Necesito decirte que tu ansiedad te está mintiendo ... la verdad es muy diferente

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Tu mente puede ser tu mejor aliada o convertirse en tu peor enemiga. Si sufres ansiedad, es probable que sepas cuán engañosa puede llegar a ser. Siempre hay una voz interior diciéndote algo. Ya sea prediciendo la peor de las catástrofes, enumerando todas las cosas que podrían salir mal o haciéndote creer que no puedes hacer nada. La ansiedad habla mucho. También miente mucho.

Y suele ser muy convincente.

Si te crees todas sus mentiras terminarás paralizado, atrapado en sus redes.

ansiedad  [Foto: Getty Images]
“Nos convertimos en lo que pensamos” – Buda [Foto: Getty Images]

1. “No puedes seguir adelante”

“No puedes seguir adelante”.

“No puedes seguir adelante…”

La ansiedad te lo repetirá mil veces, hasta que llegues a creértelo.

De hecho, una de las mayores mentiras que te cuenta la ansiedad es que no puedes hacer nada sintiéndote así. Quiere que creas que mientras estés ansioso, no podrás moverte. Te engaña para que te quedes paralizado y no busques ayuda. Intenta mantenerte atrapado en sus redes.

La ansiedad te hará creer que tienes que deshacerte de ella para poder hacer algo. Piensas que necesitas eliminar todo rastro de incertidumbre y aprensión antes de dar un paso. Ves la ansiedad como una gran señal roja de Stop que dice: “No estás listo. No lo hagas”.

Entonces te resignas a esperar que la ansiedad desaparezca. Te reconfortas diciéndote que cuando ya no esté, podrás seguir adelante. Así caes en un círculo vicioso porque si te sientas a esperar, la ansiedad no desaparecerá. Al contrario, es probable que siga creciendo. Si evitas las situaciones que te generan ansiedad y le prestas atención a las cosas que dice, la estarás reforzando. Como resultado, la ansiedad estrechará su cerco a tu alrededor y te sentirás cada vez más desanimado, asfixiado e indefenso.

Sin embargo, lo cierto es que puedes experimentar ansiedad y seguir adelante. ¿Es difícil? Por supuesto. Quizá te muevas mucho más despacio, pero puedes avanzar. Quizá seas extremadamente cauteloso, pero puedes seguir adelante. Quizá tengas un poco de miedo, pero puedes irle plantando cara. Quizá no conozcas el camino, pero puedes atreverte a dar el primer paso. Y luego el otro. Y el siguiente.

Por tanto, cuando esa voz interior te diga que no puedes seguir adelante porque sientes ansiedad, no le creas. Es mentira. Recuerda que tus pensamientos son solo eso: pensamientos. No son la verdad. La verdad es que puedes sentirte ansioso y seguir adelante. La verdad es que la ansiedad no tiene que convertirse necesariamente en un obstáculo. La verdad es que la ansiedad es una respuesta evolutiva normal que terminará mitigándose si no le prestas la atención que reclama.

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“Podemos evadir la realidad, pero no podemos evadir las consecuencias de evadir la realidad” – Ayn Rand [Foto: Getty Images]

2. “No es seguro”

La ansiedad nunca llega sola. Cada vez que aparece, desencadena una punzada de miedo.La sensación de no estar seguro es su leitmotiv. Cualquier cosa, desde salir a la calle hasta tocar el pomo de una puerta, se convierte en un peligro. Nada es seguro. Lo único seguro es quedarte en casa, en un entorno híper controlado.

Esa sensación comienza en tu amígdala, la parte más primitiva del cerebro que activa la respuesta de lucha o huida para que te pongas a salvo. Sin embargo, se ha constatado que las personas ansiosas tienen una amígdala hiperactiva, lo cual significa que tu capacidad para reconocer el verdadero peligro está fuera de control. No distingues los riesgos con claridad. La ansiedad te miente para que veas amenazas en todas partes y tengas miedo. A fin de cuentas, el miedo es una herramienta de control muy poderosa.

La ansiedad te hace creer que estás en peligro constantemente. Ningún lugar es seguro. No importa qué hagas, adónde vayas o con quién hables, siempre estás en peligro. No te da tregua. Te mantiene funcionando al límite casi todo el tiempo en una actitud hipervigilante. Ni siquiera te deja descansar, te mantiene despierto gran parte de la noche dándole vueltas a todas esas amenazas y catástrofes en ciernes.

La ansiedad incluso engaña a tu cuerpo desencadenando una cascada de reacciones horribles: palpitaciones, náuseas, dificultades para respirar, mareos… Los ataques de pánico te empujan al borde de tu resistencia. Te engañan para que pienses que estás teniendo un infarto, que vas a morir o que estás perdiendo el control. La experiencia es tan terrible que terminas desarrollando miedo al miedo. Entonces la ansiedad vuelve y te dice: “te lo había advertido, no era seguro”. Y le crees.

Sin embargo, el miedo no es más que otra mentira de la ansiedad. La sensación de peligro permanente solo existe en tu mente. Las amenazas que ves por doquier son el fruto de una amígdala fuera de control. Recuerda que lo que es real para tu mente, termina siéndolo para tu cuerpo. Por tanto, no te dejes convencer por las mentiras que cuenta la ansiedad. Respira y recuérdate que estás a salvo.

“Atreverse implica perder el equilibrio momentáneamente. No atreverse implica perderse a uno mismo” - Søren Kierkegaard [Foto: Getty Images]
“Atreverse implica perder el equilibrio momentáneamente. No atreverse implica perderse a uno mismo” - Søren Kierkegaard [Foto: Getty Images]

3. “No lo conseguirás”

La vergüenza es otra de las cartas que juega la ansiedad. Sabe que es una de las armas más potentes para controlarte. Si te susurra: “será desastroso”, “lo harás fatal”, “te pondrás nervioso y lo arruinarás”, “la gente se burlará de ti” o “harás el ridículo” te mantendrá bajo su control.

De hecho, uno de los síntomas más insidiosos de la ansiedad es precisamente la aprensión, esa sensación de que siempre está a punto de ocurrir algo malo. Te hará creer que vives sobre una cuerda floja y que estás a punto de caer en el vacío porque no eres capaz de mantener el equilibrio.

La ansiedad te condena a vivir en un estado de preocupación anticipada. Te advierte de que estás a punto de equivocarte y exagera las consecuencias de ese error. Si intentas calmarte diciéndote que no pasará nada, la ansiedad contrataca preguntando: “¿y si pasa?”.

Ese “y si…” es suficiente para desencadenar los peores presagios. Te hace pasar del pensamiento lógico al pensamiento irracional. La ansiedad te hace creer que no puedes lograrlo e incluso se hace pasar por una “buena samaritana” porque te evita la humillación y la vergüenza del fracaso. Te dice que no serás capaz. Que no lo lograrás. Que no tienes lo necesario.

Sin duda, se trata de una de las mentiras más limitantes porque te hace sentir mal contigo mismo. Lastra tu capacidad de ponerte a la prueba. Lanzarte. Fracasar y volver a intentarlo. Aprender. Tener éxito. Seguir creciendo.

La ansiedad activa un pensamiento polarizado que te hace creer que solo hay dos resultados posibles: uno es bueno y el otro es malo. Pero se equivoca. La vida no es así y ese tipo de pensamiento no te beneficia. En su lugar, intenta encontrar el término medio, el gris entre el blanco y el negro.

Recuerda que preocuparse es un intento por controlar las cosas que están fuera de tu control. Te hará sentir más seguro, pero solo momentáneamente. A fin de cuentas, “la catástrofe que tanto te preocupa, a menudo es menos horrible en la realidad de lo que fue en tu imaginación” como escribiera Wayne W. Dyer.

En resumen, la ansiedad es una gran mentirosa que te hace creer que todos esos pensamientos que cruzan por tu mente son reales. Te juega malas pasadas y nubla tu visión de la realidad y de ti mismo. Paradójicamente, para aliviarla, hay que escuchar sus mentiras.

Esas creencias distorsionadas son un reflejo de tus temores e inseguridades, por lo que solo tienes que darte cuenta de que son pensamientos que no se corresponden con la realidad. No gastes demasiada energía combatiéndolos. Tienes cosas mejores que hacer. Simplemente di: “vale, pero aun así lo intentaré”. Esa es la vía para impedir que la ansiedad siga mintiéndote y ocupe cada vez más espacio en tu vida.

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