A medida que la ómicron se propaga y los casos se disparan, los no vacunados continúan con su actitud desafiante

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Un grupo de personas esperan en un centro de vacunación contra el COVID-19 en Alton, Texas, el 9 de junio de 2021. (Veronica G. Cardenas/The New York Times)
Un grupo de personas esperan en un centro de vacunación contra el COVID-19 en Alton, Texas, el 9 de junio de 2021. (Veronica G. Cardenas/The New York Times)

CLEVELAND— Debido a una nueva variante del coronavirus que se está propagando rápidamente por todo el país, los hospitales de Ohio que se están quedando sin suficientes camas y personal publicaron hace pocos días un anuncio de página completa en un periódico en el que le rogaban a los estadounidenses no vacunados que se vacunaran. Decía, simplemente: “Ayuda”.

Pero en un café de los suburbios de Ohio, Jackie Rogers, una contadora de 58 años, ofreció una respuesta igual de concisa en nombre de los Estados Unidos no vacunados: “Jamás”.

En el año que ha pasado desde que comenzaron a aplicarse las primeras inyecciones, la oposición a las vacunas pasó del escepticismo y la cautela a algo parecido a un artículo de fe para los aproximadamente 39 millones de adultos estadounidenses que aún no han recibido ni una sola dosis.

Ahora, los expertos en salud afirman que cerca del 15 por ciento de la población adulta que tercamente sigue sin vacunarse tiene el mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave y morir por la variante ómicron, además de saturar los hospitales que ya están repletos de pacientes con COVID-19. En Cleveland, donde los casos de ómicron están aumentando, una unidad médica de la Clínica Cleveland que brinda soporte vital a los pacientes más enfermos ya está repleta.

Para agravar el problema, el ritmo de la aplicación de primeras vacunas parece haberse estancado este mes, incluso ante el afianzamiento de la ómicron, y el número de niños que se vacunan y de adultos elegibles que reciben dosis de refuerzo es más bajo de lo que algunos expertos en salud esperaban. Alrededor del 20 por ciento de los niños entre 5 y 11 años han recibido una dosis de la vacuna. Solo alrededor de 1 de cada 3 estadounidenses completamente vacunados se han aplicado una dosis de refuerzo.

Todavía es muy pronto como para saber si el incremento de las infecciones por la variante ómicron en Nueva York, el resto del noreste y el medio oeste del país producirá un aumento en las hospitalizaciones y muertes. Los estudios preliminares sugieren que la nueva variante podría causar una enfermedad menos grave que la de las variantes anteriores.

Pero hasta ahora, la amenaza de la ómicron no está haciendo mucho para cambiar la opinión de las personas. Casi el 90 por ciento de los adultos no vacunados dijo que la nueva variante no los impulsaría a vacunarse, según una encuesta reciente de la Kaiser Family Foundation.

Un letrero de vacunas contra el COVID-19 en Boston, el 21 de diciembre de 2021. (M. Scott Brauer/The New York Times)
Un letrero de vacunas contra el COVID-19 en Boston, el 21 de diciembre de 2021. (M. Scott Brauer/The New York Times)

Además, algunos de los no vacunados afirmaron que la capacidad de la ómicron de infectar a las personas vacunadas solo había reafirmado su decisión de no recibir la vacuna. Otros dijeron que la naturaleza cambiante del virus había afianzado su resolución de no vacunarse.

“Es solo otra variante”, dijo Dianne Putnam, una residente no vacunada de Dalton, Georgia, y presidenta del Partido Republicano en su condado, quien pasó seis días en el hospital este verano tras contraer COVID-19. “El año que viene habrá otra. Siempre habrá diferentes variantes”.

Las campañas de salud pública y los mandatos de vacunación para los empleados han logrado desde el verano reducir el grupo de los indecisos no vacunados, las personas sin fácil acceso a la atención médica y aquellos con dudas pero persuasibles.

El grupo restante de estadounidenses no vacunados que se oponen con firmeza a recibir una vacuna tienden a ser más jóvenes, más blancos y más republicanos que aquellos que han recibido la vacuna o que siguen considerando una, según muestran las encuestas.

Desde que se detectó por primera vez la variante ómicron en diciembre en Estados Unidos, se han aplicado al menos 6 millones de primeras dosis. Pero esas cifras vienen con una advertencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades: las dosis de refuerzo a veces pueden ser clasificadas por error como primeras dosis, lo que podría generar un conteo inflado de cuántos estadounidenses han recibido su primera inyección.

Las vacunas de refuerzo, que en la actualidad son la preocupación de muchos funcionarios de salud estatales y federales, han constituido una gran parte de las casi 1,5 millones de dosis administradas cada día en todo el país durante las últimas semanas. La tasa de primeras dosis administradas fue similarmente lenta a finales del verano, cuando se aplicaron unas 300.000 dosis por día. Esa tasa cayó aún más antes de que los entes reguladores autorizaran la vacuna Pfizer-BioNTech para niños pequeños en octubre, cuando la tasa de primeras dosis comenzó a crecer de nuevo.

El número de adultos vacunados ha crecido de manera constante desde hace seis meses, cuando cerca de 170 millones habían recibido una primera dosis. Para el sábado 25 de diciembre, 220 millones se habían vacunado, un incremento impulsado en parte por los mandatos.

Las bajas tasas de vacunación siguen muy concentradas en las áreas rurales y en el sur, con Luisiana, Misisipi, Georgia, Arkansas y Alabama en los últimos lugares. Esos estados han registrado a alrededor de la mitad de su población como completamente vacunada, muy por debajo de la tasa nacional de cerca del 62 por ciento.

En entrevistas realizadas en todo el país, las personas no vacunadas afirmaron haberse acostumbrado a los mensajes de salud pública de médicos y enfermeros agotados e incluso a las súplicas de sus propias familias, mientras las vacunas siguen atrapadas en la situación política del país. Aunque se ha demostrado que exigir la vacuna incrementa de forma significativa las tasas de vacunación en los lugares y empresas que han instaurado esa norma, dijeron que estaban en contra de los esfuerzos del presidente Joe Biden y habían ignorado sus llamamientos de que los estadounidenses debían vacunarse como un deber patriótico.

“La gota que derramó el vaso fue cuando dijeron que había que vacunarse. Eso definitivamente me alejó”, dijo Cyrarra Bricker, representante de ventas de 26 años en Fort Worth, Texas.

Estados Unidos continúa viendo una marcada división partidista en las tasas de vacunación, en la que más del 91 por ciento de los demócratas adultos se ha aplicado al menos una dosis, en comparación con aproximadamente el 60 por ciento de los republicanos adultos.

Durante la semana pasada, el expresidente Donald Trump realizó dos respaldos rotundos de las vacunas que muchos de sus partidarios han rechazado, lo que atrajo elogios de Biden.

En un evento en Dallas el domingo pasado, alegó que vacunarse era una manera de ayudar a demostrar que las tres vacunas, que se desarrollaron mientras estaba en la presidencia, fueron uno de sus grandes logros. Trump también promovió las vacunas en una entrevista en video publicada la semana pasada por The Daily Wire, un sitio web conservador, mientras que al mismo tiempo rechazó la idea de exigirlas.

“Hay que eliminar esos mandatos; la gente tiene que tener su libertad”, dijo Trump. “Pero al mismo tiempo, hay que decir que la vacuna es uno de los mayores logros de la humanidad”.

José R. Romero, secretario de salud de Arkansas, dijo que la tasa de vacunación de su estado, que apenas se ha modificado, reflejaba cuán profunda era la oposición a la vacuna entre los que quedaban por convencer.

“Desafortunadamente, no podemos decir que hayamos logrado identificar una sola cosa que haya cambiado la tendencia en gran medida”, dijo Romero. “Solo nos queda seguir y seguir trabajando, por muy lento que sea el avance. Es como si fuéramos un ratón que se come un elefante poco a poco. Lo único que podemos hacer es seguir y seguir mordiendo”.

En Washington, mientras la Corte Suprema se prepara para escuchar argumentos en contra de los mandatos de obligatoriedad de vacunas del gobierno de Biden, los funcionarios de la Casa Blanca se están quedando sin políticas que aplicar. Exigirles la vacuna a los pasajeros de vuelos nacionales es una de las pocas herramientas que aún están a disposición de Biden y que podría aumentar de manera significativa la cantidad de personas vacunadas. Sin embargo, el gobierno no tiene planes de seguir esa estrategia por ahora, dijeron altos funcionarios.

“¿Pura persuasión? Creo que nos hemos quedado sin opciones”, dijo Anthony Fauci, asesor médico principal de Biden.

Sin embargo, Fauci afirmó que todavía había algunos destellos de esperanza. Algunas personas temerosas de la variante ómicron decidirán finalmente vacunarse. Y los estadounidenses no vacunados, dijo, todavía no conformaban un grupo unidimensional. Algunos quizás necesitaban sencillamente ver más datos sobre la seguridad de la vacuna, dijo.

Al igual que otros expertos en salud pública, Fauci afirmó que un sistema de pasaporte de vacunación federal podría ser otro recurso. Si más empresas y organizaciones pidieran esos pasaportes bajo ese tipo de programa, dijo, “muchas personas se darían cuenta de lo poco conveniente que es no vacunarse y podrían terminar accediendo a las dosis”.

© 2021 The New York Times Company

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