Megan Rapinoe ofrece ahora una lección moral que se le olvidó cuando ganó el Balón de Oro

Luis Tejo
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Periodistas entrevistando a la futbolista estadounidene Megan Rapinoe.
Megan Rapinoe, en una entrevista tras un partido de la selección de Estados Unidos en marzo. Foto: Matthew Visinsky/Icon Sportswire via Getty Images.

¿Es Megan Rapinoe la mejor jugadora del mundo? Hay quienes estarían más que dispuestos a concederle ese título. La estadounidense, atacante de la selección de su país y del OL Reign en la liga norteamericana y capitana de ambas plantillas, es probablemente el nombre de referencia en el fútbol femenino en los últimos años a nivel mundial.

Sin embargo, ella misma, aunque se siente halagada, esta vez no parece estar muy de acuerdo con esa distinción. Al menos justo ahora, a sus 35 años. Porque se ha mostrado extrañada de que la FIFA la incluya en el once ideal de 2020 durante la gala The Best celebrada ayer jueves.

Rapinoe comparte selección con figuras como la inglesa Lucy Bronze (elegida mejor jugadora del año), su compatriota Tobin Heath, la española Vero Boquete o la portera chilena Christiane Endler. Y es algo que la propia Megan agradece, pero no le termina de encontrar explicación. Así reaccionó a la noticia a través de su cuenta de Twitter:

“Obviamente, me siento muy halagada por haber sido reconocida por mis compañeras alrededor del mundo. Al mismo tiempo, ha sido una sorpresa para mí cumplir con los criterios para estar en la selección, porque no juego un partido desde marzo”, explica Rapinoe en el primer párrafo de su nota.

Y es cierto: la liga normal se paró en aquel mes debido al coronavirus y la número 15 se negó a participar en la Challenge Cup, el torneo exprés que se organizó en verano, en protesta contra su formato: consideraba excesivo tener que disputar más de 20 partidos en un solo mes. La selección nacional tampoco ha tenido compromisos en este tiempo, ya que los Juegos Olímpicos y varios amistosos previstos fueron cancelados.

A lo que Rapinoe alude con lo de “reconocida por mis compañeras” es al formato que se usa para elaborar este once ideal. Mientras que en otros premios es un panel de expertos el encargado de elegir, aquí son las propias jugadoras las que votan a través del sindicato de futbolistas FIFPro. De hecho, en principio era un galardón independiente, hasta que en 2019 la FIFA le dio respaldo oficial y lo incluyó en su gala.

El detalle de sinceridad de Rapinoe asumiendo que probablemente este año no merezca estar ahí le honra. Aunque en realidad no ha renunciado a su inclusión, que pasa a engrosar su más que nutrido palmarés. Y este hecho viene a reforzar la polémica sobre las distinciones individuales en el mundo del fútbol, que ya la propia Megan protagonizó el año pasado.

Porque la jugadora norteamericana ganó el Balón de Oro de 2019, este sí, votado por periodistas de todo el mundo coordinados por la revista France Football. Y el premio fue muy controvertido. No cabe duda de que se lo dieron por su papel como líder de la selección de Estados Unidos que ganó el Mundial de ese año, pero ese torneo, en el que Rapinoe brilló, fue de cinco partidos. Durante el resto del año, por motivos varios, apenas jugó otros seis, y no fue especialmente destacada.

Es legítimo plantear la duda de si a Rapinoe, extraordinaria jugadora pero en los últimos años muy lejos de la regularidad necesaria para ser la mejor, se le conceden estos galardones por criterios únicamente futbolísticos o por el personaje mediático que hay detrás. Porque recientemente su figura ha trascendido más allá del deporte, convirtiéndose en una líder de opinión, representante de la comunidad LGTBI y destacada opositora al gobierno de Donald Trump. Su faceta de activista es bien conocida, y no es descartable que cuando deje el balón (que no falta mucho, en vista de su edad) se implique más seriamente en política.

En este sentido, no cabe duda de que, como herramienta de promoción, los galardones individuales le viene maravillosamente... pero también queda bien admitiendo que otras jugadoras lo merecen más. Porque no pequemos de ingenuos: todo está más que calculado. Rapinoe es muy consciente de la imagen que transmite y de su tirón popular. A modo de ejemplo, basta comprobar que su réplica en Twitter ha tenido más interacciones que el mensaje original de la FIFA concediéndole el honor: en el momento de escribir este artículo, 6.900 megustas frente a 5.200.

Imagen en una pantalla de Megan Rapinoe, ausente, durante la entrega del Balón de Oro de 2019.
Ceremonia de entrega del Balón de Oro de 2019. Megan Rapinoe fue premiada pero no pudo acudir. Foto: Kristy Sparow/Getty Images.

Así, sorprende un poco el arrebato de dignidad de este año, sobre todo en contraste con su actitud del curso pasado, en el que no se le ocurrió plantear ninguna objeción aunque, objetivamente, fuera igual de inmerecido. Quizás pensara que el compañerismo está muy bien pero que, analizándolo en frío, no va a tener muchas más oportunidades para llevarse el premio. Lo cual es legítimo, muy humano, pero no lo neguemos: también un tanto hipócrita.

Al final, estos premios corren el riesgo de convertirse en una herramienta propagandística más, en puro marketing, y perder el prestigio que deberían tener como herramienta interna del fútbol para elogiar a los que más destaquen cada año. Siguen teniendo repercusión mediática y tirón popular, pero cada vez más aficionados los cuestionan. La categoría femenina, que es muy nueva en comparación y aún no está “corrompida” en este sentido, está a tiempo de decidir si quiere moverse en la misma dirección o mantener su credibilidad. A corto plazo, a Rapinoe le viene muy bien que siga así.

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