Mientras la crisis griega se prolonga, los niños pagan el precio

Por Karolina Tagaris
En medio de la desoladora crisis económica griega, un hogar para menores víctimas de abusos está empezando a acoger a los pequeños cuyos padres tienen dificultades para darles de comer. En la imagen, un grupo de niños juegan en la Guardería Nacional Modelo en Atenas el 3 de marzo de 2017. REUTERS/Alkis Konstantinidis

Por Karolina Tagaris

ATENAS (Reuters) - En medio de la desoladora crisis económica griega, un hogar para menores víctimas de abusos está empezando a acoger a los pequeños cuyos padres tienen dificultades para darles de comer.

Se trata quizás del lado más oscuro de la devastación económica en Grecia, donde los fuertes vínculos familiares tradicionales están empezando a desmoronarse tras años de depresión.

Una cuarta parte de la población activa griega está desempleada y uno de cada cuatro menores griegos vive en situación de pobreza, de acuerdo con cifras de Naciones Unidas, lo cual obliga a los padres a depender de la ayuda financiera de los abuelos. Las pensiones, sin embargo, también han sido recortadas una docena de veces.

En Atenas, la Guardería Nacional Modelo, establecida hace un siglo para los huérfanos de la guerra, cada vez lo tiene más difícil ante el número de padres que recurren a ella en busca de ayuda. Incapaces de cubrir las necesidades básicas de sus hijos, los progenitores dejan a los menores en el hogar durante toda la semana.

Iro Zervaki, su directora, dice que al menos 40 niños engrosan la lista de espera, cuatro veces más que hace un par de años.

En el establecimiento duermen 25 pequeños en una habitación vacía en la que se alinean filas de camas con sábanas azules. No tienen el personal y la financiación necesarios para aumentar su capacidad, argumenta Zervaki. La mayoría de las plazas son para menores víctimas de abusos.

Decenas de otros niños, todos de entre dos y cinco años, vienen a diario, pero los días que pasan lejos de sus padres se hacen demasiado largos.

"Hemos tenido incidentes en los que los menores incluso intentaron abandonar el lugar, escaparse e ir con sus madres", dijo Zervaki.

En el animado patio de juegos, una pequeña tira de la blusa de la trabajadora social y grita: "¡Señorita! ¿Cuándo podré irme con mamá?"

"No son capaces de decir cuántos días llevan separados (de sus padres), así que todos los días preguntan: '¿Es viernes?'", dijo Anthoula Zarmakoupi, la trabajadora social. "Saben que mamá vendrá a por ellos el fin de semana".

Pero, a veces, ni siquiera eso es posible, explicó. "Tenemos niños cuyos padres no tienen casa, por lo que es muy difícil para ellos incluso recogerlos el fin de semana".

También para el hogar de acogida los días mejores se presentan más lejanos que nunca.

La financiación estatal se ha reducido y ya solo cubre la mitad del salario de sus trabajadores. El establecimiento depende de las donaciones de comida y ropa. Zervaki cuenta que es difícil decir si será capaz de afrontar los pagos del próximo mes.

"No parece que el mañana vaya a ser mejor", dijo. "Tardará algunos años. Espero que no demasiados".