Miel adulterada china invade Latinoamérica y golpea a consumidores y apicultores

La miel adulterada que se produce en algunos países, especialmente en China, es un gran problema para consumidores y apicultores. Foto: Getty Images.

La producción de miel virgen en Latinoamérica ha recibido duros golpes en los últimos años: El cambio climático y el uso de pesticidas ha diezmado su producción y pureza, pero el principal enemigo ahora es la invasión de la miel adulterada proveniente de China.

El sector apicultor de México ha sido uno de los más afectados por la nueva dinámica del mercado, que ha llevado a una reducción de los precios de la miel pura ante la competencia desigual con el producto falsificado proveniente de China.

Las estadísticas no son claras pero se estima que tres de cada cuatro frascos de miel que se venden a nivel mundial son adulterados y en su mayoría provenientes de China, elaborados con jarabe de fructosa y una gran cantidad de insecticidas prohibidos y nocivos para la salud. Incluso se han detectado rastros de poderosos antibióticos no aprobados por los organismos sanitarios de varios países.

La adulteración de la miel es frecuente, ocurre en casi todos los países del mundo y algunos estudios sugieren que entre el 50 y el 90 por ciento de las mieles en el mercado mundial son falsas o adulteradas, convirtiendo a este saludable alimento en el tercero más falsificado a nivel mundial, de acuerdo con el libro “Real Food, Fake Food” (Comida Falsa, Comida Real) del autor Larry Olmsted. De hecho, es más fácil conseguir una miel falsa que una pura en los supermercados.

Métodos de falsificación

Existen diversas formas para producir miel falsificada, la más fácil es producirla a través de un jarabe de azúcar, pero al aplicar esta técnica es muy fácil detectar cuando un producto es falso. Por eso, una de las nuevas técnicas para adulterar la miel es a través de la combinación de cierto porcentaje de miel pura con jarabes de azúcar, maíz, frutas o caña de azúcar sin especificar en la etiqueta final que no se trata de miel de abejas 100 por ciento pura.

China, el mayor adulterador del mundo, ya lleva más de tres décadas desarrollando y mejorando métodos de falsificación, una pesadilla para los laboratorios que quieren comprobar si una miel es auténtica o no.

Ángel López Ramírez, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de México (UNAM), aseguró al medio digital Dialogo Chino que no es fácil detectar si una miel es adulterada o su lugar de origen y solo es posible hacerlo en algunos laboratorios.

La miel que contiene polen se puede analizar para saber de dónde proviene, pero si se le filtra el polen o se mezcla con otras mieles, una práctica muy común en la industria, se pierde el rastro de origen y por ende se pueden evitar los controles aduaneros para exportar el producto sin aranceles, indicó el experto en el artículo escrito por Alejandra Cuéllar.

Usualmente se lleva la miel de China a otro país, por ejemplo India o Chile, y posteriormente se envía el producto a su país de destino final, con lo que al final se registra como un proceso de exportación desde estos últimos países hasta el lugar de destino.

China inunda Latinoamérica con su dudosa miel

Las mieles adulteradas se fabrican en varios países pero China es uno de los mayores productores de este tipo de mieles de baja calidad y falsas a nivel mundial, de ahí que muchos países consideren a la miel procedente de China como un producto de alto riesgo por los bajos estándares que se usan para su producción pero con una gran similitud en apariencia con las mieles naturales.

Muchos productores en Latinoamérica acosados por la caída de los precios a nivel mundial han decidido mezclar durante el envasado un gran porcentaje de mieles adulteradas provenientes de China con una pequeña proporción de miel local y con ello poder afirmar que se trata de un producto de origen local.

Artículos relacionados:

Un estante en un supermercado en Pekín con miel genuina. Las autoridades chinas estiman que más de la mitad de la miel que se vende en ese país es falsa. Foto AFP

El uso de este tipo de miel se ha masificado especialmente por los bajos costos de producción en China, y por lo general una baja calidad, lo que ha llevado a una crisis de la industria apícola en varias regiones del mundo, en especial en Latinoamérica.

Las mieles naturales producidas por apicultores locales en América Latina son hasta 4 veces más costosas que las adulteradas que son importadas desde China.

Algunos productores mexicanos responsabilizan de la crisis del sector al gobierno de Enrique Peña Nieto por permitir la introducción de miel adulterada hecha en China a partir de químicos para venderse a bajos precios en los mercados, lo que a su vez llevó a una reducción en las ventas de miel producida localmente.

El riesgo de la miel china

No solo ha sido un golpe a los apicultores, el consumidor final también enfrenta desafíos que van más allá del precio. A menudo se ha detectado en las mieles producidas en China una gran cantidad de pesticidas, herbicidas y metales pesados que terminan en la mesa de los compradores en forma de miel.

Las laxas regulaciones de producción agrícola en China también han permitido que se detecten altas concentraciones de cloranfenicol, un poderoso antibiótico que puede conducir a una depresión de la médula ósea potencialmente mortal, razón por la cual este medicamento no está aprobado para su uso en alimentos en Estados Unidos y otros países.

Dentro de los beneficios a la salud que derivan del consumo de miel natural están la reducción de la masa corporal, disminución del ritmo de envejecimiento, regulación del funcionamiento del sistema inmunológico y ayuda a controlar el colesterol, los triglicéridos y la glucemia.

Ninguno de estos efectos positivos se obtienen al consumir mieles adulteradas o falsificadas, y por el contrario alteran negativamente los niveles de colesterol, triglicéridos y glucemia (azúcar en la sangre), y contribuyen al aumento de peso.

Para evitar esto es indispensable que el consumidor final tome conciencia de que generalmente un precio menor en los estantes va de la mano con falsificaciones y adulteraciones que ponen en riesgo la salud. Además, se deben buscar productores locales que garanticen una miel 100 por ciento natural y aún mejor si todo el proceso de producción se hace de manera orgánica.

Y por último y más importante, se debe presionar en todos los ámbitos para que las poblaciones de abejas se mantengan saludables y se conserven sus espacios por tratarse de los polinizadores más importantes del planeta.