Memorias de la época de Pinochet resuenan en la encrucijada electoral de Chile

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Un cartel de Lucía Hiriart, la viuda del exdictador chileno Augusto Pinochet, en una calle en el centro de Santiago, Chile.

Por Anthony Esposito

SANTIAGO, 17 dic (Reuters) - Las viejas y profundas divisiones que hace medio siglo llevaron a un golpe militar en Chile contra un gobierno democráticamente electo y marcaron el inicio de una de las dictaduras más inflexibles de América Latina, han resurgido ante las polarizadas elecciones del domingo.

La votación enfrenta al ultraconservador José Antonio Kast, quien ha hecho de la ley y el orden el pilar de su campaña, contra el izquierdista Gabriel Boric, un exlíder estudiantil que promete cambiar el modelo que ha impulsado el crecimiento económico, pero también ha provocado desigualdad.

Las encuestas muestran que los dos candidatos están cabeza a cabeza antes de la segunda vuelta.

Kast, apologista del exdictador Augusto Pinochet, ha elogiado el "legado económico" neoliberal del general y ha atraído a votantes con propuestas aparentemente tomadas del manual de líderes populistas de derecha como Bolsonaro y el expresidente Donald Trump, como la construcción de una zanja para frenar la inmigración ilegal.

La polarización ha resonado entre los chilenos mayores que vivieron los tumultuosos años de la truncada presidencia de Salvador Allende, derrocada por el golpe, y la sangrienta dictadura militar que siguió.

La noche del jueves, cuando Kast prometió a miles de seguidores en una manifestación lograr el orden tras las protestas de 2019, en las que se incendiaron edificios en la capital Santiago y miles resultaron heridos en choques con la policía, también trajo de vuelta el fantasma del pasado marxista del país.

"Chile no es y ni será jamás un país marxista ni comunista, porque creemos en la libertad", exclamó el exdiputado.

Fue un reto a Boric por su alianza con el Partido Comunista, dentro de una coalición más amplia de izquierda, aunque el mayor paralelo histórico no pasó desapercibido para los partidarios de Kast.

"Vengo de la generación del 73, yo viví la Unidad Popular, viví el tema con Salvador Allende y fue caótico. No teníamos que comer, teníamos que hacer cola para todo", dijo la pensionada de 67 años Aurora Oviedo, simpatizante de Kast.

El presidente marxista elegido democráticamente fue derrocado por Pinochet en 1973. Durante los 17 años en el poder de Pinochet, más de 3.000 personas murieron o desaparecieron y decenas de miles fueron torturadas.

"La verdad yo salí. Era joven, salía a la calle a llamar al Ejército", dijo Oviedo, y subrayó que asistió al mitin de Kast porque no quiere que un "comunista" llegue a la presidencia.

En un giro inesperado, que también puso en primer plano el legado de la dictadura, la viuda de Pinochet, Lucía Hiriart, murió el jueves a la edad de 99 años.

Cientos de personas se agolparon en la llamada Plaza de la Dignidad, bastión de las protestas de 2019 en Santiago, ondeando banderas y coreando, y algunas portando las fotos de los desaparecidos por el régimen militar.

Entre ellos se encontraba Manuel Valenzuela, de 78 años, con un retrato de Allende en la mano.

Hiriart despertó fuertes reacciones entre los chilenos por la influencia que tenía sobre Pinochet y por la fortuna que acumuló su familia.

El fallecimiento de la viuda fue "justicia divina" y ojalá sirviera como un impulso para que la gente vote por Boric, dijo Valenzuela, que fue exiliado político.

El balotaje es el primero desde que Chile fue sacudido por las protestas de 2019 contra la desigualdad, que finalmente desencadenaron un proceso aún en curso para deshacer uno de los principales vestigios restantes de la dictadura: la Constitución.

Ambos candidatos se han moderado a medida que la carrera se ha vuelto más ajustada para ganar votos moderados clave. El Congreso, elegido en noviembre, está dividido a la mitad entre la izquierda y la derecha, creando un probable freno a cualquier reforma radical.

Para Mireya García, de 64 años, quien ha dedicado las últimas cuatro décadas y media de su vida a tratar de llevar ante la justicia a quienes hicieron desaparecer por la fuerza a su hermano en 1977, los gestos de Kast hacia los violadores de los derechos humanos son indefendibles.

"El golpe significó la destrucción total de nuestra familia y nunca más fuimos la familia que éramos", declaró García.

Un abogado que representa a miembros de las fuerzas armadas encarcelados por violaciones de derechos humanos, dijo que Kast ha trabajado para liberarlos. Kast se negó a referirse directamente a las acusaciones, pero dijo que "nadie merece morir en la cárcel", según la radio chilena BioBio.

Algunos chilenos se apresuran a señalar que no prevén un regreso a los días oscuros del golpe y que, a pesar de la estridencia política, las cosas no están tan mal como en 1973.

Durante el gobierno de Allende, María Angélica Quezada, de 68 años, dijo que la rechazaron del supermercado porque no pertenecía al partido político local.

"No tenía derecho a comer. A ir a comprar mercadería porque no está inscrita en un partido", dijo Quezada, quien planea votar por Kast.

"Ahora encuentro que (el ambiente) ha sido más tranquilo", dijo Quezada.

Berta Vilche, de 73 años, abogada jubilada y simpatizante de Boric, dijo que "cuando hablan ahora de polarización de nuestra sociedad, no saben de lo que están hablando. La polarización que existe hoy día no es ni pariente de la existía en esa época. Con el golpe fueron momentos muy, muy terribles".

(Reporte de Anthony Esposito; Editado en español por Fabián Andrés Cambero)

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