‘La memoria del tiempo’: oralidad, grafías y claves ocultas

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Muchos escritores, en algún momento de sus carreras, han sentido la necesidad de agrupar en un solo libro sus artículos de opinión, ensayos, reseñas y crónicas. La mayoría de ellos -incluidos los más famosos- lo han hecho. Nada malo en eso. Cómo iba a serlo si, como se sabe, esos géneros periodísticos -los verdaderamente buenos- son también pura literatura.

Estos textos, que algunos injustamente llaman “marginales”, suelen ser rescatados de conferencias, presentaciones de libros y entrevistas. Y aunque quizás no tengan la importancia de una novela o un poemario, sí ofrecen claves que permiten comprender mejor el corpus literario de su autor.

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La memoria del tiempo (Editorial El Ateje, 2022), el más reciente libro de José Abreu Felippe, es una prueba de ello. Aquí están, ocultas en artículos, entrevistas y conferencias que el autor escribió, concedió y dictó, esas puntuales claves: su obsesión con la historia, un profundo amor por su madre, nostalgias de su barrio habanero, el recuerdo de sus amigos muertos, el dolor del exilio y un raigal anticastrismo.

La primera de ellas, su obsesión con la historia, queda al descubierto en una entrevista con el periodista de Radio Martí, Armando de Armas, cuando ante la pregunta: “¿Por qué la Historia es una constante en muchas de sus obras?”, responde: “El hombre y la historia están indisolublemente ligados. En el caso cubano, la Historia, con mayúscula, es una sucesión de tragedias que a veces se concatenan, lo que hace más sustancioso, paradójicamente, el acto de narrar”.

Otras -el recuerdo de sus amigos muertos, por ejemplo- no necesitan ser descubiertas; es fácil constatarlas en sus artículos. Como el que escribió en el aniversario de la muerte de Carlos Victoria: “Un hombre sencillo, siempre preocupado por la familia. Un lector obsesivo, un hombre culto que hablaba varios idiomas, que amaba la música clásica y el cine de autor. Yo lo escuchaba leer con esa cadencia muy particular que le imprimía a las palabras, veía como sus ojos le brillaban mientras que con su letra redonda, casi infantil, escribía cuartillas y cuartillas. Hoy, en este primer aniversario de su muerte, me lo imagino -junto a Reinaldo Arenas y Guillermo Rosales- del otro lado de la estrella fugaz”.

La memoria del tiempo es un libro que nos permite comprender mejor la obra de José Abreu Felippe, uno de los más importantes escritores cubanos exiliados. Sobre todo, a través de las conferencias y presentaciones que aparecen en el mismo. Como la que dictó el 24 de septiembre de 2004 en el Baruch College de Nueva York, sobre su pentalogía, El olvido y la calma, uno de los proyectos más ambiciosos (son cinco novelas: Barrio Azul, Sabanalamar, Siempre la lluvia, Dile adiós a la virgen y El Instante) emprendidos hasta ahora: un alucinante recorrido de la memoria que rescata del olvido a una generación que se hizo adulta entre el deslumbramiento y el desengaño que les provocó la revolución cubana.

Pero más allá de los libros, están también las palabras al vuelo. Creo que lo que dice un autor, ya sea en una entrevista, conferencia o presentación, es tan valioso como lo que escribe. Y es que oralidad y grafía van de la mano. Que es, dicho de otro modo, convertir voces en literatura. Justamente lo que acaba de hacer la editorial El Ateje al recopilar y publicar, estos importantes textos.

José Abreu Felippe (La Habana, 1947), poeta, narrador y dramaturgo, se exilió en 1983. Ha publicado, entre otros libros, los poemarios ‘Orestes de noche’, ‘Cantos y Elegías’, ‘El tiempo afuera’ (Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero, 2000) y ‘De vuelta’. En su narrativa destaca la pentalogía ‘El olvido y la calma’. En 2012 recibió el Premio Baco de Teatro.

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