La misión de Cimafunk de crear una nación con sus ritmos

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Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, en Chicago, Illinois, el 6 de octubre de 2021. (Akilah Townsend/The New York Times)
Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, en Chicago, Illinois, el 6 de octubre de 2021. (Akilah Townsend/The New York Times)

Hace unos meses, en un estudio de grabación de Tallahassee, Florida, el vocalista y compositor cubano Cimafunk participaba en una reunión intelectual con el líder del colectivo musical Parliament-Funkadelic, George Clinton, cuando se encontraron con una fascinante conexión entre la música afroestadounidense y la afrocubana.

Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, estaba cantando el éxito de la década de 1950 “Los marcianos”, algo que de inmediato alegró a Clinton, a quien le había gustado tanto la melodía de la canción que grabó una versión de ella llamada “Groovealliegiance” para el clásico de Funkadelic de 1978 “One Nation Under a Groove”. Sin embargo, Clinton, que había creado una industria artesanal afrofuturista con la elaborada vestimenta y utilería de su banda, no tenía ni idea de que la canción trataba de marcianos que aterrizaban en La Habana para bailar el chachachá.

“Me decía: ‘Hermano, ¿escribiste esa canción que hablaba de la Nave Nodriza y toda esa conexión y no lo sabías?’”, recordó Cimafunk, de 32 años, en una entrevista en video la semana pasada, de pie frente a un edificio del sur de Florida, rodeado de palmeras y césped tupido. “Todos esos personajes, como Pérez Prado y Chano Pozo, dejaron huella, al igual que su locura”, añadió, refiriéndose a los innovadores musicales cubanos. “No solo penetró en los instrumentos, sino también en los ritmos vocales”.

Los ritmos afrocubanos se han mezclado con los afroestadounidenses desde finales del siglo XIX en Nueva Orleans, hermanos lejanos que se cruzaron en momentos clave, como la gestación del jazz, la era Charlie Parker y Dizzy Gillespie con el bebop de Birdland y la impresionante actuación de la banda de Ray Barretto en el reciente documental de Questlove “Summer of Soul”. Pero para Cimafunk, cuyo nuevo álbum “El alimento”, que sale a la venta el viernes, y que está repleto de colaboraciones estelares con Clinton, Lupe Fiasco, CeeLo Green y el pianista Chucho Valdés, la era del nuevo funk cubano es ahora.

“Lo que ha hecho Erik es unir las dos tendencias: la afrocubana y la afroestadounidense”, dijo Valdés, fundador del influyente grupo de jazz/funk de la década de 1970, Irakere. “Ha convertido esto en una nueva escuela cuyo sonido no había oído hasta ahora”.

“El alimento” es un frenético paseo de ráfagas de funk percusivo intercaladas con versiones exageradas de los clásicos “riffs” cubanos llamados tumbaos, e incluso es un guiño a la famosa frase que Michael Jackson tomó de “Soul Makossa” de Manu Dibango. Sin embargo, Cimafunk también explora sus habilidades de composición y su impresionante rango de voz en la balada de blues “Salvaje” y en la canción con tintes de guitarra española “No me alcanzas”, con la participación de los clásicos percusionistas cubanos Los Papines. Aunque Cimafunk quiere que su voz lleve todo el linaje de la música cubana, me recuerda más a Benny Moré, que también era un vocalista autodidacta al que los músicos con mucha formación se esforzaban por seguir.

“Lo que hace Cima es como un nuevo funk”, comentó Clinton en una entrevista telefónica. “Tito Puente y ese tipo de cosas, Tito Rodríguez, todo eso era mi música favorita en Nueva York. El mambo y el chachachá era lo mismo que la música disco en la década de 1970”.

Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, en Chicago, Illinois, el 6 de octubre de 2021. (Akilah Townsend/The New York Times)
Cimafunk, cuyo nombre de pila es Erik Iglesias Rodríguez, en Chicago, Illinois, el 6 de octubre de 2021. (Akilah Townsend/The New York Times)

Vestido con una camisa estampada de inspiración africana y mirando a través de lentes de sol de grandes, Cimafunk mostraba destellos de divertido asombro, como si le sorprendiera el momento y a la vez le perteneciera. Al explicar detalles sobre la escritura y la composición, empezó a cantar, y los pájaros de los árboles circundantes se unieron a él, aparentemente inspirados.

Nacido y criado en Pinar del Río, un pueblo al oeste de La Habana, Cimafunk creció escuchando a gigantes como Moré, Bola de Nieve, y Los Van Van y su carismático cantante Mayito Rivera. Pero también descubrió la música de fuera de la isla, en especial con programas de televisión como “De la gran escena”, donde vio a Tom Jones, Phil Collins y Sting. En uno de los temas emblemáticos del nuevo álbum, “Esto es Cuba”, describe a los residentes de Guantánamo que pudieron ver las emisiones en directo de “Soul Train” gracias a la antena de la base naval estadounidense que se encuentra cerca.

La familia conservadora de Cimafunk lo obligó a estudiar medicina, pero luego lo apoyó cuando decidió trasladarse a La Habana y dedicarse a sus ambiciones musicales. “Al principio me metí en el reguetón por las chicas, y por el hecho de que cualquiera con una tarjeta de sonido y un micrófono puede hacerlo”, dijo. “Luego descubrí la trova”, refiriéndose a un género más antiguo centrado en la balada. “Ahí empecé a escribir mis canciones con más estructura, canciones muy raras que nadie entendía. Cuanto más extrañas eran las canciones que escribías, más exótico eras”.

El primer álbum de Cimafunk, “Terapia”, llegó en 2017 cargado del exotismo de una neotrova con canciones como “Parar el tiempo” y “Me voy”, una favorita bailable, grabada en vivo e inspirada en el afropop nigeriano y el pilón, un ritmo de carnaval afrocubano. “Terapia” contenía las semillas del nuevo álbum, y un “groove soul” más suave de la década de 1970. “El alimento” lo ha transformado por completo en un campeón internacional del funk.

“Lo llamé ‘El alimento’ porque hacer el disco fue lo que me alimentó espiritualmente durante todo el proceso de la pandemia”, comentó Cimafunk. Dijo que pretende que el álbum sea una especie de descarga, palabra que en Cuba significa tanto una improvisación musical como una liberación de la carga emocional acumulada.

“Trata de la conexión entre el espíritu y el cuerpo, y de la importancia de la liberación, y de quererse a uno mismo”, explicó.

El productor del álbum, Jack Splash (Alicia Keys, Kendrick Lamar, Solange), ha liderado su propia banda de funk independiente Plant Life, y ha ido y venido entre Los Ángeles y Miami, lo que le ha dado una perspectiva única sobre la superposición afrocubana/afroestadounidense.

“Son dos sensibilidades diferentes: aunque escuches el mismo funk, tu estilo puede ser un poco diferente”, dijo en una entrevista en video. Dijo que Shakira le pidió una vez que añadiera más síncopa a su pista de ritmo “beatbox” estándar; en la nueva canción “Estoy pa’ eso”, Splash y Cimafunk retocan el “beatbox de Shakira” para dar un nuevo giro a un “sample” de la banda de funk estadounidense Zapp, con resultados alucinantes.

Splash señaló que el funk era algo más que un referente sonoro. “La gente se asustó cuando James Brown dijo ‘Soy negro y estoy orgulloso’”, relató. “Pensaron: ‘¿Eso significa que a James Brown no le gustan los blancos? No, no quiere decir eso. ‘Vamos a levantar a mi gente’”. Encontraron un momento similar en el himno de fiesta “La noche” del nuevo álbum, en el que participan el rapero de “dancehall” Stylo G y la banda colombiana de afrofunk ChocQuibTown, cuyo cantante principal, Goyo, grita al final de la canción: “¡Poder afrolatino!”.

Al mismo tiempo que muestra el poder de la música afroamericana y afrocubana, Cimafunk también participa en una mezcla cultural que celebra una especie de hibridez latinoamericana, en sus propios términos. Se ve a sí mismo como parte de una nueva generación que está destinada a traer el cambio.

“Ahora que tenemos el internet, puedes saber lo que pasa en el mundo, y tener un millón de opiniones diferentes, y elegir la que quieras”, comentó Cimafunk. “Empezamos de forma analógica y ahora estamos en una olla que está hirviendo”, concluyó.

© 2021 The New York Times Company

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