceremonia de 2001.

Los lentes de "ceja" de Jean Paul Gaultier de los noventa y un cinturón de víbora de Dolce & Gabbana del año 2000 en Aralda Vintage en Los Ángeles, el 3 de enero de 2022. (Michelle Groskopf/The New York Times)
Los lentes de "ceja" de Jean Paul Gaultier de los noventa y un cinturón de víbora de Dolce & Gabbana del año 2000 en Aralda Vintage en Los Ángeles, el 3 de enero de 2022. (Michelle Groskopf/The New York Times)

Pero los coleccionistas, entre los que se encuentra Balch, afirman que la demanda actual nunca ha sido tan alta (incluso con los grandes eventos que todo el tiempo se posponen o se hacen en Zoom por la pandemia). Están llegando a nuevos consumidores, gracias en parte a que cada vez más celebridades y estilistas les dan crédito en las redes sociales, y están reconfigurando su forma de hacer negocios.

Aralda Vintage, que proporcionó a Rodrigo los pendientes de mariposa de brillantes que llevó a los VMA, así como el traje de Chanel de los 90 que lució en la Casa Blanca en julio, tiene una tienda en Beachwood Canyon, en Los Ángeles, un barrio tranquilo que dejó de serlo en 2020, después de que Harry Styles mencionara una cafetería local en una canción y atrajera a un flujo de nuevos visitantes entusiastas. La pequeña tienda parece un secreto, tiene una iluminación discreta y cálida, con estantes de lentejuelas y plumas y tul y tweed alineados en los muros.

Brynn Jones, la propietaria, dice que planea abrir una segunda tienda este año, en el barrio de Los Feliz. Será más grande, con más ropa vintage sin marca y precios más asequibles, mientras que la tienda más pequeña seguirá teniendo el tipo de piezas de alta gama dignas de colección que buscan las celebridades y sus estilistas (cuando Justin Bieber quiso comprar atuendos vintage para su esposa, Hailey, por su cumpleaños, su estilista, Karla Welch, se puso en contacto con Aralda, dijo Jones).

Jones comenta que tratándose de conseguir atuendos de época en la alfombra roja, el mayor reto suelen ser las tallas. Tal vez sea necesario hacer alteraciones temporales para conseguir el ajuste perfecto, pero no sin arriesgar la estructura original de la pieza.

A los coleccionistas de prendas vintage, por naturaleza, les importa mucho conservar prendas. Mientras que algunos son propietarios de tiendas con piezas a la venta, como Jones y Balch, otros solo las alquilan.

“Me interesa mucho que las piezas tengan un lugar permanente”, comentó Haile Lidow, cuya tienda Lidow Archive ocupa una extensa casa en Los Feliz impregnada del espíritu drag de los años 90: mucho rosa intenso, estampados que contrastan, accesorios enormes y maniquíes con pelucas por todas partes. “Lo cual es difícil, porque en términos monetarios sería más rentable si vendiera, pero no es así”.

Aunque Lidow ha prestado artículos para apariciones en la alfombra roja, como los BET Hip Hop Awards y los iHeartRadio Music Awards, lo más frecuente es que atienda solicitudes de publicaciones. (Su primera portada importante en una revista fue la de la modelo y actriz Hunter Schafer en V, con un sombrero blanco con velo que Lidow compró en Santa Fe por 20 dólares).

Según Lidow, las celebridades asumen un mayor riesgo cuando usan una prenda vintage en un evento que en una sesión fotográfica editada.

“En la alfombra roja tiene que ver con la perfección… y lo vintage no siempre es perfecto. Hay que hacer muchas cosas bien”, afirmó.

Cherie Balch, que dirige Shrimpton Couture desde su casa en Canadá, comparte un sentimiento similar con sus 88.500 seguidores en Instagram, donde le gusta proporcionar las historias de sus piezas: quién las diseñó, quién las usó, por qué son especiales, historias con las que quizá todavía no cuenten los vestidos nuevos que se usan en las pasarelas de la alfombra roja.

“Ya he dicho antes que cuando alguien lleva un vestido vintage, es una especie de milagro", dice Balch. “No estoy exagerando, es la verdad. Esta gente tiene acceso a todo”.

Más allá del reto de conseguir el ajuste adecuado, o de competir con marcas que pagan a las celebridades para que porten sus diseños —“y ya he perdido esa batalla antes”, dijo Balch— algunas prendas vintage pueden ser demasiado frágiles. Las piezas son inadecuadas para aguantar la cena y las copas en los Globos de Oro, por ejemplo, además del desfile previo al espectáculo y las fiestas después de la ceremonia.

Algunas prendas vintage quizá se vean un poco anticuadas. Las celebridades y sus estilistas tienden a preferir piezas atemporales y más estilizadas para la alfombra roja.

Pero tal vez esto esté cambiando. En septiembre, Ruth Negga, protagonista de la película “Passing” que se estrenó este año, fue elogiada por Vogue y otros medios por llevar un vestido de Arnold Scaasi de 1992 con mangas de terciopelo esmeralda al estilo de la princesa Diana. Su estilista, Welch, se lo pidió prestado a Shrimpton Couture.

“Es evidente que es un vestido vintage”, expresó Balch. “Para ser honesta, incluso a mí me sorprendió que eligiera ese atuendo. Yo pensé: ‘Bueno, te lo voy a mandar. No sé si vas a usar este porque este tiene un aspecto muy vintage’”.

Cuando le devolvieron el vestido, Balch decidió no subir su precio (2400 dólares) a pesar de la prensa positiva (desde entonces, el vestido ya se vendió).

La opinión pública sobre lo vintage también ha evolucionado, y esta oleada de coleccionistas se regodea en ello. “Siempre fui la rara”, afirmó Lidow, recordando su trabajo como becaria en revistas de moda al final de su adolescencia y como asistente de relaciones públicas cuando tenía veintitantos años. Jones contó que, cuando era una adolescente mormona rebelde en Oregon, soñaba con escapar con ayuda de las revistas, MTV y las cintas de video de las alfombras rojas de los premios.

“En mi época”, dijo Balch, “se les enseñaba a las mujeres que no se les debía ver con el mismo atuendo dos veces. No solo era una norma tácita, sino que estaba escrita en la portada de muchas revistas”.

“Ahora decimos: ‘¿Por qué no has llevado todavía algo vintage en la alfombra roja? ¿Qué te pasa?’”, afirmó.

© 2022 The New York Times Company

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