LA OTRA MIRADA: El teatro urbano de Buenos Aires, reparo en Pekín, una trompeta cubana, infierno en Madrid y una efigie maquillada

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Edición fotográfica de Dante Cosenza
Buenos Aires, junio 2022. - Créditos: @Dante Cosenza
Edición fotográfica de Dante Cosenza
Pekín, junio 2022. REPARO. Estas dos mujeres han encontrado el ángulo perfecto para recostarse en un banco en una calle céntrica de Pekín. Una de ellas, con el rostro cubierto con barbijo y gorra, parece estar dormida, mientras que la otra está atenta a su teléfono móvil, con el cual tampoco permite que veamos su cara. La postura de ambas encaja perfecto con el diseño del banco que les permite un alto en el camino, un descanso de no se sabe qué cansancio. Con toda naturalidad se han acostado en un lugar público como si el escenario fuera privado, un enclave exclusivamente reservado para ellas. Como con tantas otras conductas, cada vez es más difícil saber cuál es el límite entre lo público y lo privado. Qué está bien, qué está mal. Qué es lo correcto y qué no. Donde ellas se encuentran, tal vez ese reposo sea una práctica habitual. Y si no lo es, no parece importarles. El reparador descanso vale más que cualquier reparo social. (Texto de María José Rodríguez Murguiondo) - Créditos: @WANG ZHAO


Pekín, junio 2022. REPARO. Estas dos mujeres han encontrado el ángulo perfecto para recostarse en un banco en una calle céntrica de Pekín. Una de ellas, con el rostro cubierto con barbijo y gorra, parece estar dormida, mientras que la otra está atenta a su teléfono móvil, con el cual tampoco permite que veamos su cara. La postura de ambas encaja perfecto con el diseño del banco que les permite un alto en el camino, un descanso de no se sabe qué cansancio. Con toda naturalidad se han acostado en un lugar público como si el escenario fuera privado, un enclave exclusivamente reservado para ellas. Como con tantas otras conductas, cada vez es más difícil saber cuál es el límite entre lo público y lo privado. Qué está bien, qué está mal. Qué es lo correcto y qué no. Donde ellas se encuentran, tal vez ese reposo sea una práctica habitual. Y si no lo es, no parece importarles. El reparador descanso vale más que cualquier reparo social. (Texto de María José Rodríguez Murguiondo) (WANG ZHAO/)

Edición fotográfica de Dante Cosenza
La Habana, junio 2022. OTRA VEZ EL MAR. De un lado, monumentos, edificios, autos. Del otro, el mar. Otra vez el mar, como dice el libro del escritor cubano Reinaldo Arenas. Y esos ocho kilómetros que, desde hace añares, son el espacio recreativo por excelencia de quienes viven en La Habana. “El sillón más grande del mundo” suelen decirle al Malecón, aludiendo a los turistas y residentes que se sientan allí para contemplar los atardeceres. Desierto en las horas diurnas, cambia totalmente al caer el sol. Ahí es cuando empieza a llenarse de pescadores, deportistas, grupos de amigos, padres con niños, piropeadores seriales y músicos que, como este, descansan frente a las olas mientras anochece. Ahí donde muchos se preguntan, cada día, cómo hacer para cruzar esa enorme masa de agua y llegar a Miami, otros simplemente se quedan, resignados o felices, soltando melodías con sus trompetas.(Texto de Violeta Gorodischer) - Créditos: @Carlos María Pardo


La Habana, junio 2022. OTRA VEZ EL MAR. De un lado, monumentos, edificios, autos. Del otro, el mar. Otra vez el mar, como dice el libro del escritor cubano Reinaldo Arenas. Y esos ocho kilómetros que, desde hace añares, son el espacio recreativo por excelencia de quienes viven en La Habana. “El sillón más grande del mundo” suelen decirle al Malecón, aludiendo a los turistas y residentes que se sientan allí para contemplar los atardeceres. Desierto en las horas diurnas, cambia totalmente al caer el sol. Ahí es cuando empieza a llenarse de pescadores, deportistas, grupos de amigos, padres con niños, piropeadores seriales y músicos que, como este, descansan frente a las olas mientras anochece. Ahí donde muchos se preguntan, cada día, cómo hacer para cruzar esa enorme masa de agua y llegar a Miami, otros simplemente se quedan, resignados o felices, soltando melodías con sus trompetas.(Texto de Violeta Gorodischer) (Carlos María Pardo/)

Edicion fotografica de Dante Cosenza
Madrid, junio 2022. AGENDA CALIENTE. Cosas de este planeta. Cada año, mientras en un hemisferio nos congelamos, en el otro se hornean. Seis meses después, la suerte se invierte. La escena de arriba es del domingo último en la fuente transitable conocida como Los Chorros o La Playa de Madrid Río, que estuvo dos años cerrada –por la pandemia– y que, ahora, vuelta a abrir, se abarrotó de gente por la llegada de la primera ola de calor de un verano que promete de nuevo temperaturas siniestras. No es una promesa nada más. Es una proyección estadística que los expertos en clima vienen anunciando desde hace años. Forma parte de un menú de anomalías que, en conjunto, denominamos cambio climático y que se caracteriza por tormentas extremas, temperaturas criminales, granizo distópico, inundaciones bíblicas y sequías devastadoras. Mientras tanto, el tema, gravísimo, es solo una nota al pie en la agenda política global. (Texto de Ariel Torres) - Créditos: @Fernando Sanchez - Europa Press


Madrid, junio 2022. AGENDA CALIENTE. Cosas de este planeta. Cada año, mientras en un hemisferio nos congelamos, en el otro se hornean. Seis meses después, la suerte se invierte. La escena de arriba es del domingo último en la fuente transitable conocida como Los Chorros o La Playa de Madrid Río, que estuvo dos años cerrada –por la pandemia– y que, ahora, vuelta a abrir, se abarrotó de gente por la llegada de la primera ola de calor de un verano que promete de nuevo temperaturas siniestras. No es una promesa nada más. Es una proyección estadística que los expertos en clima vienen anunciando desde hace años. Forma parte de un menú de anomalías que, en conjunto, denominamos cambio climático y que se caracteriza por tormentas extremas, temperaturas criminales, granizo distópico, inundaciones bíblicas y sequías devastadoras. Mientras tanto, el tema, gravísimo, es solo una nota al pie en la agenda política global. (Texto de Ariel Torres) (Fernando Sanchez - Europa Press/)

Edición fotográfica de Dante Cosenza
Gran Bretaña, junio 2022. EL MISTERIO. Hay océanos de tiempo y marcas profundas de sal, embates y tormentas en esa efigie blanca que tan amorosamente el hombre de la foto busca restaurar. Esa figura tiene una magia extraña, como lo habrá podido comprobar quien haya descubierto piezas muy similares en la sala de mascarones de proa del Museo Benito Quinquela Martín. Rostros por lo general esculpidos en madera, con rastros de pintura antigua y una ambivalente vocación por lo eterno y lo efímero. El Museo Marítimo de Hull, en el Reino Unido, se renueva y para ello un equipo de voluntarios se está ocupando de limpiar y poner a punto los artefactos marinos atesorados allí. La colección del museo incluye objetos ligados a la pesca, el comercio, la caza de ballenas. En cada uno de ellos late la historia, el comercio, la aventura; sangre, hallazgos y pérdidas. Pero el misterio, todo él, se queda con los mascarones.(Texto de Diana Fernández Irusta) - Créditos: @Danny Lawson


Gran Bretaña, junio 2022. EL MISTERIO. Hay océanos de tiempo y marcas profundas de sal, embates y tormentas en esa efigie blanca que tan amorosamente el hombre de la foto busca restaurar. Esa figura tiene una magia extraña, como lo habrá podido comprobar quien haya descubierto piezas muy similares en la sala de mascarones de proa del Museo Benito Quinquela Martín. Rostros por lo general esculpidos en madera, con rastros de pintura antigua y una ambivalente vocación por lo eterno y lo efímero. El Museo Marítimo de Hull, en el Reino Unido, se renueva y para ello un equipo de voluntarios se está ocupando de limpiar y poner a punto los artefactos marinos atesorados allí. La colección del museo incluye objetos ligados a la pesca, el comercio, la caza de ballenas. En cada uno de ellos late la historia, el comercio, la aventura; sangre, hallazgos y pérdidas. Pero el misterio, todo él, se queda con los mascarones.(Texto de Diana Fernández Irusta) (Danny Lawson/)

Edición fotográfica de Dante Cosenza
Buenos Aires, junio 2022. TRAS BAMBALINAS. Exhibir o sugerir; transitar por la luz plena u optar por el claroscuro. Entre esos matices nos movemos (también entre sonoridades más complementarias que opuestas: la voz en cuello, el susurro). Y es así que en esta foto hay un concierto que no escuchamos pero irrumpe ante la sola mención de un lugar: Libertad y Avenida de Mayo. Pura y dura Ciudad de Buenos Aires. Ajetreo, tránsito, viejas glorias arquitectónicas; una melancolía áspera, tango de piel curtida. En la imagen, el realismo visual –ojo de la cámara puesto en la fibra expuesta de la calle– se permite el misterio. Todo está allí y al mismo tiempo nos elude. Hay algo de telón teatral: una imaginería ruda y un personaje a tono. Gorro de lana, cuerpo acostumbrado al madrugón, el hombre descarga verduras frente a un restaurante. La ciudad se despereza y quienes la hacen posible se esmeran, siempre tras bambalinas. (Texto de Diana Fernández Irusta) - Créditos: @Dante Cosenza


Buenos Aires, junio 2022. TRAS BAMBALINAS. Exhibir o sugerir; transitar por la luz plena u optar por el claroscuro. Entre esos matices nos movemos (también entre sonoridades más complementarias que opuestas: la voz en cuello, el susurro). Y es así que en esta foto hay un concierto que no escuchamos pero irrumpe ante la sola mención de un lugar: Libertad y Avenida de Mayo. Pura y dura Ciudad de Buenos Aires. Ajetreo, tránsito, viejas glorias arquitectónicas; una melancolía áspera, tango de piel curtida. En la imagen, el realismo visual –ojo de la cámara puesto en la fibra expuesta de la calle– se permite el misterio. Todo está allí y al mismo tiempo nos elude. Hay algo de telón teatral: una imaginería ruda y un personaje a tono. Gorro de lana, cuerpo acostumbrado al madrugón, el hombre descarga verduras frente a un restaurante. La ciudad se despereza y quienes la hacen posible se esmeran, siempre tras bambalinas. (Texto de Diana Fernández Irusta) (Dante Cosenza/)

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