La pesada carga que significa ser las viudas del COVID-19

Julie Bosman
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Sandra McGowan-Watts y su esposo, Steven, en su boda en 2007. Él falleció a causa del virus en mayo de 2020. (Vía The New York Times)
Sandra McGowan-Watts y su esposo, Steven, en su boda en 2007. Él falleció a causa del virus en mayo de 2020. (Vía The New York Times)

CHICAGO — Un viernes por la noche, Sandra McGowan-Watts, médica de 46 años de los suburbios de Chicago, abrió su computadora portátil, reprimió sus nervios y les contó a desconocidas en una llamada de Zoom lo que le había sucedido a su esposo, Steven.

“Murió solo”, comentó McGowan-Watts, quien se unió a la llamada después de una invitación en un grupo de apoyo de Facebook para mujeres negras que enviudaron. “No poder verlo, poder tocarlo, todo eso. El duelo es un poco complicado”.

Las mujeres que escuchaban entendieron al instante. Todas habían enviudado a causa del COVID-19.

Esa noche de verano, durante casi dos horas, compartieron sus historias a borbotones, historias de enfermedad y muerte, de criar a sus hijos solas y la soledad no deseada, llamadas telefónicas desgarradoras y despedidas truncadas.

Más de 340.000 personas han fallecido a causa del coronavirus en Estados Unidos. Los hombres han muerto de la enfermedad en mayor número que las mujeres, una disparidad de género que algunos investigadores han sugerido que podría atribuirse en parte al hecho de que la salud por lo general es más precaria en los hombres. Esto ha dejado a miles de cónyuges en una viudez inesperada a consecuencia del virus.

Las mujeres han sido testigos de la pandemia desde un ángulo tristemente cercano. Se han quedado con las responsabilidades familiares, las cargas financieras, las preocupaciones por el trauma de sus hijos y su propia pérdida y culpa aplastantes. Muchas cuidaron a sus parejas en casa hasta que enfermaron tanto que tuvieron que ser hospitalizadas; allí, a menudo sus esposos murieron sin previo aviso.

Las viudas del coronavirus, así como muchos viudos, están diseminados por todo Estados Unidos, jóvenes y viejos, en grandes ciudades de California y pequeños poblados de Utah.

En más de una decena de entrevistas, las mujeres narraron que se sentían estupefactas ante la rapidez de la experiencia, incluso meses después de la muerte de sus esposos.

“Es muy traumático por lo inesperado del fallecimiento”, señaló Jennifer Law, cuyo esposo, Matthew, murió de coronavirus en Texas en noviembre, años después de prestar servicio en el ejército en Irak. “Regresó de dos expediciones, dos expediciones diferentes y peligrosos. Regresó a casa y esto es lo que lo mató”.

Algunas mujeres se sienten incomprendidas en su lucha por superar las secuelas de la muerte de sus compañeros en medio de una crisis de salud interminable.

Mary Smith y su esposo, Mike, en su boda en 1976. Él murió a causa del virus en diciembre de 2020. (Vía The New York Times)
Mary Smith y su esposo, Mike, en su boda en 1976. Él murió a causa del virus en diciembre de 2020. (Vía The New York Times)

“Fue verdaderamente difícil para mí porque pensé: ‘Vaya, estoy sola’”, explicó Pamela Addison, de 37 años, maestra en Waldwick, Nueva Jersey.

Su esposo, Martin, un logopeda que trabajaba en un hospital, falleció a causa del virus en abril.

“Si el COVID no existiera, los esposos de todas seguirían aquí”, dijo.

Con el tiempo, Addison buscó a otras viudas del COVID-19 para hablar, y otras mujeres han logrado conocerse al unirse a grupos de duelo en Facebook, que también están abiertos para los hombres. Han forjado lazos similares a los que existen entre otros grupos de mujeres cuyos esposos murieron de manera inesperada y prematura, como las esposas de militares o viudas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Las mujeres de la llamada por Zoom que se hizo en julio que viven en el área de Chicago son amigas desde entonces, se reúnen para cenar y se comunican diariamente con mensajes de texto rápidos.

Las viudas del coronavirus relataron un doloroso conjunto de aspectos en común: la experiencia de cuidar frenéticamente a sus esposos cuando se enfermaron, preocupándose por cuándo llevarlos al hospital y sintiéndose atormentadas por las imágenes de sus compañeros que morían sin sus seres queridos acompañándolos.

“En la generación en la que pertenezco, cuidábamos a nuestros esposos, así nos criaron”, señaló Mary Smith, de Pekín, Illinois, quien perdió a su esposo de 64 años, Mike, a causa del virus. “Ese era nuestro trabajo, ser su animadora. Ellos están acostumbrados a tener eso, y de repente no estás ahí”.

Después de la muerte de su esposo, Smith revisó su teléfono y encontró las fotografías que él se había tomado en solitario desde su cama de hospital: su comida, en un contenedor de cartón; los aparatos de oxígeno; una autofoto mientras usaba un equipo de respiración.

“Fue muy duro”, afirmó Smith. “Estuvo allí solo la mayor parte del tiempo”.

Jennifer Kay Jensen, quien vive en Delray Beach, Florida, se ha sentido atormentada por la idea de que su presencia en el hospital (prohibida para evitar más contagios) pudo haber ayudado a su esposo a recuperarse. Su esposo, Peter, agente inmobiliario de 56 años, murió a causa del virus en agosto.

“La culpa me carcome todos los días”, dijo. “Creo que, si hubiera estado allí viéndolo para calmarlo, rascarle el brazo o besarle la cabeza, eso pudo haber marcado una diferencia”.

Un informe publicado en mayo por el Fondo mundial para las viudas, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, describió el coronavirus como una “máquina de hacer viudas”, un brote que podría crear “una cantidad sin precedentes de viudas en todo el mundo en desarrollo”.

A finales de diciembre, al menos 163.000 hombres habían fallecido a causa del virus en Estados Unidos, en comparación con al menos 138.000 mujeres, de acuerdo con datos federales.

Sarah S. Richardson, historiadora de Harvard que dirige su Laboratorio GenderSci, aseguró que los hombres han muerto a causa del coronavirus en mayor número en parte debido al efecto desproporcionado de la enfermedad en los hombres negros, y por un aumento de los fallecimientos de hombres en las primeras etapas de la pandemia. Agregó que, incluso antes de esta, las mujeres tenían más probabilidades de enviudar que los hombres.

El grupo de Facebook para mujeres negras que han enviudado ha visto una trágica afluencia de miembros nuevos este año.

Sabra Robinson, su creadora, enviudó en 2012 después de que su esposo falleció a causa del linfoma no Hodgkin. Impulsada por esa experiencia, y por su insatisfacción con los grupos tradicionales de apoyo en el duelo, comenzó su propio grupo, con un marcado enfoque en el empoderamiento y el estímulo de las mujeres negras.

“Cuando el COVID llegó, válgame Dios, el grupo recibía muchísimas solicitudes de viudas que habían perdido a sus esposos debido al COVID”, dijo Robinson, directora de proyecto proveniente de Charlotte, Carolina del Norte. “Ellas están pasando por un duelo más complicado que el de la viuda promedio que publica en el grupo. ¿Cómo podrán sanar mientras el COVID siga ahí afuera?”.

El dolor de algunas mujeres se ha mezclado con la ira.

Mara Vaughan, de Prosper, Texas, perdió a su esposo, Bryan, a causa del coronavirus en abril, después de que probablemente se contagiara en un viaje de negocios. Vaughan, que tiene tres hijos, se ha puesto en contacto con otras viudas en línea y ha leído acerca de sus batallas, tanto financieras como emocionales.

Señaló al presidente Donald Trump y su manera de minimizar la crisis del coronavirus, en especial al inicio, cuando su esposo se enfermó. Es difícil ver a la gente de su comunidad que sigue evitando el cubrebocas e ignorando los consejos sobre seguridad y distanciamiento social.

“Imagina la pandemia y perder a alguien por ella y luego enfrentar la situación sola”, dijo Vaughan. “Nunca tendré paz ni cierre en la muerte de mi esposo. Nunca debió haber sucedido”.

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