Hartos de los robos violentos, quieren contraatacar pero tienen las manos atadas

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En una ocasión, un cliente pisoteó la cara de un guardia de seguridad privada. En otra, una mujer se prendió fuego dentro de una tienda. Hubo otra persona que bebió gasolina y una más que blandió un hacha. Un comprador intoxicado le lanzó latas de sopa a un trabajador. Un ladrón de supermercados le dio dos puñetazos en la cabeza a un gerente del turno nocturno y luego le disparó en el pecho.

Un fotograma sin fecha de un video compartido con The New York Times muestra a un cliente lanzándole artículos de los anaqueles a un trabajador agachado. (Vía The New York Times)
Un fotograma sin fecha de un video compartido con The New York Times muestra a un cliente lanzándole artículos de los anaqueles a un trabajador agachado. (Vía The New York Times)

También hubo un tiroteo en el que murieron diez personas, entre ellas tres trabajadores, en el supermercado King Soopers de Boulder, Colorado, en marzo de 2021. Otro tiroteo dejó a otras diez personas muertas en un supermercado de Buffalo, Nueva York, el mes pasado.

En sus 37 años en el sector de la alimentación, aseveró Kim Cordova, presidenta de un sindicato en Colorado, nunca había presenciado el nivel de violencia al que se enfrentan sus miembros en la actualidad.

Por eso, cuando el invierno pasado negoció los contratos de 21.000 trabajadores de la industria alimentaria en Colorado, los temas habituales de salarios y horarios estaban sobre la mesa, pero igual de importante, si no es que más, era la seguridad.

“¿Qué pasó con el COVID-19?”, preguntó Cordova, presidenta de la sección 7 del sindicato United Food and Commercial Workers. “La gente cambió. A veces me pregunto si estoy viviendo en una película de Netflix. Esto no puede ser real”.

El sindicato negoció un contrato que les garantiza a los trabajadores el derecho a defenderse si un cliente los ataca. Se trata de un reconocimiento desalentador no solo de la violencia que asola muchas facetas de la sociedad estadounidense, sino de la creciente negativa de los trabajadores del comercio minorista a seguir poniendo la otra mejilla ante la delincuencia en sus tiendas.

Durante los primeros meses de la pandemia, las tiendas se convirtieron en polvorines de una sociedad extenuada por los cierres, las protestas y la obligatoriedad del cubrebocas. Muchos trabajadores afirman que la tensión persiste (a pesar de que muchas tensiones de la pandemia desaparecen) y que necesitan más protección.

Según un análisis del New York Times de los datos de agresiones de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés), la cantidad de agresiones en muchos establecimientos comerciales ha aumentado a un ritmo más veloz que el promedio nacional de Estados Unidos.

De 2018 a 2020, las agresiones reportadas al FBI por las agencias policiales en general se incrementaron un 42 por ciento; aumentaron un 63 por ciento en las tiendas de comestibles y un 75 por ciento en las tiendas de conveniencia. Las cifras de agresiones pueden fluctuar dependiendo de cuántos departamentos de policía locales y otras agencias de seguridad le informan al FBI, y hubo más departamentos que informaron incidentes en 2020 que en 2018. De los más de 2 millones de agresiones reportadas al FBI por las agencias de aplicación de la ley en todo Estados Unidos en 2020, más de 82,000 (cerca del 4 por ciento) ocurrieron en centros comerciales, tiendas de conveniencia y otros lugares similares.

Según el FBI, el año pasado, más de la mitad de los ataques de tiradores activos (en los que una persona con un arma mata, o intenta matar, a otras en una zona concurrida) se produjeron en establecimientos comerciales, incluidas las tiendas.

“La violencia en los comercios y sus alrededores está aumentando, y es preocupante”, señaló Jason Straczewski, vicepresidente de relaciones gubernamentales y asuntos políticos de la Federación Nacional de Minoristas.

El seguimiento de los robos en comercios es más difícil porque muchos fiscales y minoristas rara vez presentan cargos; sin embargo, algunos políticos han aprovechado los videos virales de robos descarados en tiendas para tachar a los dirigentes municipales de izquierda de ser blandos con la delincuencia. Otros acusaron al sector de exagerar las pérdidas y advirtieron que los robos se utilizan como pretexto para posponer las reformas a la justicia penal.

Un fotograma sin fecha de un video adquirido por The New York Times muestra a dos clientes, de pie, amenazando y agrediendo a otra clienta. Los rostros fueron oscurecidos para proteger la privacidad de las personas. (Vía The New York Times)
Un fotograma sin fecha de un video adquirido por The New York Times muestra a dos clientes, de pie, amenazando y agrediendo a otra clienta. Los rostros fueron oscurecidos para proteger la privacidad de las personas. (Vía The New York Times)

“Estos delitos deben tomarse en serio, pero también se están convirtiendo en un arma de cara a las elecciones de mitad de mandato”, comentó Jonathan Simon, profesor de justicia penal en la Facultad de Derecho de la Universidad de California, Berkeley.

Mientras el debate político gira en torno a la magnitud de la delincuencia y sus causas, muchos de los trabajadores de las tiendas dicen que los minoristas han sido demasiado permisivos con la delincuencia, sobre todo con los robos. Algunos trabajadores quieren que haya más guardias de seguridad armados que puedan desempeñar un papel activo en la detención de los robos, y quieren que más tiendas prohíban para siempre el acceso a los clientes que han sido revoltosos o violentos, así como las aerolíneas han adoptado una política dura con los pasajeros indisciplinados.

Los trabajadores de las tiendas han empezado a grabar con su teléfono los episodios de violencia, ya sea contra los trabajadores u otros clientes, con la finalidad de llamar la atención sobre el problema. Una persona que pidió el anonimato por miedo a las represalias de los empresarios compartió con el Times una selección de videos.

Escasez de personal y otros detonantes

Las tiendas, por su propio diseño, pueden ser un sumidero para los desafíos más graves de la sociedad, como la falta de vivienda y la violencia armada, y hasta que no se resuelvan esos problemas de manera más generalizada, será difícil reforzar los espacios en los que se anima al público a deambular y comprar con libertad.

En muchos sentidos, el delito también es un subproducto del modelo de negocio del minorista moderno, que acomoda los productos al aire libre en una tienda espaciosa para atraer a los compradores y que compren más. Los trabajadores aseguran que la escasez de personal y el aumento de la automatización han impulsado los beneficios, pero facilitan el florecimiento de la delincuencia.

“Estos delincuentes se sienten dueños de la tienda”, dijo Tony Settles, quien trabaja en un supermercado Safeway en el centro de Denver. “Lo primero que puede arreglar esto es que se les haga responsables”.

Hace poco, Settles, de 60 años, le gritó a un hombre que se había saltado el mostrador de atención al cliente y había robado cajetillas de cigarrillos. El hombre lo insultó y luego salió del supermercado sin que nadie se lo impidiera.

Los trabajadores suelen perder su trabajo si intentan detener o enfrentarse físicamente a un ladrón, una política que tiene la finalidad de protegerlos de cualquier daño, pero que parece invitar a la delincuencia, señaló Settles, quien forma parte de la mesa directiva de la sección 7 y ha intentado alertar sobre la seguridad de los trabajadores y ejercer presión para que haya más seguridad.

“Si atrapan a un trabajador robando un chocolate, lo despiden”, comentó Settles, quien lleva 40 años trabajando en la industria alimentaria. “Pero hay ladrones que vienen aquí y roban un carrito lleno de detergente Tide. Se van y les pedimos que no vuelvan, pero regresan unos días después”.

En un comunicado, Safeway aseveró: “Proteger a nuestros asociados y clientes es nuestra prioridad. Por esa razón, solo permitimos que el personal de la tienda y los profesionales de la seguridad con una formación especial se acerquen a un presunto ladrón”.

El comunicado añadía: “Aunque los actos de violencia han aumentado en todo el país, colaboramos muy de cerca con los departamentos de policía para mitigar y hacer frente a cualquier amenaza de violencia que pueda producirse en nuestras tiendas y sus alrededores”. La empresa también proporciona formación a los asociados diseñada para proteger su seguridad, incluida la capacitación sobre tiradores activos.

Algunos sindicatos exigen que los minoristas hagan adaptaciones oficiales para los trabajadores que sienten ansiedad al trabajar con el público, buscándoles funciones en la tienda en las que no interactúen con los clientes de manera habitual.

“Mis miembros son blanco fácil”, afirmó Cordova.

Kyong Barry, gerenta de un Safeway en Auburn, Washington, no tiene reparos en enfrentarse a un cliente maleducado, pero teme profundamente verse envuelta en un tiroteo masivo como el ocurrido en Buffalo el mes pasado.

“Mucha gente está enojada y frustrada y se desquita con los trabajadores”, dijo Barry. “En estos momentos, las personas están muy susceptibles. Hay algo en el aire. Es raro”.

Barry cree que el enfoque de no intervención en los robos de las tiendas está provocando un problema más amplio. Barry, de 59 años, quien lleva más de 20 años trabajando en el sector de la alimentación y es miembro del sindicato UFCW sección 3000, señaló que hace poco se dio cuenta de que los clientes habituales salían por la puerta sin pagar los artículos.

“Es como una enfermedad”, dijo. “Cuando no hay consecuencias, algunos piensan: ¿Por qué tengo que pagar si otros no lo hacen?”.

Las penas por robo en comercios se han suavizado en las últimas décadas, en parte para reducir los índices de encarcelamiento. En la actualidad, muchos estados tienen un límite inferior por el delito de robo de mil dólares o más, por lo que, aunque una tienda denuncie un caso de hurto, es probable que algunos departamentos de policía no lo consideren prioritario.

Los minoristas han intentado imponer sanciones civiles a los ladrones, básicamente amenazando con demandarlos para cubrir el valor de la mercancía robada, pero grandes empresas como Walmart abandonaron esa práctica después de que se reveló que los minoristas estaban acosando a los clientes con acusaciones falsas.

Todos los hacen

Este sector afirma que está centrando gran parte de sus acciones en detener las redes organizadas de ladrones que revenden los artículos robados en internet o en la calle. Señalan casos importantes como la acusación reciente de decenas de personas acusadas de robar millones de dólares en mercancía de tiendas como Sephora, Bloomingdale’s y CVS.

No obstante, no está claro el grado de organización delincuencial. Matthew Fernández, de 49 años, quien trabaja en un King Soopers de Broomfield, Colorado, dijo que se quedó atónito cuando vio a un ladrón salir con un carrito lleno de maquillaje, detergente para la ropa y carne, y marcharse en una camioneta Mercedes-Benz todoterreno.

“Los que crees que van a robar no son los que roban”, afirmó. “Lo hacen todos, desde la clase alta hasta la baja”.

© 2022 The New York Times Company

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