EEUU vive miedo y tensión; comercios se blindan por temor de disturbios en elecciones

Jesús Del Toro
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La ansiedad que se vive en Estados Unidos ante la posibilidad que se registren disturbios relacionados con la elección presidencial de este martes 3 de noviembre es considerable, una situación que no tiene precedente en la historia reciente del país.

Un trabajador coloca páneles de madera en puertas y ventanas deun comercio cercano a la Casa Blanca, en Washington DC, el pasado 31 de octubre de 2020. (Alex Edelman / AFP / Getty Images)
Un trabajador coloca páneles de madera en puertas y ventanas deun comercio cercano a la Casa Blanca, en Washington DC, el pasado 31 de octubre de 2020. (Alex Edelman / AFP / Getty Images)

La tensión y la confrontación que se han suscitado ante la retórica ominosa de Donald Trump, que clama sin pruebas ni base que la elección podría enfrentar un fraude generalizado y la noción de que sus simpatizantes de derecha radical podrían, creyendo que se le ha robado la elección, desatar disturbios y, posiblemente, chocar con grupos de extrema izquierda ha atizado esos miedos.

También se teme que Trump se proclame vencedor antes de que exista un conteo completo y que ello también desate enfrentamientos entre quienes busquen defender ese supuesto triunfo y quienes rechacen tal suposición.

Ante ello, comercios en Washington DC, la capital, y en otras ciudades estadounidenses, entre ellas Nueva York, Chicago y Los Ángeles y otras ciudades, han comenzado a blindar sus puertas y ventanas con grandes paneles de madera a fin de prevenir que sus instalaciones sufran vandalismo o saqueos.

Se trata de una práctica común y frecuente para, por ejemplo, proteger casas y edificios de la furia de los vientos ante el azote de un huracán, pero en 2020 ello se ha dado en contextos nuevos y punzantes.

Un factor clave en ello fueron los disturbios y el vandalismo que se sufrieron en numerosas ciudades estadounidenses en el contexto de las protestas por la muerte a manos de policías del afroamericano George Floyd a finales de mayo pasado.

Entonces, protestas pacíficas en repudio del racismo y la brutalidad policiaca se dieron en todo el país. En algunos casos, esas protestas fueron infiltradas por individuos que buscaron sacar espurio provecho y desataron vandalismo y saqueos de comercios. El robo y la destrucción de propiedad privada fueron actos delictivos que deben ser castigados conforme a la ley pero, en realidad, no tuvieron que ver con quienes pacíficamente protestaron en las calles. Pero todo ello ha sido usado, especialmente por Trump, para estigmatizar la protesta ciudadana y tratar de asociarla con el crimen.

Y ha habido una intensa polémica ante, por un lado, el hecho de que las policías locales y las fuerzas federales han actuado de modo represivo contra manifestantes pacíficos (por ejemplo durante la protesta que se día frente a la Casa y fue rudamente dispersada para que Trump pudiera tomarse una provocadora foto ante una iglesia) y, por el otro, que en efecto grupos radicales, tanto de izquierda como de derecha, han actuado de forma violenta y chocado con la policía o dañado propiedad.

En todo caso, y aunque desde el entorno de Trump se busque equívocamente e incluso dolosamente equipararlos, los manifestantes pacíficos contra el racismo y la brutalidad policiaca son diferentes a los que han desatado vandalismo y violencia.

De acuerdo al periódico The Washington Post, que cita cifras del Instituto de Información sobre Seguros, comercios estadounidenses han sufrido en este año mil millones de dólares por saqueos y vandalismos. Y a ello se debe sufrir el impacto severo en sus ventas provocado por el bajón de la actividad económica causado por el covid-19.

Así, el miedo a posibles disturbios existe, sobre todo porque el propio Trump se ha negado a decir que aceptará en su caso una derrota y no ha dicho que propiciará una transición pacífica del poder. Ante la posibilidad –elevada según las encuestas– de una derrota electoral ante el demócrata Joe Biden, Trump ha dicho falsamente que eso solo sucederá si es por fraude. Trump aún tiene posibilidades de ganar, pero su discurso ha sido especialmente ominoso.

Todo ello se ha configurado para que comercios en varias ciudades, que sufrieron severos saqueos en meses pasados, hayan decidido protegerse anticipadamente ante la posibilidad, no segura pero inquietante, de que pudieran darse nuevos disturbios o que oportunistas delictivos busquen aprovechar el momento para desatar, como ya ha sucedido, el robo y la destrucción.

Incluso, como narra la radio pública NPR, comercios que tapiaron sus ventanas y las han dejado así durante meses le han colocado encima nuevos paneles de madera.

Todo ello pese a que, en el caso de Washington DC, por ejemplo, las autoridades no creen que exista una amenaza o riesgo mayor de disturbios y saqueos.

Trabajadores colocan  tapias de madera  en  las ventanas de una tienda en San Francisco, el pasado 1 de noviembre de 2020. (AP Photo/Jeff Chiu)
Trabajadores colocan tapias de madera en las ventanas de una tienda en San Francisco, el pasado 1 de noviembre de 2020. (AP Photo/Jeff Chiu)

Pero ese blindaje, la visión de comercios tapiados, y el miedo que ha llevado a esa situación son signos del grado de tensión y polarización al que se ha llegado en Estados Unidos, en gran medida a causa de la retórica y las acciones de Trump, cargadas de ofensa, prejuicio, autoritarismo y división.

Con todo, la posibilidad de que el voto libre y pacífico rinda el veredicto final y se desactiven las tentaciones violentas que pudiesen existir es fuerte y es el camino a seguir: que todos los votos se cuenten, que el vencedor emprenda un proceso de reconciliación y acción en beneficio colectivo (con la urgente atención de modo activo y con base científica contra la pandemia de covid-19) , que el derrotado reconozca esa situación y de paso a una transición pacífica y respetuosa del poder y que quien decida expresarse en las calles ejerza ese derecho de forma pacífica y respetada por las autoridades.

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