Descubren abundancia de microplásticos en las caquitas de los bebés

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Pañales usados en una papelera. (Imagen vista en vista en ec.europa.eu / crédito: Wagga Wagga City Council).
Pañales usados en una papelera. (Imagen vista en vista en ec.europa.eu / crédito: Wagga Wagga City Council).

Vivimos rodeados de plástico, un material que no desaparece de nuestras vidas por arte de magia, sino que al degradarse forma pequeñas partículas invisibles, que transportadas por las aguas o el viento, han logrado conquistar el mundo. En, 2019 se observó que ni siquiera el remoto Ártico había quedado al margen de estos “microplásticos”, a los que definimos como motas de material sintético cuya longitud no excede los 5 milímetros.

Lo que acaba de descubrir un cuarteto de investigadores estadounidense (cuyas conclusiones podéis leer en un estudio piloto publicado hace dos semanas en la revista Environmental Science & Technology Letters) es aún más preocupante, pues afecta a nuestros bebés.

Tras desenvolver múltiples pañales y analizar las heces que contenían, el cuarteto (formado por tres pediatras y un experto en ciencia medioambiental) descubrió una media de 36.000 nanogramos de polietileno tereftalato (PET) por cada gramo de “caquita” de bebé. Para que lo pongáis en perspectiva, esa es una cantidad 10 veces superior a lo que se encuentra en las heces de un adulto. Para sorpresa de los responsables de este estudio, incluso el meconio de los recién nacidos contenía microplásticos.

La explicación para este sobre abundancia de plástico en las deposiciones de nuestros pequeños puede explicarse debido a la mayor exposición que padecen al PET. Pensad que se alimentan a través de biberones hechos con plástico, cuyo calentamiento constante los degrada más rápidamente, todo hay que decirlo. También beben agua en vasitos de plástico, y se llevan a la boca múltiples objetos de plástico que forman parte de nuestra vida diaria. Ni siquiera cuando gatean quedan libres de plástico, porque el revestimiento de los suelos de madera incorpora una capa protectora de este material. Por no hablar de las fibras de plástico presentes en las alfombras y en múltiples prendas de vestir realizadas con poliéster, material sintético que también se fabrica con PET.

Y habrá quien sostenga que no pasa nada, que con un tamaño tan diminuto estas partículas no pueden hacer mucho daño, y que igual que entran en nuestro cuerpo también conseguirán salir, pero el caso es que los pediatras han encontrado preocupante el estudio y se han propuesto averiguar los efectos que los microplásticos pueden tener en la salud de nuestros pequeños.

En palabras de uno de los autores, el profesor de medicina medioambiental y pediatría de la Universidad de Nueva York, Kurunthachalam Kannan: “es necesario hacer un trabajo sobre los altos niveles de plásticos a los que se ven sometidos los bebés, ya que las primeras etapas de la vida son las más vulnerables”.

Hasta no hace demasiado, efectivamente los científicos creían que los microplásticos eran expulsados en nuestras deposiciones, al igual que cualquier otra cosa que los bebés comieran indebidamente, pero un trabajo publicado en 2019 en la revista Chemosphere, sugiere que las partículas muy pequeñas podrían abrirse paso a través de las membranas celulares e infiltrarse en el sistema circulatorio. Si este fuera el caso, podríamos encontrarnos con problemas de tipo inflamatorio y con mortalidad celular, lo que afectaría al sistema inmunológico.

Además, los plásticos contienen un montón de compuestos químicos, entre los que se incluyen interruptores endocrinos que podrían mezclarse con ciertas hormonas del cuerpo relacionadas con algunos efectos adversos sobre el metabolismo, la reproducción y la salud neurológica.

Pero volvamos con el estudio piloto, en el que se analizaron muestras de heces de seis niños diferentes, todos de un año de edad y residentes en la ciudad de Nueva York. Además, observaron el meconio de tres recién nacidos. Las muestras se obtuvieron raspando en el contenido de los pañales con una espátula, con mucho cuidado de no alcanzar las paredes del pañal para evitar los microplásticos que pudieran proceder de este y no del bebé.

No obstante, para evitar errores por contaminación, los investigadores se centraron en la búsqueda de PET y policarbonatos, materiales diferentes al plástico con el que se confeccionan los pañales, llamado polipropileno. Descubrieron ambos, pero solo contemplaron una diferencia significativa con el PET (en comparación con lo observado en las muestras de 10 adultos, tomadas como control).

El objetivo del trabajo de este cuarteto está logrado, llamar la atención. Y es que en efecto lo único que piden es que se realice más investigación pediátrica sobre microplásticos y sus posibles efectos. Algo que no se ha hecho hasta ahora entre otras cosas porque hasta hace 20 o 30 años, la creencia general era que el plástico no era un material dañino.

Me enteré leyendo WIRED

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