Michael K. Williams les dedicó toda su vida a sus personajes

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En una escena memorable de “Lovecraft Country” de HBO, Montrose Freeman, sombrío y con los ojos hinchados, se encuentra solo en un salón de baile subterráneo lleno de gente, mientras su amante, Sammy, vestido de mujer, lo invita a la pista de baile. Con una camisa de seda roja, Montrose, interpretado por Michael K. Williams, reluce mientras su personaje, un hombre negro gay, se debate con su sexualidad y su raza en la década de 1950 en Chicago.

Montrose lentamente comienza a moverse de un compañero de baile a otro, al principio de mala gana y luego con tal jolgorio que pronto está empapado de su propio sudor cuando un grupo de drag queens lo arrastra por el aire. Liberado, al menos temporalmente, del trauma de su pasado y las restricciones de su presente, Montrose abraza, sujeta y al fin besa a Sammy en los labios por primera vez.

He visto esa escena muchas muchas veces. En una era en la que “Pose”, “Legendary” y “RuPaul’s Drag Race” le dan a la cultura del baile afroestadounidense LGBTQ un lugar protagónico, es posible que la línea argumental de Montrose no resalte. Pero cuando se emitió por primera vez en septiembre pasado, después del verano de Black Lives Matter, el retrato íntimo que Williams hizo de un hombre perdido y a la vez adelantado a su tiempo fue tan transformador y tan paralizante que me encontré aferrándome de manera desesperada al momento de exhalación y exaltación de Montrose. Ese momento ofreció un alivio a los espectadores que aún se recuperaban de las últimas palabras de George Floyd: “No puedo respirar”.

“Esa escena no se trataba de que él reconociera abiertamente su homosexualidad”, dijo Williams en una entrevista con TV Guide en septiembre pasado. “Se trataba más de que él dejara que su niño interior saliera de ese armario y corriera por doquier y fuese libre”.

Williams, quien fue encontrado muerto el lunes en su apartamento en el distrito de Brooklyn de la ciudad de Nueva York, sabía cómo ser libre en la pantalla. Eligió dar vida a personajes tan poco convencionales, tan complejos y, a menudo, tan contradictorios que no podían encasillarse en las categorías tradicionales de raza, sexualidad y clase en las que nacieron.

Inspirado por su infancia en Vanderveer Estates, un complejo de apartamentos ahora conocido como Flatbush Gardens, en Brooklyn, Williams comprendía la importancia de sus papeles. Y ya sea que su audiencia lo supiera o no, se aseguraba de que viéramos a los hombres negros de la clase trabajadora con los que creció tal y como él mismo los veía: majestuosos e imponentes.

Ese fue el caso de Chalky White, el contrabandista de Atlantic City en “Boardwalk Empire. El imperio del contrabando” de HBO, un personaje inspirado en su padre, quien se crio en el sur de Estados Unidos bajo las leyes de Jim Crow. Para interpretar a Ken Jones, un activista por los derechos de las personas LGBTQ que padece VIH, en el docudrama de ABC “When We Rise”, se basó en varios sobrinos gays que habían muerto. En el caso de Freddy Knight, un exboxeador que dirige una red de drogas en el complejo penitenciario de Rikers Island en la miniserie de HBO “The Night Of”, se inspiró en otro pariente que había sido encarcelado en esa prisión. Como Freddy, que toma a un prisionero ingenuo (interpretado por Riz Ahmed) bajo su protección, Williams podía pasar de un ser protector cariñoso a un jefe criminal cruel en una sola escena, una decisión actoral que no solo mantuvo a los espectadores tratando de adivinar los motivos reales de Freddy, sino que se convirtió en el centro emocional de la serie.

A la mística de Williams como actor se sumaba la cicatriz que recorría su rostro, una marca del momento en que un hombre le cortó la cara afuera de un bar en Queens cuando tenía 25 años. Williams diría que su herida lo transformó. “Toda mi vida he sido un cobarde, y luego resulta que todos me ven como una especie de gánster”, le dijo a The New York Times para un artículo de 2017. “Casi me hace reír”.

Yo también veía su cicatriz como una metáfora. Un poco fuera de lugar. Un símbolo permanente de su vulnerabilidad. Un trauma que lo volvió inolvidable, al tiempo que le proporcionó a él y a nosotros un mapa hacia la ternura y el tormento que imprimiría en todos sus personajes, a veces desencadenando sus propios traumas y su batalla de toda la vida contra la depresión y el abuso de sustancias.

Fue una historia que le recordó su personaje de Omar Little, el ladrón de “The Wire” de HBO. La impresionante actuación de Williams lo convirtió en el forajido por excelencia: un gánster negro, gay, armado con escopetas que opera tanto por encima de la ley como más allá de los códigos de las calles de Baltimore. Basado, en parte, en el gánster de la vida real Donnie Andrews, quien fue enaltecido como una especie de Robin Hood de Baltimore, Omar llevó la carrera de Williams a la cúspide, pero también atormentó al actor en los años posteriores a la finalización de la serie. Cuando regresó a su antiguo vecindario, “me llamaban Omar”, le dijo al Times. “En ese momento, los límites se volvieron borrosos”.

Hoy volví a ver “The Wire”. No para presenciar la muerte anticlimática de Omar, sino para ver el quinto episodio de su última temporada, cuando apenas sobrevivió. Después de esperar con paciencia durante horas afuera del apartamento de un rival, Omar decide entrar con las armas en mano, solo para ser emboscado, lo que resulta en el asesinato a tiros de su compañero. Quizás para cualquier otro personaje de “The Wire”, escapar habría sido imposible, pero para Omar, desafiar las probabilidades era un estilo de vida. Cuando saltó por la ventana, con las balas pasando cerca de él, surgió como un hombre y un mito.

Al haber interpretado personajes tan originales, sensibles y vulnerables, Williams no solo expandió nuestro universo de masculinidad negra, sino que también se adhirió a su propia vida, lo que le dificultó separar el arte de su creador. Él dijo que las presiones de interpretar a Omar desencadenaron una crisis existencial en su vida y una recaída. Quizás su empatía se expresó como adicción, quizás su talento era su propia forma de tortura.

“Los personajes que tienen más significado para mí son los que casi me matan”, dijo en 2017. “Es un sacrificio que he decidido hacer”.

© 2021 The New York Times Company

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