Hoy todos miran al dólar, pero ¿quién, cómo y con qué frenó la estampida del billete verde en 2002?

Ruben Ramallo
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En enero de 2002, el Gobierno decidió salir de la Convertibilidad y decretar el default de la deuda. Como consecuencia de ello se liberó tipo de cambio y el dólar saltó por los aires, pues pasó del cómodo 1 a 1 que se mantuvo vigente a lo largo de poco más de 11 años a niveles muy por encima de los que estimaba el por aquel entonces ministro de economía Jorge Remes Lenicov.

Su cálculo era que su precio debía rondar los $1,40 que a la postre fue el nivel que se terminó adoptando para implementar la recordada "pesificación asimétrica", utilizada para el traspaso de las deudas en dólares a pesos.

Pero la avidez de la demanda ante una incertidumbre creciente sobre el futuro de la economía lo llevó inicialmente a $2 entre enero y febrero y a $3 entre marzo y abril, para llegar a un pico en junio cuando llegó a rozar los 4 pesos. Incluso, quienes hoy peinan canas recordarán que por aquellos días era habitual escuchar o leer que "hacia fines de año superará los 10 pesos y que incluso podría trepar hasta los 18 pesos en cuestión de meses". Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia.

Pero curiosamente el rumbo del mercado cambió sustancialmente y luego de tocar ese pico, la cotización comenzó a descender en forma continuada. Tal es así que un año después el precio había descendido hasta los $2,80, para mantenerse en un rango que fue de los $3 a los $3,16 hasta octubre de 2008 cuando estalló la crisis financiera global derivada de las hipotecas subprime.

La pregunta que cabe hacerse es entonces que fue lo que produjo este abrupto cambio de tendencia. Más allá de todo lo que vino después, basado en la existencia de superávits comercial y fiscal, "viento a favor" de los mercados internacionales, la respuesta es sencilla: una audaz apuesta inicial del Presidente del Banco Central, Mario Blejer y de su jefe de asesores Eduardo Levy Yeyati.

Mario Blejer

Conocedores a fondo del mercado financiero, ambos coincidieron que era necesario contar con algún instrumento que desalentara la presión sobre el dólar y hacer más atractiva alguna colocación en pesos, para lo cual se necesitaba algún papel del Gobierno, pero todos ellos estaban a esa altura en situación de default..

A partir de esa premisa, se comenzó a trabajar en marzo de 2002, es decir en el peor momento de la crisis de la salida de la Convertibilidad, de algún instrumento, que finalmente resultaron ser las Letras del Banco Central o como se las conoció popularmente muchos años después como Lebacs.

Según cuenta Levy Yeyati en su libro "La Resurrección", su lanzamiento fue el 13 de marzo pero el resultado inicial fue modesto pues se basó en ofrecer una tasa del 35% anual a 7 días de plazo y logró captar unos $38 millones. El planteo inicial era tratar de lograr que los depositantes tomaran la letra a cambio de sus pesos, pues se buscaba frenar la corrida con la suba de la tasa de interés.

Eduardo Levy Yeyati

Pero ante un dólar cuyo precio al alza no cedía con el correr de las semanas, se decidió implementar un abrupto cambio de la estrategia del BCRA que fue explicitada llanamente por Blejer en una reunión de Directorio en la que afirmó: "Muchachos, acá lo que tenemos que hacer es que la codicia supere al pánico" y acto seguido elevó la tasa al 140% anual.

Levy Yetati comentó oportunamente que "les pedimos a dos bancos grandes que nos dieran pesos y con esas tasas del 140% por dos días y agregó que "cuando empezamos en el 2002 el stock fue de $2.000 millones a $3.000 mil millones con promedio de 3 años de plazo y con una tasa de 9% y le ganamos la batalla a la suba del dólar que bajó de $ 3,60 a $ 2,90".

Algunos meses más tarde Blejer renunció al cargo ante lo que el mismo denominó "la falta de garantías para reestructura el sistema financiero" y por su postura afín a la dolarización de la economía que no era compartida por el gobierno.

En su reemplazo asumió Aldo Pignanelli y luego Alfonso Prat-Gay, que se mantuvo en el cargo hasta fines de 2004, cuando fue reemplazado por Martín Redrado, quien instrumentó lo que se denominó la "flotación administrada", con la que mantuvo la cotización de la divisa en un piso pese a la fuerte presión de la oferta. Finalmente, terminó renunciando en enero de 2014.