El mensaje de Máximo Kirchner pegó en la línea de flotación de Alberto Fernández

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El jefe del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, hizo el discurso de cierre en la sesión del jueves.
El jefe del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, hizo el discurso de cierre en la sesión del jueves.

Máximo Kirchner no habla en la Cámara de Diputados si no tiene realmente algo para decir. A tal punto, que rompió la tradición histórica de la casa que indica que los jefes de bloque son los encargados de hacer el discurso de cierre en cada una de las sesiones. Desapegado de esas formas, en diversas oportunidades cedió la palabra final a integrantes de la bancada del Frente de Todos. Por eso, su última intervención hizo ruido político en la coalición gubernamental.

Acodado sobre su banca, el delfín de la vicepresidenta Cristina Kirchner vinculó dos temas extremadamente delicados para el gobierno de Alberto Fernández: la relación con los laboratorios de origen norteamericano, especialmente con Pfizer; y la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. “Si un laboratorio nos obligó a cambiar todo el andamiaje, ¿Cómo vamos a hacer con el FMI?”, se preguntó delante del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Ante el funcionario que es considerado como la mano derecha del presidente, a quien llamó “señor jefe de Gabinete” pero no “compañero”, Máximo blanqueó así el malestar interno que provocó en el bloque de diputados del Frente de Todos el decreto mediante el cual el Poder Ejecutivo habilitó las negociaciones con Pfizer y otros laboratorios estadounidenses. La bronca podría plasmarse en una renuencia a avalar el DNU tanto en el Senado, que comanda Cristina, como en la Cámara baja.

Si bien el discurso buscó interpelar a la bancada de Juntos por el Cambio, el mensaje teledirigido de Máximo Kirchner llegó directo a la quinta de Olivos. Tanto es así, que Alberto Fernández tomó la posta ayer desde San Miguel de Tucumán. “Si alguien espera que yo claudique ante los acreedores o ante un laboratorio, se equivoca, no lo voy a hacer, antes me voy a mi casa”, buscó aclarar el presidente con la histórica casa de la independencia como telón de fondo, en el acto central por el 9 de Julio.

El presidente Alberto Fernández ayer en la casa histórica de Tucumán en el acto por la conmemoración de la Declaración de Independencia.
Esteban Collazo


El presidente Alberto Fernández ayer en la casa histórica de Tucumán en el acto por la conmemoración de la Declaración de Independencia. (Esteban Collazo/)

Desde la mesa chica del Gobierno aseguraron a LA NACION que la de Fernández “no fue una respuesta” a Máximo Kirchner, ya que ambos “piensan lo mismo” en esos temas. Pero al presidente se lo notó comprometido emocionalmente, con los ojos humedecidos, en ese pasaje de su discurso. La manera en que marcó la cancha el jefe de los diputados oficialistas –por cuyas palabras también suele hablar Cristina Kirchner- llegó en un momento clave para la negociación con el FMI.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se vio este sábado cara a cara con la directora del organismo, Kristalina Georgieva, y con la secretaria del Tesoro norteamericano, Janet Yellen, en un alto de la cumbre del G20 que se desarrolla en Venecia, Italia. En la coalición de gobierno hay claras divergencias sobre la forma de encarar esa negociación: Cristina ya reclamó que se estire de 10 a 20 años el plazo para saldar los vencimientos de la deuda. Y Máximo advirtió que los contactos se mantienen “en medio de una elección”, en referencia a los próximos comicios legislativos.

“¿Cuándo y cómo vamos a hacer para pagar? Y fundamentalmente, ¿En qué tiempo vamos a pagar? ¿Les parece a ustedes que podemos pagar en diez años la deuda con el Fondo Monetario Internacional?”, preguntó el jefe del bloque oficialista, dirigiéndose a los diputados de JxC. Pero la inquisitoria también resonó en la Casa Rosada.

Cumbre en Venecia: Martín Guzmán tuvo su primer mano a mano con la secretaria del Tesoro de EE.UU.

Guzmán y Alberto Fernández, que llevan las conversaciones desde hace más de un año, entienden que los plazos “son lo que son”; esto es, lo que establece el estatuto del FMI -10 años de tope- y que es prácticamente imposible que el organismo acepte modificarlo. “Estamos trabajando. No queremos hacerlo rápido, queremos hacerlo bien”, remarcó un funcionario de contacto diario con el presidente, una vez que la comitiva oficial regresó a Buenos Aires desde Tucumán.

El kirchnerismo tiene otro razonamiento. La propia Cristina lo dejó en claro en su última aparición pública en Lomas de Zamora, al sur del Conurbano bonaerense. Allí, advirtió que el Fondo Monetario querrá “condicionar las políticas públicas del país”. La vicepresidenta no lo termina de decir con todas las letras, pero los economistas cercanos entienden que si no se logra achatar la curva de vencimientos, también quedará comprometido el próximo gobierno.

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Aún de forma subterránea, en el Frente de Todos hay diversidad de opiniones sobre quién debe liderar el próximo gobierno. Los funcionarios más cercanos a Fernández creen que debe cumplir un ciclo de ocho años, con reelección intermedia en 2023. Pero otro sector de la coalición piensa en un recambio y apunta que el elegido de Cristina es Axel Kicillof. El gobernador bonaerense sigue siendo el principal asesor económico de la vicepresidenta, como cuando era su ministro.

En el entorno del mandatario provincial aseguraron a este diario que, más allá de la negociación con el FMI, el consenso interno en el Frente de Todos pasa por la necesidad de “recomponer el salario” de los trabajadores y el poder de “consumo” de la población. También, por la coordinación de la política económica en variables clave como los precios y las tarifas. “Impactan de lleno en la Provincia, especialmente en el Conurbano”, afirmaron los voceros consultados.

La última reunión entre Axel Kicillof y Martín Guzmán que el Gobierno informó oficialmente, tras el "affaire Basualdo".
La última reunión entre Axel Kicillof y Martín Guzmán que el Gobierno informó oficialmente, tras el "affaire Basualdo".


La última reunión entre Axel Kicillof y Martín Guzmán que el Gobierno informó oficialmente, tras el "affaire Basualdo".

Los contactos entre Guzmán y Kicillof son más frecuentes de lo que trasciende públicamente. El ministro de Economía y el gobernador de Buenos Aires se vieron o conversaron telefónicamente una decena de veces luego de la reunión que mantuvieron a solas en el Palacio de Hacienda, posterior al affaire de Federico Basualdo, el funcionario que Guzmán quiso echar pero que el kirchnerismo, con Kicillof incluido, blindó en el cargo como una contundente demostración de poder interno.

Sin embargo, la desconfianza sobre el rumbo de la economía sigue a la orden del día dentro del Frente de Todos. El discurso de Máximo Kirchner en la sesión informativa del jefe de Gabinete volvió a evidenciarlo. “Cuando pasan este tipo de cosas uno se pregunta: si así le fue de bien a este laboratorio, con todo el eco que generó en la política argentina, ¿Cómo nos va a ir con el FMI?”. La pregunta del primogénito fue aplaudida por los diputados oficialistas, con Cafiero como testigo directo.

En medio de su discurso, Máximo dejó un mensaje que también fue leído entre líneas en el Frente de Todos: “Siempre hay que estar muy abierto a la crítica; quienes pertenecemos a organizaciones políticas que tienen sus instancias de debate, lo sabemos muy bien”. El primero en interpretar esas palabras fue Alberto Fernández. Tanto el jefe de los diputados como el presidente hablaron públicamente. Las diferencias en la coalición gobernante están expuestas sin tapujos delante de los argentinos.

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