Mensaje a mis amigos y aliados cubanos en el aniversario de la Revolución de Terciopelo| Opinión

A fines del mes pasado visitó La Habana un pequeño grupo de empresarios de Estados Unidos que incluía a cinco cubano americanos. Mi amigo Joe García, un antiguo miembro del Congreso de los Estados Unidos, estaba entre ellos.

Allí, durante un encuentro cara a cara, le escucharon decir al Presidente cubano Miguel Díaz-Canel: “Ustedes están asumiendo el riesgo de trabajar con nosotros, de venir aquí a construir puentes, no muros. Nosotros queremos fortalecer las relaciones con Estados Unidos”. Dirigiéndose en particular a los visitantes del exilio, Díaz-Canel aseguró: “Hay compatriotas cubanos que viven fuera de nuestra patria y que quieren ser parte del desarrollo de nuestro país”.

Para la mayoría de la diáspora cubana aquí en Miami, las palabras del presidente cubano carecen de credibilidad. En el pasado han escuchado muchas declaraciones similares sin que se verificase un cambio real.

¿Por qué deberían creer ahora que el gobierno cubano finalmente ha decidido variar su posición y reconocer que el cuerpo político de la nación incluye a los cubanos tanto en la isla como el exilio, y que _ luego de tantas décadas de divisiones y confrontación ideológica una genuina Patria para Todos deberá abrazar a todas las generaciones, ideologías, experiencias vitales, credos e identidades?

Como ex diplomático de la República Checa, entiendo claramente que él principio de no intervención en los asuntos internos de otras naciones debe ser respetado. Por favor, les ruego que tomen lo que diré a continuación como la opinión de un observador comprometido desde hace muchos años con la situación de Cuba.

Ante todo, conozco muy bien la posición de la mayoría de mis amigos cubano americanos: no puede haber ningún diálogo con el actual régimen cubano mientras prosiga con sus políticas de violación sistemática de los derechos humanos, mientras encarcele y persiga a los miembros de la oposición democrática.

Yo respeto esa postura, pero no la comparto.

El reciente mensaje enviado a Miami desde La Habana quizás constituya una oportunidad, y no más de lo mismo. Una oferta real para negociaciones serias podría estar finalmente sobre la mesa. Estoy convencido de que los cubano americanos de Miami deberían tomar con seriedad de esa declaración desde Cuba y actuar en consecuencia.

Hace más de 30 años Polonia, Hungría y Checoslovaquia acometieron sus propias transiciones a la Democracia con apretones de manos _ literales y metafóricos entre los disidentes y quienes gobernaban en aquellos tiempos.

En el caso checoslovaco, el verdadero motor de cambio en los días que siguieron a la demostración estudiantil del 17 de noviembre de 1989 fue una reunión entre Vaclav Havel, líder indiscutible y rostro de nuestra Revolución de Terciopelo, y el Primer Ministro Adamec, quien terminó convirtiéndose en un protagonista indispensable en la negociación política subsiguiente.

El cambio llegó a una velocidad acelerada y sorprendió no solo a observadores externos, si no también a nosotros, “los revolucionarios” que estábamos en medio de aquel proceso, aunque en realidad el camino desde la Carta 77 al Foro Cívico fue largo y trabajoso.

Las transiciones en Europa del Este tuvieron sus propios procesos de negociación, tiempos, desacuerdos y rupturas, pero todas contaron con actores gubernamentales dispuestos a desempeñar el rol fundamental de negociar y facilitar los cambios que ahora parecen tan naturales.

La comunidad cubana exiliada tiene un gran desafío por delante: considerar seriamente cuáles reformas políticas, económicas y

democráticas dentro de Cuba podrían justificar un nuevo compromiso. Sin duda alguna, la liberación de los prisioneros políticos y un diálogo real con la oposición interna son pasos indispensables.

Los fallidos ejemplos de reformas económicas en el pasado ofrecen la más clara evidencia de que sin las necesarias garantías constitucionales para los empresarios cubanos e inversionistas extranjeros, y sin los derechos y libertades fundamentales garantizados para todos los cubanos, no podría haber un auténtico nuevo comienzo en el horizonte. Esos cambios solo pueden ser implementados por el actual gobierno cubano.

Si esos pasos fueran tomados, ¿podrían los cubano americanos trabajar juntos por encima de líneas partidistas, por su patria que sufre, y finalmente lograr algunos resultados visibles a partir de sus propios esfuerzos? ¿O continuarán atrapados para siempre en su propia y obstinada idiosincrasia, manteniendo el status quo _ gritos y manifestaciones, pero sin cambio alguno para Cuba y el pueblo cubano?

Ya he notado varias señales positivas en la arena internacional de que algo nuevo está en el aire y que el cambio real es una posibilidad. Aquí en Miami un cubano americano acaba de ofrecer $ 5 millones en ayuda humanitaria para ser enviados directamente a las víctimas del huracán Ian a través de organizaciones no gubernamentales e instituciones religiosas que operan en la isla. Por lo pronto, el gobierno cubano no ha rechazado la propuesta.

Si este proyecto humanitario despega y es admitido por él gobierno cubano, sería una muestra significativa de su credibilidad.

Siempre he defendido los derechos humanos y la valentía de quienes sé oponen al régimen, y he tenido el temple para actuar desde mi convicción de disidente. No rechacen mi consejo sin reflexionar.

Este es el momento de iniciar, de iniciar el diálogo entre toda la comunidad cubana sobre él futuro de su patria.

Martin Palouš desempeñó un rol clave en el proceso de transición a la Democracia en la antigua Checoslovaquia. Posteriormente fue Embajador de la República Checa en Estados Unidos y las Naciones Unidas. Es Director del Programa Vaclav Havel para los Derechos Humanos en FIU.



Palouš
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