Por qué Medio Oriente puede ser la región más afectada por el triunfo de Biden

Ricard González
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BARCELONA.- Después de China y la península de Corea, Medio Oriente es probablemente la región del mundo en la que la presidencia Trump habrá dejado una huella más profunda en la política exterior de Estados Unidos. El inefable presidente aplicó una política de retirada de la región, dejando un vacío que aprovechó la Rusia de Putin, y que incluyó un giro radical en el enfoque hacia Irán, y una profundización de las alianzas de Washington con países como Israel, Arabia Saudita o Egipto. Muchas de estas políticas no contaban con un consenso bipartidista, por lo que es de esperar que Joe Biden aplicará un viraje. Ahora queda por ver de cuántos grados será.

Sin duda, la mayor distancia entre ambas administraciones se halla en la política hacia Irán. Biden apuesta por reintegrar el acuerdo nuclear firmado por Barack Obama, y del que Trump se retiró en 2016. Sin embargo, no le será fácil. Teherán demandará compensaciones por las astronómicas pérdidas económicas causadas por las robustas sanciones de Trump.

El presidente Donald Trump junto al premier israelí Benjamin Netanyahu
Fuente: Archivo

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Además, si el Senado continúa a manos de los republicanos, se opondrá a la medida, como también lo harán los aliados tradicionales en la zona, Israel y Arabia Saudita. Si a todo ello añadimos que la República Islámica celebrará elecciones a mediados de 2021, a corto plazo el cambio se podría limitar a la retirada de algunas de las sanciones, todo un alivio para la asfixiada economía iraní.

Quizás el líder mundial que ha sufrido un mayor golpe con la derrota de Trump sea el "premier" israelí, Benyamin Netanyahu, que lo había definido como "el mejor amigo de Israel en la Casa Blanca". No obstante, Biden siempre se ha alineado detrás de la política pro-israelí de Washington, y no apoyará utilizar los más de 1200 millones de dólares anuales de ayuda a Tel Aviv para forzar concesiones hacia los palestinos, como sí prometía el candidato Sanders. De hecho, Biden aplaudió los acuerdos de normalización con Israel de Emiratos y Bahréin.

Limar las aristas de la política de Trump implicará reabrir la delegación palestina en Washington, volver a donar ayuda a los instituciones palestinas y apoyar negociaciones basadas en los parámetros clásicos de la solución de los dos Estados. Ahora bien, Biden no impugnará las dos principales decisiones de Trump: el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén o el reconocimiento de la soberanía israelí en los Altos del Golán. Es decir, el retorno a un status quo diplomático que se ha revelado incapaz de resolver el conflicto durante las últimas tres décadas.

En los conflictos aramados de Siria y Libia, el enfoque de Biden estará marcado por la continuidad. En Libia, redoblará el apoyo a la vía política patrocinada por la ONU. En Siria, el presidente-electo ha afirmado que mantendrá las tropas destacadas en el norte del país. También mantendrá las sanciones económicas al régimen de Al-Assad que dificultan su reconstrucción. Si acaso, el principal cambio será un apoyo más decidido a las milicias kurdas, todo un revés para el presidente turco, Recep Tayip Erdogan, al que Biden trata de "autócrata".

Precisamente, ese será uno de los principales cambios respecto a la era Trump: la promoción de los derechos humanos volverá a la agenda de la política exterior estadounidense. Como siempre, claro, que no toquen "intereses nacionales" sensibles. Ello representa malas noticias para los regímenes de Egipto y Arabia Saudí, uno de los últimos países en felicitar a Biden por su victoria.

El mariscal egipcio Al-Sisi, al que Trump definió como "mi dictador favorito", puede enfrentarse a una congelación de parte de la ingente ayuda anual estadounidense (más de 1000 millones de dólares). Si la UE aúna esfuerzos con Washington, El Cairo se podría ver obligada a moderar su draconiana represión de la oposición, que se ha saldado con el arresto o la muerte de miles de personas.

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El futuro presidente se mostró muy crítico con el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, que la CIA atribuyó con un alto grado de probabilidad al príncipe heredero, Mohamed Ben Salman. Sin duda, se enfriarán las relaciones con Arabia Saudita y quizás también con Emiratos Árabes Unidos, lo que podría resultar en un empujón hacia una resolución negociada de la guerra en Yemen siempre y cuando los rebeldes houthies muestran una cierta flexibildiad. Si la hay, la presión de Washington podría llevar a algunos cambios dentro de los países del Golfo hacia una mayor apertura, pero poco más.

Y es que, para Biden, la prioridad será controlar la pandemia y relanzar la economía de Estados Unidos. En general, su política exterior será comedida, sin grandes aspiraciones. Al fin y al cabo, se presentó a la ciudadanía con una plataforma centrista.