Sin miedo ni precaución, miles visitan Madero

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Juan Carlos Cortés

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 16 (EL UNIVERSAL).- El anuncio de haber superado el millón de contagios de Covid-19 en el país no detuvo a cientos de capitalinos que ayer abarrotaron la calle Francisco I. Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Fue el domingo del último puente del año, a dos semanas de cumplirse nueve meses de la crisis sanitaria en el país.

Este domingo, poco importaron las medidas de prevención que el gobierno de la capital ha implementado, pues familias recorrían Madero sin sana distancia. Muchas de las tiendas de esa calle lucían abarrotadas de personas que aprovecharon las ofertas del Buen Fin.

Las filas para entrar a los comercios eran largas, incluso los vigilantes tenían que recordar constantemente a los clientes que debían guardar la sana distancia y también continuamente señalaban que debían separarse medio metro, algo que se complicaba por la cantidad de gente.

A diferencia de días anteriores, la calle de Madero estaba dividida en dos sentidos y en cada cruce había personas que regalaban gel antibacterial a los visitantes.

Uno de ellos, quien se identificó como Chava, explicó que esa labor la realiza porque fue un acuerdo entre comerciantes y el gobierno para reabrir los comercios y que pudieran trabajar.

Cuando no reparte gel, vende lentes en la calle Motolinia. Mencionó que no sólo este día ha habido mucha afluencia de personas, pues por el Buen Fin toda la semana la cantidad de visitantes no ha disminuido en el Centro Histórico.

"Yo todo el día estoy en la calle, pues ofrezco lentes y he visto que en toda esta semana ha habido mucha gente, es por el Buen Fin. Incluso tuvieron que abrir la plaza de los lentes, que llevaba meses cerrada", contó.

Al cuestionarlo sobre si observó más personas en Francisco I. Madero, explicó que "hoy está así por lo del puente, como que cuando es puente a la gente le gusta salir; sin embargo, hoy se ven más personas aquí, unos vienen a pasear y otros por las compras. Ahora es cuando deben aprovechar los negocios".

Y es cierto. En cada tienda había filas para entrar, en el interior era inevitable la concentración de personas. Afuera la situación era similar, pues en la calle familias, grupos de amigos y parejas paseaban o se sentaban en las orillas para platicar o comer.

Al preguntarle al vendedor si no tiene miedo por la actual pandemia, dudó de su respuesta, pero respondió que con todo y eso tiene que trabajar.

"Pues sí da miedo, pero qué le voy a hacer, si no aprovecho ahora que hay gente, cuándo, igual después vuelven a cerrar la plaza y cómo le vamos hacer, nadie nos ayuda", subrayó.

Los únicos lugares en donde no se ven concentraciones de gente es en los restaurantes, pues sólo tienen permitido operar con un aforo de 30%. En algunos locales incluso ni ese porcentaje lograron cubrir.

Dos meseros, con careta y cubrebocas, invitaban a los paseantes a entrar a un negocio, pero sus esfuerzos fueron en vano, pues las personas prefirieron formarse por varios minutos para entrar a alguna de las tiendas de ropa que hay en la calle de Francisco I. Madero.

"Pues sí hay mucha gente, pero nada más vinieron a comprar y pasear, porque a comer, nada", lamentaron.

En los cruces de esta vía, las aglomeraciones volvieron imposible la sana distancia, pues cada que un semáforo marcaba el alto, cientos de personas se amontonaban en espera de pasar.

Había decenas de capitalinos y visitantes de todas partes del país que, pese a que la Ciudad de México corre el riesgo de volver al color rojo en el semáforo epidemiológico, y aprovecharon el último puente del año para comprar y recorrer la emblemática calle del Centro Histórico.