Misterio por Jack Ma: por qué el régimen de China le dio la espalda al hombre más rico del país

Li Yuan
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PEKÍN.- Jack Ma, el multimillonario fundador de Alibaba, la empresa de e-commerce más valiosa del mundo, volvió al foco de la atención en estos días luego de dos meses desde su última aparición y tras su llamativa ausencia en un programa de televisión en el que debía ser juez. Allí comenzaron las especulaciones en Occidente sobre el paradero del profesor de inglés devenido emprendedor de internet que se convirtió en el hombre más rico de China con una fortuna estimada en 47.300 millones de dólares.

En el gigante asiático, Jack Ma es sinónimo de éxito. En 2016, tras la elección de Donald Trump, Ma fue la primera personalidad china de alto perfil con la que se reunió el flamante presidente norteamericano.

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Para "Daddy Ma", como lo llaman algunos en las redes, todo ese éxito se tradujo en una vida de estrella de rock. Interpretó a un invencible maestro de kung-fu en un cortometraje de 2017 donde aparecen las máximas estrellas del cine chino. Cantó junto a Faye Wong, la diva del pop chino. Y una pintura que realizó en colaboración con Zeng Fanzhi, uno de los máximos artistas plásticos de China, se vendió en una subasta de Sotheby's por 5,4 millones de dólares. Para la generación más joven y ambiciosa de China, Daddy Ma es un ejemplo por emular.

Pero en los últimos tiempos, el sentimiento de la opinión pública empezó a darse vuelta y ahora Daddy Ma es el blanco preferido del odio chino. Lo llaman "villano","demonio capitalista", y "chupasangre", y un escritor hizo la lista de "Los 10 pecados capitales de Ma". En vez de Daddy ("papá", en inglés), algunos empezaron a llamarlo "hijo" o "nieto". Y en los comentarios de cualquier noticia que lo involucre, la gente suele citar a Marx: "Trabajadores del mundo, ¡uníos!".

Esa pérdida de popularidad llegó en paralelo con los crecientes problemas de Ma con el régimen. En diciembre los funcionarios chinos informaron la apertura de una investigación antimonopolio contra Alibaba, la poderosa empresa de comercio online de la que Ma fue cofundador y en la que sigue teniendo considerable injerencia.

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Al mismo tiempo, los funcionarios chinos siguen arrinconando al gigante de la tecnología financiera Ant Group, que Ma creó como un desprendimiento de Alibaba.

En la superficie, esa pérdida de popularidad de la imagen de Ma responde en gran medida a las críticas que recibe su emporio comercial de parte del régimen. Pero una mirada más profunda revela una tendencia más preocupante, tanto de parte del gobierno como de los emprendedores que en las últimas cuatro décadas sacaron al país de su estancamiento y su economía medieval.

En China, la gente siente que las oportunidades que tuvieron emprendedores como Ma ya no existen, ni siquiera en medio del auge de recuperación poscoronavirus. Si bien China tiene más megamillonarios que Estados Unidos y la India sumados, unos 600 millones de chinos ganan menos de 150 dólares por mes. Y aunque el consumo durante los primeros 11 meses de 2020 cayó alrededor de un 5% a nivel nacional, el consumo de bienes de lujo creció casi un 50% en comparación con 2019.

Para los universitarios recién graduados, incluso los que estudiaron en Estados Unidos, las perspectivas de empleo ejecutivo y bien remunerado son cada vez más limitadas. En las mejores ciudades para vivir, el costo de la vivienda se ha vuelto inalcanzable para los compradores primerizos. Y los jóvenes que se endeudaron con una nueva generación de empresas financieras online, como el Grupo Ant del Jack Ma, mastican bronca por su situación.

Porque más allá del éxito económico de China, debajo de la superficie se viene incubando desde hace tiempo un fuerte resentimiento hacia los ricos, que en el caso de Ma se ha manifestado en forma de venganza.

El Partido Comunista parece más que dispuesto a aprovechar ese resentimiento, así que bajo el gobierno de Xi Jinping, que valora el servilismo y la lealtad más que nada, los emprendedores y empresas privadas podrían enfrentar problemas en el futuro.

Controles antimonopólicos

La reunión anual de los líderes del Partido Comunista (PCCh) que se realizó a mediados de diciembre dejó establecido el tono de la política económica para el año que se inicia, con el compromiso de reforzar los controles antimonopólicos y de impedir "la expansión desenfrenada del capital".

Algunos empresarios dicen que la hostilidad hacia Ma y su empresa Ant Group los hace cuestionarse sobre el rumbo fundamental que está tomando el país.

"Se puede tener un control absoluto o se puede tener una economía innovadora y dinámica", dice Fred Hu, fundador de la inversora Primavera Capital Group, de Hong Kong. "Pero difícilmente se puedan tener las dos cosas." La empresa de Hu tiene inversiones en Ant Group y un lugar en su directorio.

Las presiones sobre Ma revelan un cambio en la forma en que el gobierno chino regula Internet. Hace tiempo que censura los contenidos, pero en otros aspectos adoptaba un enfoque de "dejar hacer". Las regulaciones eran escasas. Ninguna empresa estatal participaba del mercado de internet, que al principio en China era pequeño.

Hoy, Alibaba y su archirrival, Tencent, controlan más datos personales y están más íntimamente ligados la vida cotidiana de los chinos que Google, Facebook y otros titanes tecnológicos en las vidas de los norteamericanos. Y al igual que en Estados Unidos, los gigantes chinos a veces intimidan a los competidores más pequeños y terminan matando o coartando la innovación. No es necesario ser miembro del Partido Comunista Chino para tener fuertes razones para controlar a esas enormes empresas.

En lugar de perturbar el sistema estatal, las empresas se han acomodado a él. A veces, incluso ayudan a las autoridades a rastrear a las personas. De todos modos, para el gobierno chino, el tamaño y la influencia de esas empresas representa siempre una amenaza.

Las empresas tecnológicas, sin embargo, no son los monopolios más grandes de China. Los mayores monopolios son propiedad del Estado, que domina la banca y las finanzas, las telecomunicaciones, la electricidad y otros negocios esenciales.

Es demasiado pronto para decir hasta dónde llegarán los reguladores para controlar a Ma y las gigantes tecnológicas. Pero a algunos chinos pro-mercado les preocupa que el país retome la línea dura de la década de 1950, cuando el Partido Comunista eliminó a la clase capitalista, utilizando un lenguaje que comparaba la inclinación capitalista con impurezas, defectos y debilidades.

Y el lenguaje utilizado recientemente por Eric Jing, presidente de Ant Group, parece evocar efectivamente aquella época: el 15 de diciembre, en una conferencia, dijo que la compañía se estaba "mirando en el espejo, tratando de descubrir cuáles son nuestras deficiencias y realizando un auto-chequeo corporal".

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)