La minoría árabe de Israel, clave electoral por acción u omisión

Um al Fahem (Israel), 29 oct (EFE).- La minoría árabe de Israel será clave en las elecciones del 1 de noviembre: la baja participación que anticipan las encuestas favorecería el retorno del ex`rimer ministro conservador Benjamín Netanyahu, pero sus socios ultraderechistas podrían sin embargo impulsar a parlamentarios árabes a unirse al bando contrario, cambiando la ecuación.

Son la primera minoría y el foco de constante atención mediática y política. Son dos millones árabes-israelíes, más del 20% de la población y más de un 15% del electorado. Fueron durante décadas el gran ausente en la ecuación política y gubernamental de Israel, pero ya no.

CAMBIO DE TIMÓN

La formación islamista Raam hizo historia en 2021 al convertirse en el primer partido árabe en formar parte -y ser aceptado- de un Ejecutivo israelí. Un cambio de timón, resultado de la creciente voluntad de esta comunidad, compuesta de palestinos y descendientes de quienes se quedaron dentro del Estado de Israel tras su fundación en 1948, de participar activamente en la toma de decisiones en el país.

Un año después, con el Gobierno disuelto por diferencias internas y ante una nueva cita electoral este martes, la apuesta de Raam aún resuena entre el electorado árabe.

Para algunos, marcó un renacer del papel de esta comunidad en la política israelí, mientras que para otros demostró que ni siquiera formando parte del Gobierno puede este sector solucionar los graves problemas que enfrenta, sobre todo a nivel de infraestructura, marginalidad y crimen organizado.

Para Mudar Younes, alcalde de la localidad de Arara y líder del Comité Nacional de Alcaldes Árabes de Israel, lo de Raam fue un "experimento fallido" y es hoy una de las principales causas de la apatía electoral que vive esta comunidad, que estima registrará un mínimo histórico de participación (en torno al 40%) en los quintos comicios en menos de cuatro años.

"Mucha gente siente que su voto no va a cambiar nada, que la Knéset (Parlamento) no los representa", reconoce a EFE, aunque destaca que no se puede dejar el futuro de la comunidad únicamente en manos de parlamentarios judíos e insta a acudir a las urnas para "aumentar la representación árabe y evitar más discriminación".

Otro de los factores de esta desidia es la fragmentación de la Lista Unida Árabe, una coalición compuesta por los otros tres partidos árabes, que no alcanzaron un acuerdo para volver a presentarse como un frente común. Los partidos Tal y Hadash se postulan juntos, pero la formación nacionalista Balad irá por su cuenta y difícilmente supere el umbral del 3,25% de votos necesario para entrar al Parlamento.

"Si nuestros partidos se presentasen unidos, como hacen los colonos, más gente iría a votar y tendríamos más influencia", se queja Younes Jabareen, residente de Um al Fahem, tercera ciudad árabe de Israel, donde carteles de las tres principales facciones árabes se disputan cada centímetro de cemento.

ULTRADERECHA ANTIÁRABE

Más allá de las dinámicas internas de la comunidad, y la disyuntiva sobre si integrar o no el Ejecutivo, un factor externo se ha colado en el debate político árabe.

El Partido Sionista Religioso, de corte racista y ultraderechista -con propuestas como la deportación de ciudadanos árabes-, figura hoy como tercer partido en intención de voto y principal socio de Benjamín Netanyahu, cuyo bloque derechista, junto también a partidos ultraortodoxos, estaría cerca de formar Gobierno.

Una baja participación de la población árabe podría inclinar la balanza en favor del ex primer ministro -al disminuir la cantidad de votos necesaria para obtener cada escaño-, pero la amenaza de un Ejecutivo con la ultraderecha ha activado las alarmas de los representantes árabes.

Según explica a EFE el analista político Mohamad Darawshe, este factor no tendrá particular influencia en el electorado árabe, "acostumbrado a tener extremistas en el poder", pero sí puede afectar la decisión de sus representantes políticos sobre si apoyar o no un potencial gobierno del bloque anti-Netanyahu encabezado por el actual primer ministro, Yair Lapid.

De hecho, asumiendo que la coalición variopinta que busca armar Lapid volviera a contar con el apoyo de Raam, los escaños que obtenga la alianza Hadash-Tal podrían ser vitales para mantener al actual mandatario en el poder.

Un escenario posible, sugiere Darawshe, sería que esta alianza árabe no necesariamente se integre a la coalición sino que apoye en la Knéset su formación y funcionamiento, algo que ya sucedió en los años 90 durante gobiernos de Isaac Rabin y Shimon Peres.

De suceder esto, según las últimas encuestas, el bloque de Lapid igualaría al de Netanyahu en cantidad de apoyos -60 diputados cada uno-, abocando al país de nuevo a la parálisis política y a otras elecciones.

por Pablo Duer

(c) Agencia EFE