En medio de un nuevo repunte de casos de COVID-19, se están racionando los tratamientos para salvar vidas

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Louis Shantzek, un jubilado que fracasó en su intentó por recibir un tratamiento de anticuerpos monoclonales después de dar positivo por COVID-19, en su casa de Miami, el 3 de enero de 2022. (Scott McIntyre/The New York Times)
Louis Shantzek, un jubilado que fracasó en su intentó por recibir un tratamiento de anticuerpos monoclonales después de dar positivo por COVID-19, en su casa de Miami, el 3 de enero de 2022. (Scott McIntyre/The New York Times)

En 2020, al comienzo de la pandemia de la COVID-19, debido a la escasez de respiradores y equipo protector hubo un racionamiento estricto. En la actualidad, mientras la pandemia entra con fuerza a su tercer año, se está intensificando el control sobre otra preciada categoría de productos: los tratamientos para mantener a raya la COVID-19 grave.

En la actualidad, hay un menú más grande de píldoras e infusiones para la COVID-19 que en cualquier otro punto de la pandemia. El problema es que los suministros de las personas que trabajan en contra de la variante ómicron son muy limitados.

Esto ha puesto a las autoridades sanitarias estatales y los médicos de todo Estados Unidos en una postura complicada en la que deben decidir cuáles pacientes reciben los tratamientos que podrían salvarles la vida y cuáles no. Se les está dando la espalda a algunas personas en alto riesgo de sufrir una COVID-19 grave porque están vacunadas.

Algunos hospitales se han quedado sin ciertos fármacos; otros reportan tener tan solo unas pocas decenas de tratamientos a la mano. Se están dispensando vitaminas en vez de medicamentos autorizados. Hay quienes se las están arreglando para desarrollar algoritmos para decidir quién recibe los tratamientos.

“Simplemente no alcanzan para satisfacer las necesidades de todos los que tendrán COVID las próximas semanas y estarán en riesgo de tener complicaciones graves”, comentó Natasha Bagdasarian, directora médica de Míchigan. “No creo que haya manera de garantizar que les lleguen a todas las personas que los necesitan ahora”.

En los Centros de Salud Familiar de San Diego, una red de clínicas para pacientes de bajos ingresos, el personal ha tenido que descartar a un 90 por ciento de los cientos de personas que están llamando a diario y son candidatas para recibir tratamientos contra la COVID-19.

“Me da náuseas ir a casa de noche porque me siento como si estuviera decidiendo, con estos recursos limitados, quién debe recibirlos”, comentó Christian Ramers, especialista en enfermedades infecciosas en los centros.

Louis Shantzek, un jubilado que fracasó en su intentó por recibir un tratamiento de anticuerpos monoclonales después de dar positivo por COVID-19, en su casa de Miami, el 3 de enero de 2022. (Scott McIntyre/The New York Times)
Louis Shantzek, un jubilado que fracasó en su intentó por recibir un tratamiento de anticuerpos monoclonales después de dar positivo por COVID-19, en su casa de Miami, el 3 de enero de 2022. (Scott McIntyre/The New York Times)

Un suministro abundante de tratamientos efectivos sería un arma poderosa ahora que el virus se está disparando de nuevo en Estados Unidos. Los casos de COVID-19, avivados por la variante ómicron y su alto grado de contagio, han aumentado a cifras récord y también ha incrementado con rapidez la cantidad de pacientes hospitalizados, aunque la ómicron tiende a causar una enfermedad más leve que otras variantes.

Durante la mayor parte de la pandemia, los anticuerpos monoclonales —un tratamiento que por lo general se administra vía intravenosa en hospitales y clínicas— ha sido la principal opción para los pacientes recién infectados. Sin embargo, los dos tipos más comunes de anticuerpos no parecen funcionar en contra de la variante ómicron, la cual se está convirtiendo muy rápido en la versión dominante del coronavirus en el mundo.

Hay un tercer tratamiento de anticuerpos, un producto de GlaxoSmithKline y Vir Biotechnology, que es potente contra la ómicron. Sin embargo, el gobierno federal ha pedido tan solo unos 450.000 tratamientos, muchos de los cuales ya han sido usados o no se han distribuido aún a los estados.

Hace dos semanas, la Administración de Alimentos y Medicamentos autorizó el uso de una nueva píldora antiviral, desarrollada por Pfizer, que en general ha demostrado ser muy prometedora en el combate contra la COVID-19 y en particular en los casos con ómicron.

El gobierno federal les está proporcionando la píldora, conocida como Paxlovid, a los estados, cuyas autoridades sanitarias deciden dónde enviarlas y cómo asesorar a los doctores para que las usen.

Los suministros de por sí están menguando. Por ejemplo, a finales de diciembre, la ciudad de Nueva York recibió unos 1300 tratamientos de Paxlovid, una cantidad que se terminó de utilizar en una semana, según un vocero de Alto Pharmacy, farmacia que está distribuyendo el suministro de la ciudad. En este momento, la ciudad de Nueva York no tiene nada de Paxlovid en existencia.

El martes, el gobierno estadounidense duplicó su pedido de Paxlovid, aunque los suministros no serán abundantes sino hasta abril.

Según las autoridades estatales y locales, el objetivo es lograr que las Paxlovid le lleguen a la mayor cantidad posible de gente vulnerable, con una concentración particular en quienes tienen sistemas inmunitarios débiles o están vacunados.

Las personas no vacunadas son las que corren un mucho mayor riesgo de hospitalización o muerte por COVID-19. No obstante, si se les da un acceso prioritario a los tratamientos, la gente siente que “estás recompensando la intransigencia”, comentó Matthew K. Wynia, director del Centro de Bioética y Humanidades de la Universidad de Colorado, quien ha asesorado al estado sobre cómo racionar los tratamientos contra la COVID-19.

Tan solo algunos estados, como Ohio y Nevada, han enviado las Paxlovid a las farmacias que dan servicio a los hogares de ancianos, cuyos residentes tienen una vulnerabilidad especial frente a la COVID-19. Muchos estados, entre ellos Virginia, Pensilvania y Arizona, han enviado todos o la mayoría de sus suministros de Paxlovid a cadenas de farmacias como Walgreens y Rite Aid.

Esto tenía como objetivo que las personas tuvieran el acceso más generalizado posible a las píldoras. Sin embargo, el sistema recompensa a los pacientes que tienen el tiempo, la energía y la inteligencia práctica para dar con los tratamientos.

Patrick Creighton, un presentador de la radio deportiva de 48 años en Katy, Texas, despertó la víspera del Año Nuevo con un ardor en la garganta. Creighton estaba vacunado, pero dio positivo ese mismo día. Preocupado de que su diabetes elevara el riesgo de padecer una enfermedad grave, decidió buscar las Paxlovid, sobre las cuales ya había leído.

Al día siguiente, un doctor de telemedicina le dio una receta. Luego tuvo que encontrar una farmacia con existencias de Paxlovid. Creighton señaló que llamó a dieciocho farmacias a las que pudiera llegar en auto: una Brookshire Brothers, cuatro Krogers, cuatro H-E-B, tres Walgreens, tres tiendas CVS y tres Walmart. Ninguna tenía las pastillas.

Su décimo novena llamada fue la ganadora: un Walmart cercano tenía Paxlovid. El calvario todavía no terminaba. Se equivocaron al decirle que tal vez tendría que pagar 500 dólares por el tratamiento gratuito. Luego, tuvo que ver a un segundo doctor de telemedicina pues había un problema con la manera en que fue enviada la receta. Después, su esposa realizó un segundo viaje al Walmart para recoger las píldoras. Sin embargo, la tarde del 2 de enero, por fin tomó las primeras tres tabletas de un régimen de 30.

Creighton mencionó que le preocupaban los pacientes que no podían sortear los obstáculos cómo él lo pudo hacer.

“Todo el mundo tendría que obtener el tratamiento con facilidad”, opinó.

El tratamiento de anticuerpos de GlaxoSmithKline también es difícil de encontrar.

En el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, el personal ahora está repartiendo de 400 a 800 tratamientos de anticuerpos a la semana, una menor cantidad si se les compara con los 2000 o 3000 que se daban antes de que la ómicron volviera inútil dos de los productos. La demanda se ha disparado por los cielos, pero el hospital ya no tiene suficientes insumos.

“Es devastador decirles a los pacientes: ‘Lo siento, no podemos hacer nada por ti, debemos reservar este medicamento para los pacientes inmunocomprometidos con una enfermedad más grave’”, comentó Erin McCreary, farmacéutica especializada en enfermedades infecciosas del hospital.

La semana pasada, Louis Shantzek, un jubilado en Miami, fracasó en su intentó por recibir una infusión de anticuerpos después de haber dado positivo por el virus. Shantzek tiene 72 años, diabetes y un padecimiento cardiaco, factores que en otras circunstancias lo habrían vuelto un candidato para obtener un tratamiento de anticuerpos.

Algunos de los síntomas de Shantzek fueron dolores, fatiga y una tos fuerte. Cuando su hija adulta llamó a dos hospitales cercanos, le dijeron que Shantzek no podía recibir una infusión de anticuerpos porque había recibido tres dosis de una vacuna y por lo tanto era considerado un paciente de bajo riesgo relativo.

“Es como que te digan: ‘Estás haciendo todo lo que debes hacer, pero no te vamos a ayudar’”, comentó Shantzek, cuyos síntomas han disminuido desde entonces.

No es la primera vez en la pandemia que los suministros escasos han forzado a los hospitales y doctores a tomar decisiones dolorosas sobre los tratamientos. Al inicio, un tratamiento intravenoso, remdesivir, se volvió tan popular que los hospitales tuvieron que restringir su uso. Desde entonces, ha mejorado el suministro de remdesivir, pero el tratamiento se usa principalmente en pacientes que ya están hospitalizados con una COVID-19 grave.

Cada vez más hospitales están imponiendo restricciones a los tratamientos.

El mes pasado, al oeste de Indiana, las autoridades del Hospital Comunitario del Condado de Sullivan determinaron que debían restringir a la gente que podía recibir infusiones de anticuerpos, después de semanas de recibir muchas menos dosis de las que habían pedido. Optaron por casi excluir a las personas vacunadas.

Shireesha Dhanireddy, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Washington, comentó que el fin de semana pasado se dedicó a leer con detenimiento los historiales médicos de los pacientes con COVID-19 para determinar quién debía recibir los tratamientos escasos. El sistema de tres hospitales tiene decenas de miles de pacientes, pero tan solo 60 tratamientos de Paxlovid. Algunos de los pacientes que reciben las pastillas se están sometiendo a ciertos tipos de quimioterapia o acaban de recibir un trasplante de órganos.

En la Universidad Johns Hopkins, los empleados se están apresurando para desarrollar algoritmos que ayuden a repartir los tratamientos escasos, comentó Kelly Gebo, especialista en enfermedades infecciosas y epidemiología. Para agravar el problema de la escasez, los trabajadores se están enfermando, lo cual está dificultando más la implementación de tratamientos de uso intensivo de recursos como los anticuerpos monoclonales.

“Como profesionales de la salud, es desmoralizante cuando no podemos dar una atención óptima porque tenemos recursos limitados”, admitió Gebo.

© 2022 The New York Times Company

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