El engaño consentido de la miel: pasaporte europeo, origen chino

Jaime Quirós - La miel pura es un alimento famoso por sus propiedades antibacterianas, por su fuente de antioxidantes y su capacidad edulcorante. Sin embargo, lo que muchos españoles no saben es que la miel que compran no es pura y, por tanto, no cuenta con dichos beneficios. España es el primer productor de miel de la UE y el 14º del mundo, con 34.000 toneladas al año, y esta es muy demandada por otros países europeos, como Francia o Alemania, que son sus compradores principales. Para suplir el resto de la demanda, España recurre a las importaciones, uno de cada cuatro kilos de miel que se envasan en España provienen del mayor productor de miel a nivel mundial: China.

La producción de miel se ha visto ligeramente reducida en la mayoría de países europeos, como consecuencia del cambio climático, las plagas o la disminución de la población de abejas, algo que no ha afectado en absoluto al gigante asiático. Esto llevó a Bruselas a investigar más exhaustivamente el método de producción del edulcorante y, en 2013, la policía incautó 45 cubos de miel falsa hecha de agua, azúcar, colorante y alumbre de aluminio para aclarar el color de la mezcla. 

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 Con esto, las asociaciones de apicultores pudieron enterarse del secreto chino para obtener una miel de calidad tan barata. El coste de producción de un kilo de miel en España oscila entre los 3 y los 5 euros, mientras el precio de la miel de China está a 1,40 el kilo, y esto se debe a que no se trata de miel pura propiamente dicha, sino mezclas de otros elementos, que también incluyen edulcorantes artificiales y pesticidas. Además, la legislación china también permite el uso de fitosanitarios y antibióticos, los cuales está prohibidos en la UE.

No obstante, esta miel tiene ‘éxito’ en España, y es que el consumidor tiene a ir al precio más bajo, por lo que los españoles acaban adquiriendo la miel china, mientras que la española, de mayor calidad, se destina a otros países de la UE.

¿Se está vendiendo miel ‘falsa’ bajo el nombre de ‘miel pura’?

En algunos países de la UE, como Italia, se exige a los distribuidores que expliquen el origen del producto que venden país por país, pero en España no es así: solamente se indica si la miel viene de fuera de la UE o no, pero no se especifica de dónde, ni en qué porcentaje se da cada una. En las etiquetas viene indicado si se trata de miel europea, o de mezclas de miel europea y extracomunitaria, y esta mezcla podría ser perfectamente tanto de miel española y mexicana como de española o china. Es importante recordar este etiquetado es legal y se encuentra amparado por la directiva 2001/110/CE del Consejo de 20 de diciembre de 2001 a través del Real Decreto 1049/2003, de 1 de agosto, por el que se aprueba la Norma de calidad relativa a la miel.

El coordinador regional de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Castilla y León, Aurelio Pérez, explicó que un bote puede llevar el indicativo ‘contiene miel española’ aunque solo acumule un 1% del total y el resto sea procedente de China. Esto no solo se trata de un golpe bajo para los apicultores, que se esfuerzan en obtener miel de la mayor calidad posible (y se ven derrotados por los bajos precios de la superpotencia), sino también a los consumidores, los cuales no están bien informados de lo que compran. A pesar de que la industria afirma que la miel china ‘pasa los estándares de calidad exigibles’, podemos estar ingiriendo productos que no son del todo buenos para nuestro cuerpo. La miel ‘falsa’ no contiene los mismos componentes naturales que la ‘auténtica’, por lo que sus propiedades beneficiosas tampoco son las mismas.

Se pone en peligro la reputación de la miel española, puesto que, si se empieza a exportar la más barata, formada por una mezcla desigual de miel de origen chino y europeo, su sabor es diferente, lo que podría acabar con su prestigio.

El Gobierno propuso, en marzo de 2019, una normativa que obligaría que las etiquetas indicaran el país de procedencia de la miel y el porcentaje del contenido de cada uno de sus componentes, además de si había sido tratada con calor o no, para atender las demandas de los consumidores y del sector apícola. No obstante, la propuesta fue visto como ‘contraria a la Directiva comunitaria’ por parte de Bruselas, por lo no hay perspectivas de que el etiquetado vaya a cambiar en un futuro cercano. Y si no cambia, a la larga los que van a perder son todos los españoles.

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