La Merced, el secreto mejor guardado de Miami

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Tal vez no hubiera descubierto nunca la capilla y centro cultural de La Merced, en la frontera entre los barrios de Wynwood y Allapattah, en Miami, si en ese hermoso e inesperado sitio no hubiera tenido lugar hace unos días la presentación de mi libro Cuba, patria y música, junto a dos libros más sobre los cantantes Rolando Laserie y Elena Burke, a cargo del editor Armando Nuviola y del musicólogo Eloy Cepero.

En una manzana de la 7 avenida y la 32 calle del NW, perteneciente a la congregación e iglesia del Corpus Christi, se esconde esta joya construida hace apenas 17 años. La congregación se asentó en ese sitio en 1941, cuando todo lo que lo rodeaba eran manglares. La escuela y el convento se completaron en 1947 y el conjunto se terminó en 1959.

Fachada de la iglesia y centro cultural La Merced, en Miami.
Fachada de la iglesia y centro cultural La Merced, en Miami.

En los predios de esta congregación fue que se construyó la capilla de La Merced, que ha sido pensada también como Centro de Patrimonio Cultural de La Florida por el padre José Luis Menéndez (La Habana, 1947), quien ha puesto todo su empeño en su ejecución. Su fachada se inspira de las iglesias del barroco andino, pero no es una copia de ninguna en particular. Da para el interior de la manzana, de modo que desde la calle no puede verse, y es, esa la razón por la que quienes pasan por allí no pueden verla, a menos que den la vuelta a la manzana.

El Arcángel Asiel, con arcabuz y estandarte, realizada por un sacerdote jesuita en Bolivia en el siglo XVII.
El Arcángel Asiel, con arcabuz y estandarte, realizada por un sacerdote jesuita en Bolivia en el siglo XVII.

En los orígenes de La Merced se halla la comunidad peruana que frecuentaba la iglesia del Corpus Christi y, en particular, Norma Aranibal y Sonia Valdivia, dos feligresas que deseaban construir una iglesia de estilo colonial peruano en los predios de la congregación. “Fueron ellas quienes tuvieron la idea de la Iglesia-Museo, pues cuando les pregunté por qué querían llamarla así me respondieron que tenían 4 pinturas coloniales peruanas antiguas y deseaban exhibirlas en el futuro templo”, me comenta Ray Zamora (Marianao, 1945), antiguo galerista y actual director artístico del Centro.

Puerta con paneles pintados proveniente de España, 1632.
Puerta con paneles pintados proveniente de España, 1632.

Todo ha sido pensado para que el visitante se sienta en uno de esos templos coloniales tan corrientes en Sudamérica, pero inexistentes en La Florida. La fachada fue pintada de ocre naranja, las escaleras exteriores construidas con piedra de Brasil y las paredes exteriores con roca coralina proveniente de República Dominicana. En el momento en que visitaba el Centro, guiado por Ray Zamora, un arquitecto llegó para tomar las medidas de las cúpulas que se construirán para cada campanario.

Santa Rosa de Lima, Cuzco, siglo XVIII.
Santa Rosa de Lima, Cuzco, siglo XVIII.

Y es que la capilla y centro cultural La Merced no es más que la primera fase de un proyecto mayor: un enorme Museo de Arte Colonial, único en su tipo en Estados Unidos, que se construirá en torno a una plaza colonial con amplias galerías de columnas y La Merced cerrando el extremo sur del conjunto.

La Anunciación. Anónimo peruano del siglo XVIII.
La Anunciación. Anónimo peruano del siglo XVIII.

El interior de la iglesia es aún más sorprendente. Las ventanas fueron concebidas con ónix proveniente de Pakistán, el peldaño interior viene de la ciudad española de Alicante y el altar fue hecho por artesanos bolivianos de Cochabamba, quienes también fabricaron a mano el techo de artesonado. El artista y arquitecto mexicano Manuel Lira, especialista del barroco, se ocupó de diseñar los altares. Muchos de estos fueron tallados luego por artesanos hondureños, guatemaltecos, colombianos, costarricenses y mexicanos de Miami, algo que, según el propio padre Menéndez, da fe de la riqueza de mano de obra disponible en la ciudad, de la cual poco se sabe.

Detalle del altar fabricado por artesanos de Cochambamba.
Detalle del altar fabricado por artesanos de Cochambamba.

En el origen de la colección de pinturas barroca se encuentra una docena de obras de la colección de Bill Morgenstern. El propio Zamora negoció con su viuda la adquisición de los restantes cuadros tras un acuerdo de compra por cuotas, ya saldado, pues la iglesia no disponía de fondos y el Centro es una organización sin fines de lucro. “Las puertas de la Sacristía, por ejemplo, se compraron en una exposición-venta de antigüedades en Miami Beach”, comenta Zamora. “Y el pan de oro de 23.5 quilates que recubre las piezas fue aplicado por maestros artesanos cubanos en el lugar”, añade.

La Inmaculada, Guatemala, siglo XVIII.
La Inmaculada, Guatemala, siglo XVIII.

En la colección hay obras extraordinarias de la Escuela del Cusco. También otras provenientes de Lima, México, Ecuador, Bolivia, Colombia y Nicaragua. E incluso una escultura en plata laminada del Arcángel Asiel, con arcabuz y estandarte, realizada por un sacerdote jesuita en Bolivia en el siglo XVII. Parte de la curadoría ha estado a cargo de la especialista y profesora Carol Damian, quien también trae a sus estudiantes de la Florida International University a recibir clases in situ sobre el barroco hispanoamericana, pues la transmisión de conocimiento y la didáctica son también premisas del Centro Cultural.

En total son ya más de 150 lienzos y esculturas barrocas, así como unos 12,000 documentos originales, pues la mayoría de las piezas se encuentran atesoradas en lo que llaman La Casa (en la siguiente manzana en dirección oeste), que es donde radica la sede del centro y era el antiguo convento de monjas. Las monjas se ocupaban de la instrucción de los alumnos de la escuela parroquial colindante, pero cuando la escuela cesó sus actividades se marcharon y el convento pasó a ser edificio administrativo de la congregación. La colección allí atesorada no está a la vista del público pues se espera construir el Museo de Arte Colonial para exhibirla. En los últimos tiempos ha sido engrosada por los aportes de la asociación Herencia de la Cultura Cubana.

Hay en ella cientos de libros en sus ediciones príncipes, cartas y documentos sobre el pasado colonial de Cuba y la Florida (algunos del siglo XVI), una enorme cantidad de objetos relacionados con la guerra cubano-hispano-americana, vasijas, porcelanas, cuadros, mapas originales, miles de estampas y otras misceláneas sobre el arte del tabaco, machetes y mochas con las inscripciones de los centrales azucareros cubanos, la mayor colección de polimitas del mundo, uniformes y armas de las guerras cubanas y norteamericanas, y hasta un humificador que perteneció a Fulgencio Batista y un auto de la policía cubana en la década de 1950. Personalmente, nunca había visto tanto material y misceláneas de la Cuba colonial y republicana reunidos en un mismo sitio. Es tanto lo allí conservado que merecería un artículo aparte y una visita independiente a la de la capilla y centro de La Merced.

La noche de la presentación el público estaba sorprendido. Nadie conocía este lugar y todos estaban de acuerdo en que era, probablemente, uno de los sitios más hermosos del sur de la Florida. El olor a cera y pulidor de maderas es embriagador. La vista de las obras de arte fascinante. Es por eso que muchos no dudan en afirmar que el centro de La Merced es el secreto mejor guardado de Miami.

William Navarrete es escritor franco-cubano establecido en París.

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