Misterio revelado: descubren por qué los dinosaurios herbívoros gigantes reinaron durante 100 millones de años

Nora Bär
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Hace 180 millones de años, el sur de Gondwana (el supercontinente que abarcaba lo que hoy son Sudamérica, África, Australia, Zelandia, el subcontinente indio o Indostán, la isla de Madagascar y la Antártida) sufrió un evento de vulcanismo masivo. No fueron diez o cincuenta erupciones, sino cinco millones de años de convulsiones continuas a lo largo de los cuales la Tierra escupió a la atmósfera sus entrañas hirvientes. Cuando el planeta volvió a apaciguarse, la mayoría de los antiguos dinosaurios herbívoros desaparecieron y comenzó la dominación de los saurópodos gigantes, esas bestias de cuello largo y cabeza pequeña que llegaron a pesar 70 toneladas y cuyo reinado se prolongó durante 100 millones de años. ¿Qué pasó en el Jurásico temprano que produjo esa misteriosa extinción selectiva?

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El misterio acosaba a los paleontólogos desde hace décadas, pero con el hallazgo de una nueva especie de dinosaurio herbívoro, que bautizaron Bagualia alba, un equipo de paleontólogos del Museo Egidio Feruglio de Trelew, encabezado por Diego Pol (descubridor también del titanosaurio más grande del mundo, el Patagotitan mayorum), puede haberlo desentrañado: el megavulcanismo generó un calentamiento global, que modificó el clima y provocó la desaparición de las plantas más "tiernas" y, como consecuencia, de los herbívoros más pequeños. Solo sobrevivieron los gigantes, cuyo tamaño y, en particular, sus poderosos dientes les permitieron alimentarse de árboles más altos y hojas más duras.

Llegaron a esta conclusión gracias a un trabajo interdisciplinario en el que participaron los paleobotánicos Ignacio Escapa y Rubén Cúneo, del Museo Egidio Feruglio; la experta en cráneos Paulina Carbajal, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medio Ambiente de San Carlos de Bariloche; Jahandar Ramezani, un experto del MIT en dataciones muy precisas de fósiles (pueden tener un error de 50.000 años en 180 millones), y Oliver Rauhut, de la Universidad Ludwig-Maximilian, de Munich, Alemania.

Intriga

"Lo que a mí me intrigaba era que muchas veces el éxito evolutivo se da cuando aparece algo novedoso y copa los ecosistemas -explica Pol-. Pero estos gigantes aparecieron antes de ser dominantes y estuvieron muchos millones de años coexistiendo con otros sin prevalecer. Por ejemplo, el Ingenia prima, de San Juan, tiene más de 200 millones de años. Colegas de Sudáfrica también descubrieron animales de casi el mismo tamaño. Sin embargo, de repente, nos encontramos con que son los únicos herbívoros y que dominan en todo el mundo, no solo acá. ¿Qué pasó en el medio?"

Para contestar esta pregunta había que encontrar el lugar que tuviera sedimentos de la edad precisa, justo el momento en el que se dio ese cambio. Y en Chubut no solo están presentes, sino que contienen una profusión de fósiles de plantas que permitieron armar el rompecabezas de cambios climáticos y ambientales que acompañaron esa dominancia. "Millones de kilómetros cuadrados de campos de lava y roca volcánica, no solo en la Patagonia, sino también en la Antártida y en África, permiten advertir muy claramente las huellas de este vulcanismo que acidificó los océanos y produjo extinciones en los mares -cuenta Pol-. Pero no se sabía qué efecto había tenido eso en los ecosistemas terrestres".

Debido al aumento de dióxido de carbono y metano, el calentamiento global (similar al que estamos experimentando hoy por acción humana) volvió más árido el clima y modificó completamente la flora. "Justo antes del vulcanismo hay registros de helechos arborescentes de dos metros, vegetación exuberante que da cuenta de un clima muy húmedo; después, queda un bosque abierto, dominado por árboles de un porte importante, como las araucarias y otras coníferas, que no son fáciles de comer: tienen hojas coriáceas, duras, con pinches. Entendemos que la diversidad de herbívoros que existía antes se extinguió por este cambio ambiental y los saurópodos gigantes fueron los únicos que pudieron sobrevivir porque estaban en condiciones de aprovechar las plantas dominantes", subraya el paleontólogo.

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Los primeros fragmentos de Bagualia alba (por bagual, caballo salvaje, y amanecer, ya que es uno de los primeros después de la época de los volcanes: sus restos fueron datados en 179 millones de años) aparecieron en 2007 en el Cañadón del Bagual, cinco kilómetros al sur de Cerro Cóndor. "Los encontramos en trabajos de exploración que estábamos haciendo en el centro de la provincia -recuerda Pol-. Al año siguiente decidimos abrir una excavación y nos encontramos con una acumulación de por lo menos tres individuos que habían muerto en ese lugar, al borde de un lago, por lo que asumimos que los huesos habían sido transportados por alguna corriente. Estuvimos excavando dos veranos seguidos y sacamos más de 100 en total".

Pero, sin duda, el momento culminante fue cuando descubrieron los restos del cráneo, la figurita difícil de estos gigantes, porque si bien tienen un cuerpo monumental, su cabeza es muy pequeña y muy, muy frágil. "Solo se conocen con cráneo entre un tres y un cuatro por ciento de las especies de saurópodos", afirma el científico.

Gracias a eso pudieron ver bien cómo era la dentición y se encontraron con la clave: la capa de esmalte es extremadamente gruesa, siete veces más que los de otros herbívoros previos al vulcanismo, y rugosa. Muchas de las piezas dentales están muy gastadas, probablemente por el tipo de plantas que ingerían o por la cantidad de ceniza volcánica que habría en el ambiente, que es muy abrasiva. "Y lo que descubrimos al estudiarlos con tomografía es que por cada diente tenía tres en formación para reemplazarlo en todo momento -continúa-. Los iban cambiando muy rápidamente. Se estima que los saurópodos cambiaban sus dientes cada 60 a 90 días. Esto les permitió sobrevivir a los gigantes en momentos tan críticos, mientras que los otros, con dentición mucho frágil, no podían procesar cualquier planta".

Devoraban lo que hubiera al alcance. De hecho, parte de lo que permite explicar su tamaño descomunal es que, gracias a la fermentación microbiana en los intestinos, habían desarrollado el poder de digestión de una gran variedad de plantas. "Es por eso que son tan 'panzones' -explica Pol-. Para obtener energía suficiente para semejante cuerpo necesitaban intestinos muy voluminosos, donde se pudiera fermentar gran cantidad de materia vegetal".

El alcance de la investigación

Para Fernando Novas, investigador del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia que no participó en esta exploración, el trabajo publicado por Pol y colegas constituye "un estudio totalmente novedoso y que impacta en nuestra compresión sobre la evolución de los dinosaurios en el nivel mundial. Por primera vez, se integran datos sobre los cambios faunísticos, florísticos y ambientales para el período Jurásico en todo el hemisferio sur. Es una investigación para imitar".

"La investigación es impactante y muy bien respaldada -coincide Zulma Gasparini, profesora emérita del Museo de La Plata y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales-. El equipo trabaja desde hace aproximadamente 20 años en la localidad de Cerro Cóndor, centro del Chubut, y en afloramientos de la Cuenca de Cañadón Asfalto, en rocas referidas al Jurásico. El trabajo es interdisciplinario y plantea una hipótesis que solo la pueden demostrar por los conocimientos que poseen. No se trata solo de determinar con precisión la edad de los fósiles y/o las rocas, algo que se logra aplicando técnicas especiales. Aquí, demuestran conocimientos profundos y la capacidad de integrarlos para llegar a aportar otros de mayor alcance".

A lo largo de los siguientes 100 millones de años, los saurópodos continuaron aumentando de tamaño. Bagualia tiene 10 toneladas (era aproximadamente equivalente a dos elefantes). Treinta millones de años después, ya había ejemplares de 30 o 40 toneladas, y tuvieron su pico máximo con Patagotitan y Argentinosaurus, que llegaron a pesar 70.

Lo notable es que ese plan corporal fue tan exitoso que se mantuvo durante una enormidad de tiempo. "Cambiaron de tamaño, pero la forma del cuerpo es prácticamente igual -afirma Pol-. Y estamos hablando de 100 millones de años de diferencia. Pareciera que habían encontrado la receta perfecta para ser los herbívoros dominantes del mundo. Y siguieron allí hasta que cayó un meteorito y los borró de la faz de la Tierra. Es un éxito evolutivo incomparable. No hay otro grupo de animales que haya dominado tanto tiempo y en todos los continentes sin cambiar radicalmente de forma".