México, en la encrucijada de regresar a clases o pagar un daño académico por varias generaciones

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FOTO: DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO.COM
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Desde que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador reconoció, hace 18 meses, que había llegado a México el coronavirus, las medidas sanitarias de carácter preventivo frenaron la economía y las actividades no esenciales, como la educación, que llevó al cierre de escuelas y la perdida de oportunidades de recibir una formación integral, para millones de niños, niñas y jóvenes, en todos los niveles educativos.

Por año y medio en México las escuelas públicas y privadas, desde los grados iniciales hasta los posgrados en las universidades, permanecieron cerradas y los estudiantes tuvieron que sustituir la convivencia y contacto directo con sus maestros y compañeros, por una relación remota, fría y en ocasiones despersonalizada, para aprender los conocimientos que ofrecen los programas educativos.

La pandemia en México afectó negativamente al sector educativo, tanto en el sistema público como privado. Miles de escuelas públicas en todo el país quedaron en el abandono. Por meses, sus instalaciones no recibieron mantenimiento y mucho menos la atención cotidiana que garantiza su funcionamiento. Muchas fueron vandalizadas, según relatan maestros y padres de familia.

Las escuelas privadas, cientos de ellas, como muchos otros negocios, por falta de ingresos se declararon en quiebra, cancelaron sus actividades y dejaron sin servicio a millones de estudiantes que deberán encontrar otra opción dentro del sistema educativo privado o, si la economía familiar sufrió las consecuencias negativas de la pandemia, buscar su incorporación a la escuela pública.

Mas allá de haber sido contagiados por el covid -19, los estudiantes son víctimas de la pandemia. Según resultados de la encuesta del INEGI, del mes de marzo de 2021, con la que midió el impacto del covid en la educación, “de las 33.6 millones de personas entre 3 y 29 años inscritas en el ciclo escolar pasado, 5.2 millones no se inscribieron en el actual y 738,400 no lo concluyeron, de los cuales el 58.9% fue por algún motivo relacionado con la epidemia, 8.9% por falta de recursos y 6.7% por tener que trabajar.”

De los 5.2 millones de estudiantes que dejaron las aulas, el 26.6% lo hizo porque sus familias consideran que las clases a distancia no son funcionales para aprender; el 25.3% dejó la escuela porque alguno de sus padres o tutores perdieron el empleo y un 21.9% declaró que no se inscribió por no tener computadora o carecer de conexión a internet. 

La percepción de la problemática en la educación se fue complicando conforme avanzó la pandemia por lo que, hace unas semanas, el presidente López Obrador, durante una gira por el estado de Veracruz, declaró: “Vamos a reiniciar las clases, va a iniciar el nuevo ciclo escolar a finales de agosto, llueve, truene o relampaguee. No vamos a mantener cerradas las escuelas ya fue bastante”.  

Las declaraciones del presidente López Obrador abrieron el debate sobre la existencia de condiciones sanitarias adecuadas para el regreso de los estudiantes a clases, con particular énfasis en los de nivel primaria y secundaria.

Algunas organizaciones de padres de familia manifestaron que los planteles no están en condiciones para operar por haber sido vandalizados y desmantelados en sus instalaciones sanitarias, eléctricas y sufrido el robo de equipo de cómputo, entre otros, por lo que no es recomendable el regreso de sus hijos a clases.

Otros padres de familias reaccionaron de manera diferente, acudieron a las escuelas para asear las instalaciones y reparar los desperfectos a su alcance, respondiendo con su actitud al llamado de las autoridades educativas para reacondicionar las instalaciones y reanudar las clases presenciales.

La determinación de las autoridades educativas es que se reanuden las clases presenciales el 30 de agosto, aunque, ante el repunte de la pandemia, que ya superó los 24 mil contagios diarios y un acumulado de 246 mil 811 fallecidos, la asistencia de los niños y niñas a la escuela será opcional.

En otros países del mundo, en cuanto empezó el descenso de la pandemia, se reanudaron las actividades escolares. En México la determinación del gobierno se da en el momento en el que la variante Delta del coronavirus, avanza.

Que reinicien sus actividades las escuelas, significa la recuperación integral del proceso educativo de los estudiantes, particularmente de los niveles iniciales, en los que la convivencia con los otros estudiantes es crucial para la socialización y madurez de los menores. Para los padres que decidan llevar a sus hijos a la escuela, significará regresar a la normalidad de la convivencia familiar. Adicionalmente, el regreso a clases incidirá en la economía al recuperarse la demanda de los diversos artículos utilizados por los educandos, los profesores y las escuelas, cuadernos, lápices, uniformes, transporte y demás.

Para los niños y niñas el regreso a la escuela será para reencontrar a sus amigos. A muchos los verán físicamente por primera ocasión, ya no a través de la pantalla.

Los estudiantes saben a qué regresan, extrañan la escuela, a sus compañeros y maestros y serán responsables de cumplir con el protocolo preventivo de contagios, para no regresar al confinamiento, pero en caso de que sucedan la responsabilidad no será de ellos, tampoco de sus padres. Los que tendrán que explicar las muertes serán los que insisten en decir que lo que pasa no tiene importancia.

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